Gestión, alianzas y reelección: la estrategia PRO para retener la Ciudad

Con la candidatura de Jorge Macri confirmada para 2027 y la decisión de competir en coalición, el oficialismo porteño sopesa una alianza con La Libertad Avanza para retener la Capital, sin descartar un acercamiento con antiguos aliados si fracasa la unidad.

25 de julio, 2026 | 20.45

A falta de un esquema electoral cerrado para 2027, en la Ciudad de Buenos Aires las únicas certezas que maneja el oficialismo porteño son la candidatura de Jorge Macri para ir por su reelección y su decisión de hacerlo en el marco de una coalición. Esta semana, el propio jefe de Gobierno no descartó un entendimiento con La Libertad Avanza, una opción que aparece como la más lógica por el ordenamiento del electorado, la migración de votos y el antecedente exitoso de las últimas legislativas. Sin embargo, tampoco se descarta un escenario de división que termine forzando un acercamiento con sus antiguos socios de la centro derecha.

El escenario de 2025 dejó algunas enseñanzas: cuando el PRO y La Libertad Avanza fueron por separado, sacaron 16 y 30 puntos respectivamente; en cambio, cuando lo hicieron en unidad, alcanzaron el 51%. Se trata de un número muy similar al que el PRO había obtenido en elecciones previas en el marco de otras coaliciones, lo que da a entender que, si la centro-derecha concurre unida, está en condiciones de sostener su caudal de votos histórico.

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Imagen, candidaturas y las caras del futuro

En la Capital, Javier Milei mide más que el propio gobierno libertario, mientras que Jorge Macri mide un poco menos que la gestión local. Como en territorio porteño la imagen de la administración capitalina está mejor ubicada que la nacional, el jefe de Gobierno se encuentra en una posición competitiva pero necesita de un modelo nacional en el que referenciarse. Además, en el PRO no se ve otro candidato que pueda medir mejor que él —ni siquiera María Eugenia Vidal—. Para la renovación todavía hay que esperar algunos años, aunque ya hay perfiles que asoman para la próxima etapa, como el diputado Martín Yeza, su par Daiana Fernández Molero, el ministro de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad, Gabriel Mraida, y las legisladoras porteñas Silvia Lospennato y Rocío Figueroa.

En Uspallata reina la convicción de que la gestión está mucho más asentada que en la primera mitad del mandato y que tanto Jorge Macri como el PRO están bien posicionados para disputar la reelección. Los factores que sostienen este panorama son varios: el paso del tiempo acomodó la dinámica interna de la administración; los indicadores sociales son positivos; el candidato libertario que les ganó en 2025 (Manuel Adorni) ya no está en el tablero local y la dirigente que podría plantear una confrontación seria no muestra interés en la CABA mientras libra su propia interna con Karina Milei: Patricia Bullrich.

El bullrichismo no descarta que la senadora pueda desembarcar en la Ciudad, pero ella no mostró ningún entusiasmo por hacerlo. Aseguran que todo dependerá de cómo llegue el gobierno al 2027, de si Macri podrá romper el techo de 22 puntos y de si el larretismo se unirá al peronismo. A diferencia de esta lectura, la administración porteña considera que Jorge está más arriba en las encuestas.

Mauricio Macri es otro de los factores determinantes. Con un perfil mucho más activo que en elecciones anteriores, el jefe del PRO coquetea con una candidatura presidencial que le permita, desde los 6 u 8 puntos que pueda medir, negociar con el Poder Ejecutivo Nacional y llevar la marca hacia una discusión que salga de los límites porteños, descomprimiendo la gestión local y dándole mayor holgura a su primo.

Eso no quita que los libertarios confronten con el PRO en la Ciudad. Esta semana, con la discusión por los aranceles a migrantes, los violetas acusaron al oficialismo porteño de ser una copia de su agenda. Lejos de asustar, esa discusión fue vista como positiva desde la administración porteña, no solo porque retroalimenta el debate, sino porque el PRO conserva el atributo de la gestión para concretar las medidas. En el peor de los casos, esa pelea les permite consolidarse con un perfil afín al electorado de derecha, pero sosteniendo un diferencial claro: el Estado presente. Si los amarillos todavía retienen al votante bienpensante de la Ciudad, el objetivo es recuperar al que está más volcado a la derecha y viró hacia una opción libertaria. Casi por una cuestión lógica, pero también parte de una división de tareas, Jorge está concentrado en el anuncio de obras y la gestión del orden, mientras que el resto de los funcionarios amplía el discurso y el universo de votantes.

Los pilares del oficialismo

El gobierno maneja excelentes indicadores en áreas clave. La seguridad se afianzó a partir de variables que van más allá de la presencia policial e incluye los desalojos de viviendas y manteros. Aseguran que esta política encuentra un amplio nivel de aceptación entre propietarios, vecinos e inquilinos de la Ciudad. Estas medidas se complementan con la agenda del metro cuadrado, uno de los puntos más valorados en lo que respecta al espacio público, la mejora en el sistema de residuos y la prestación de servicios como la educación y la salud pública.

En esa línea, las políticas vinculadas a las personas en situación de calle son señaladas como un aspecto central para la convivencia urbana. Por eso, y convencidos de que son exitosas, no creen que pueda ser un obstáculo para un armado común con los libertarios. Con alrededor de 20 mil ciudadanos en esta condición —13 mil con subsidio habitacional y 5 mil en paradores—, el Gobierno porteño apuesta a avanzar con la apertura de casas con horarios más flexibles, con asistencia médica y social, para alcanzar a las cerca de dos mil personas en situación de calle que están por fuera de ese sistema de asistencia estatal. Cuentan que este tipo de acciones le valió a la administración de la CABA más críticas por derecha que por izquierda, en un contexto donde Jorge Macri cuestionó a las organizaciones religiosas que brindan asistencia alimentaria, al entender que se trata de una ayuda temporal que debería canalizarse hacia los dispositivos oficiales para ofrecer una respuesta integral.