La ex esposa de Oscar Centeno, Hilda Horovitz, declaró como testigo este martes en los tribunales de Comodoro Py en el juicio de los Cuadernos y confirmó que vio los anotadores que escribía su ex marido aunque dijo no haberlos leídos. Por ejemplo, al ser consultada si al hojearlos vio tachaduras o intervenciones respondió no recordarlo y enfatizó que no conocía su contenido al detalle. Antes de descompensarse, por lo que tuvo que suspenderse la audiencia hasta el próximo jueves, afirmó que Centeno la maltrataba; que le contó cómo se colocaban fajos de billetes en bolsos; que conocía al expolicía acusado de adulterar los anotadores, Jorge Bacigalupo -quien se reunía a solas con Centeno-; que le entregó documentación a la ex secretaria de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, que esta nunca le devolvió; que se reunió con el fiscal Carlos Stornelli -cuando no hay encuentros registrados entre ambos en la causa-; y quedó expuesta por mensajes extorsivos a quien fue el N° 2 de Roberto Baratta. También resaltó que ofició como “testaferro” de Centeno para la compra de un vehículo: “Usó mi nombre para muchas cosas”, señaló.
Alrededor de las 9:30, Horovitz comenzó su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 7 (TOF) en el que mencionó que los cuadernos estaban escondidos en su ropero y que el ex chofer realizaba las anotaciones por miedo a quedarse sin trabajo. "Los cuadernos sí los vi. Estaban en el armario del dormitorio y ahí tenía todo: los cuadernos, las libretas, las carpetas de los autos, las casas. Él (Centeno) registraba todo por si alguna vez, cuando terminara la gestión y lo dejaban sin trabajo", declaró. También, contó que su exmarido solía tomar bastante alcohol los fines de semana y que en una ocasión le describió cómo se acomodaban los fajos de billetes dentro de un bolso y que se quejaba por recibir "migajas" en relación a lo recaudado.
Paralelamente, aseguró durante un viaje de Centeno a Salta, aprovechó para fotocopiar los papeles de los vehículos y propiedades que eran del ex militar y se los entregó a la ex secretaria de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, para que los cuidara, sin embargo, la mujer nunca más los devolvió. Dijo que la contactó por intermedio de su hijo, que trabajaba con ella.
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Durante su testimonial afirmó haber sido usada como testaferro durante los años que convivieron, entre el 2006 y el 2016, y explicó que Centeno compraba propiedades y vehículos, y que después la llevaba a firmar los formularios de transferencia automotor. Confirmó que figuró como la titular de un Peugeot 408, que en los hechos pertenecía a Centeno, con el fin de encubrir su patrimonio y detalló la compra en efectivo y en dólares de un departamento y la adquisición de varios autos Toyota que, posteriormente, fueron puestos a trabajar dentro del propio Ministerio de Planificación.
En otro pasaje de su declaración, aclaró que su verdadera intención inicial, cuando realizó la denuncia el 1° de noviembre de 2017, no fue por despecho, sino para buscar protección judicial y poder dejar registro de las golpizas que recibía de parte de Centeno. Ante este escenario, desde las defensas le preguntaron por qué decidió acudir a declarar en el marco de la causa GNL donde Centeno no estaba ni imputado. No pudo dar una respuesta. Respondió que sabía que allí la podían escuchar.
Por otro lado, narró que el ex policía Bacigalupo -el sargento retirado de la Policía Federal acusado de adulterar los cuadernos- se reunía con Centeno a solas en su casa. Contó que los dejaba solos y no sabía de qué hablaban. La testigo se terminó descompensando cuando la fiscalía le mostró sucesivos chats de tinte extorsivo hacia Baratta. Se puso a llorar y decidieron llamar al SAME. En ese momento, el TOF resolvió suspender la audiencia y retomar el testimonio el próximo jueves.
Con información de Noticias Argentinas
