La etapa que viene pos COVID: arraigo e integración

07 de julio, 2021 | 20.12

El mundo entero enfrenta, hace más de un año y medio, una pandemia sin tregua. En este tiempo, ha quedado demostrado el trascendente rol de los Estados para atender la crisis sanitaria, así como paliar sus consecuencias sociales y económicas. En el caso de Argentina y, particularmente de la Provincia de Buenos Aires, la emergencia por coronavirus se desató en un escenario adverso, con serios problemas y dificultades agravados por la gestión de Cambiemos.

Desde marzo de 2020, la gestión nacional y provincial se abocaron a administrar recursos para acondicionar el sistema de salud, postergado y con graves falencias, generando una transformación en tiempo récord y sin precedentes. Firme es la convicción de que resulta prioritario continuar con la inversión sanitaria en cada rincón de nuestra Patria, especialmente porque la pandemia dejó al descubierto las desigualdades según la ubicación geográfica. Estas asimetrías promueven migraciones desde el interior de nuestro país hacia las capitales y desde el interior bonaerense hacia el conurbano, en la búsqueda de ampliar los horizontes de oportunidades, de un lugar mejor para vivir y del ejercicio de derechos básicos como el trabajo, la educación, la justicia, la conectividad y la salud.

Se trata de cuestiones fundamentales que deben ser aseguradas por el Estado. Su realización asegura el mejoramiento de la vida individual, la armonización de los intereses sociales y la realización de nuestra comunidad. Sin embargo, no están garantizadas por igual en todo los puntos de la Provincia: mientras que en el conurbano bonaerense se concentra la mayor parte del todo, incluido los problemas más agudos y urgentes, en el 90% restante del territorio sólo vive un tercio de la población. Históricamente, esta concentración condujo a que las políticas públicas y los recursos se orientaran mayoritariamente a esta zona, postergando al interior, profundizando el desarraigo y apuntalando la aglomeración.

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Es innegable todo lo que se ha hecho en el último tiempo para revertir estas injusticias, con muchísimo esfuerzo y demostrando una gran capacidad de gestión sanitaria en medio de la emergencia. Así, el Gobierno Provincial ha iniciado una profunda transformación que marcó una ruptura en la historia de nuestra Provincia y que debe llenarnos de orgullo. La dedicación y la entrega de los/as trabajadores/as de la salud, en conjunto con la dirección de los ministerios y del esfuerzo de nuestra comunidad para enfrentar esta pandemia se observa hoy en cada centro de vacunación, donde anida la esperanza. El tiempo que viene será el de profundizar estos avances con un proyecto de país federal en donde todas las localidades tengan los mismos derechos sin importar ubicación o cantidad de población.

Justamente, con esa vocación, el Senado bonaerense le dio media sanción a un proyecto de ley orientado a crear el Programa de Atención Integral de la Salud en Pequeñas Localidades. Con esta iniciativa buscamos asegurar el derecho a la salud en poblados con menos de cinco mil habitantes a través de cuerpos itinerantes y permanentes de los profesionales que se requieran en coordinación con los médicos residentes de dichas zonas orientados a la Medicina General Integral. Pretendemos, así, tender a la resolución de los problemas sanitarios de las comunidades; desarrollar un plan integral de prevención, detección temprana y atención de la salud; generar un vínculo de atención personalizada; promover la tarea de los/as médicos/as residentes para que realicen sus trabajos de rotación final en las localidades; así como diseñar y ejecutar programas sanitarios.

En sintonía con la necesidad de reformular, de manera integral, el sistema de salud es que priorizamos la atención local de las personas con consultas de rutina o menor gravedad, evitando gastos de traslado y saturación de los hospitales en las ciudades más grandes. La hora demanda grandes transformaciones en clave de arraigo, bajo los preceptos de una política sanitaria comunitaria y territorial tal como la que enseñaba el Doctor Ramón Carrillo -quien fue iniciador de la Medicina Social y promotor del proceso de sanidad comunitaria y territorial durante el gobierno de Juan Domingo Perón, creando centros de salud preventivos e incorporando en la Constitución de 1949 el concepto de Salud Pública como obligación del Estado-. Entendiendo a la salud como una condición física, espiritual y social, Carrillo consideraba que, mientras no hubiera una buena organización social en el país, los enfermos pobres estarían más expuestos a la enfermedad. Desde su perspectiva, ciertas enfermedades se desencadenan en las poblaciones de clases sociales no pudientes. Estos factores que él identificaba son las mismas problemáticas que enfrentamos hoy: la alimentación deficiente e insuficiente, la vivienda insalubre, la ignorancia sanitaria, el trabajo precario, la pobreza y los bajos salarios que son generadores de enfermedad, como los microbios mismos.

Estas problemáticas se multiplican con el desarraigo y por eso la importancia de la descentralización sanitaria. Como legisladores del campo popular debemos entender que el Estado debe estar en cada rincón de la Provincia ya que, y volviendo a citar a Ramón Carrillo, “los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría”.

Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Por eso la tarea de la etapa que viene es asegurar la ciudadanía en cada rincón de la Patria, integrando a los pequeños territorios y localidades en un proyecto federal con justicia social, independencia económica y soberanía política.

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Francisco Durañona

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