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El ex presidente de Brasil, Luiz Ignácio Lula da Silva posteó hoy en su página oficial, una carta que el Papa Francisco le escribió y en la que se solidariza por su situación individual, en el marco de la persecución política que lo colocó en la cárcel, y también se solidariza por la pérdida reciente de familiares como su mujer y su nieto. La carta fue publicada por la periodista Mónica Bergamo.

La carta, traducida:

Estimado Luiz Inacio,

Recibí su cuidadosa carta del pasado 29 de marzo, con la que, además de agradecer mi contribución para defender los derechos de los más pobres y desfavorecidos de esa noble nación, me confidenciaba su estado de ánimo y comunica su evaluación sobre el contexto socio-político brasileño , lo que me será de gran utilidad.

Como he señalado en el mensaje para el 52 Día Mundial de la Paz celebrado el pasado 1 de enero, la responsabilidad política constituye un desafío para todos aquellos que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a las personas que habitan en él y de trabajar para crear las condiciones de un futuro digno y justo. Como mis predecesores, estoy convencido de que la política puede convertirse en una forma eminente de caridad, si se aplica en el respeto fundamental por la vida, la libertad y la dignidad de las personas.

En estos días, estamos celebrando la resurrección del señor. El triunfo de Jesucristo sobre la muerte es la esperanza de la humanidad. Su Pascua, su paso de la muerte a la vida, es también nuestra Pascua. Gracias a él, podemos pasar de la oscuridad a la luz, de la esclavitud de ese mundo para la libertad de la tierra prometida. Del pecado que nos separa de Dios y de los hermanos hacia la amistad que nos une a él. De la incredulidad y de la desesperación hacia la alegría serena y profunda de quien cree que, al final, el bien vencerá el mal, la verdad vencerá a la mentira y la salvación vencerá a la condenación.

Tengo presente de las duras pruebas que usted ha vivido últimamente, especialmente de la pérdida de algunos seres queridos, su esposa Marisa Leticia, su hermano Genival Ignacio y, más recientemente, su nieto Arthur de sólo siete años- quiero manifestarle mi cercanía espiritual y alentando pidiendo no desanimar y seguir confiando en Dios.

Al asegurarle mi oración a fin de que, en este tiempo pascual de Júbilo, la luz de Cristo resucitado lo cubra de esperanza, le pido que no deje de rezar por mí.

Que Jesús le bendiga y la Virgen santa le proteja.

Fraternalmente.