Euforia en el Obelisco: una marea humana festejó algo más que el pase a la final del Mundial

El centro neurálgico de la Ciudad de Buenos Aires recibió a miles de argentinos con la celeste y blanca que celebraron la victoria ante un rival con el que nos enfrentan más cosas que una pica futbolística.

15 de julio, 2026 | 23.10

No fue un partido más, ni un festejo más. El Obelisco recibió miles de celebraciones argentinas a lo largo de su historia. Pero el triunfo de Argentina sobre Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026 dio paso al desahogo compuesto por felicidad por el resultado y el pase a otra final; pero por sobre todo, el desahogo de vencer a un país con el que, no solo hay una rivalidad en el campo de juego, sino una historia de defensa de la soberanía de un territorio ante una potencia colonial. Un partido dentro de otro que se juega hace más de doscientos años.

Antes de las 19, el Obelisco estaba rodeado por miles de personas: en sus calles aledañas, en la rejas de su alrededor; arriba de los semáforos y las paradas de metrobús. Una marea con banderas y camisetas de las que emergía un "el que no salta en un inglés", interrumpido por alguna bomba de estruendo y cornetas de fondo. El cielo porteño recibió los juegos artificiales. Los 17 grados no se asemejan a las temperaturas del calor de los festejos del mundial de Catar, pero hay gente sin remera.

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"Es una gran emoción. Vinimos de Neuquén para ver este partido", contó Paola, de 52 años, acompañada por su hija Giuliana de 13, ambas con la cara pintada de celeste y blanco y agradecidas al capitán argentino Lionel Messi. "El mundo del fútbol no le está reconociendo lo que es", acotó la madre, que cree que el diez "siguió la línea de Maradona"

"Fue un partido increíble, remontar los partidos en los últimos nueve minutos. Nunca visto en los mundiales", opinó Guiliana, que afirmó que en la final con España los de Lionel Scaloni "van a jugar con más ganas que hoy".

Una bandera argentina comenzó a desplegarse por Carlos Pellegrini. La parada de metrobús soportaba más de 24 personas. El fernet se vendía a 15 pesos, las camisetas a 25. Algunos se rociaban con espuma. "Ambulancia, ambulancia", cantó un grupito de cuatro. El SAME retiró a una persona en en una camilla de madera y cuello ortopédico. "Se cayó", especulaban alguno. Suerte digna de Mick Jagger.

"Hay una hermandad con Perú, siempre apoyando. Tengo familia acá", dijo Miguel, que es peruano y vive en Argentina, acompañado de su mujer Lady. Él estaba envuelto en la bandera de su país. Un nene juega a la pelota en una de las calles destinada al metrobús. La gente canta "que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar". Un chico y una chica, los dos jóvenes, se subieron arriba de un semáforo. Hubo beso. Los de abajo aplaudieron.

Cuatro jóvenes tenían camisetas argentinas, pero, a diferencia del resto, tenían máscaras de animales antropomorfizados. "Había therians, boludo", le comentó una chica a otra que atestiguó estas presencias. "Es larga la bandera", dijo uno que todavía veía pasar el trapo por Carlos Pellegrini. Las motos pasaban haciendo por entre la marea humana haciendo sonar los escapes.

En el Obelisco, algunos se comenzaban a acordar que hay una final. "El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar", se cantó. Se improvisó un "el que no salta es español". Pasadas las 20.20 se largó un chaparrón. La gente siguió frente al Obelisco.

"Aguante nos sobra. Nosotros estamos curados de espanto. Nacimos para sufrir y vivimos para sufrir", dijo Julio, de 34, que vino con Jacquelina, de 23, a festejar y llevarse unas selfie de recuerdo. Ante Cabo Verde, Egipto y Suiza el equipo hizo sufrir a un país con las definiciones de los partidos. En este también, pero es otro tipo de encuentro.

"Esto es un detalle. Esto es lo que necesitamos y más por esas putas islas que nos vuelven locos. Estamos y vamos a seguir, poniéndole el pecho para todo", expresó Rubén de 53 años, que vino de Formosa.

Después de reducir a la nada la acumulación de defensores del técnico de Inglaterra Thomas Tuchel, los jugadores argentinos mostraron una bandera con la leyenda de "Malvinas Argentinas". Representantes de la Nación, por escándalo más dignos que la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que aceptó la imposición de la FIFA de que los hinchas no lleven banderas con la imagen de las Islas Malvinas. La funcionaria integra el gobierno de Javier Milei, confeso admirador de la ex primer ministra durante la guerra Margaret Thatcher.  El que no salta es un inglés. Difícil saber qué hará este presidente.