Otra rareza de la política argentina: un candidato presidencial declarado, Miguel Ángel Pichetto, sin declinar a su lance, trabaja full time para mejorar las chances en la misma elección de otro dirigente, Roberto Lavagna, que hasta ahora ni siquiera confirmó su postulación. Cosas que pasan.

Ya plenamente adaptado al rol de jefe de campaña informal, Pichetto organiza para la semana entrante un desayuno de trabajo en el que el ex ministro de Economía podrá dialogar, y tomarse las fotos de rigor, con el bloque de senadores justicialistas que él encabeza. Será una forma de darle una pátina de peronismo a una candidatura que en las últimas semanas se inclinó, quizás demasiado, hacia el progresismo blanco.

Ayer, Lavagna anunció la creación de un espacio, Consenso 19, junto al socialismo de Miguel Lifschitz, el GEN de Margarita Stolbizer y los radicales que queden afuera de Cambiemos, lejos del armado de Alternativa Federal. La principal diferencia no es programática sino táctica: el hombre que usa sandalias con medias no quiere someterse a una elección primaria sino consensuar el nombre del candidato presidencial, siempre y cuando ese nombre sea el suyo.

El encuentro del ex ministro con los senadores que responden a Pichetto será el martes o el miércoles, según cómo puedan acomodar su agenda los protagonistas. Habrá más de un ojo avizor midiendo las presencias y ausencias en la cita. Entre los laderos del jefe de bloque están Rodolfo Urtubey y Dalmacio Mera, familiares del gobernador salteño y también precandidato presidencial Juan Manuel Urtubey, cuyo vínculo con Lavagna se tensó últimamente fruto de las voluntades superpuestas. Otro sector de la bancada justicialista, más proclive a una candidatura de unidad que incluya al kirchnerismo y la estructura del PJ, también puso en duda su asistencia.