Prevén una caída de la pobreza, pero se debilita la mejora entre ingresos y canastas

l dato del segundo semestre de 2025 se conocerá esta tarde y mostraría una caída respecto de 2024, aunque con señales de estancamiento frente al primer semestre.

31 de marzo, 2026 | 12.17

Esta tarde el INDEC difundirá los datos de pobreza e indigencia, los cuales siguen siendo medidos con una canasta básica desactualizada que tira los números a la baja. A la espera de la difusión oficial del índice de pobreza correspondiente al segundo semestre de 2025, las proyecciones privadas y los datos parciales disponibles anticipan una nueva baja en el indicador --siemrpe sobre la base de una medición desactualizada--, aunque con un ritmo menor al observado en la primera etapa de la estabilización. La clave, coinciden analistas e informes académicos, está en la relación entre ingresos y el costo de las canastas básicas, que dejó de mostrar la mejora acelerada que caracterizó a 2024.

Tras el salto registrado en el primer semestre de 2024, cuando la pobreza alcanzó el 52,9% en medio del shock inflacionario inicial, producto de la devaluación que aplicó el gobierno de Milei apenas asumió en diciembre de 2023, la corrección posterior fue rápida. El indicador descendió al 38,1% en el segundo semestre de ese año y continuó su baja hasta el 31,6% en la primera mitad de 2025. Sin embargo, los datos más recientes sugieren que ese proceso ingresó en una fase de desaceleración.

El economista Facundo Beltramone, de Fundación Libertad, planteó que “es importante entender qué mide el dato que publica el INDEC”. Según explicó, “la pobreza en Argentina se calcula de manera semestral a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y responde a un criterio de ingresos: mide qué porcentaje de la población no alcanza a cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y, en el caso de la indigencia, la Canasta Básica Alimentaria (CBA)”.

El especialista remarcó que el comportamiento de los alimentos es determinante en la dinámica del indicador. “El comportamiento de alimentos y bebidas es determinante —define la indigencia y tiene fuerte peso en la pobreza—, y lo mismo ocurre con la evolución de los ingresos, especialmente los no registrados y las transferencias sociales como AUH y asignaciones”, sostuvo.

“En 2024, la inflación fue de 117,8%, pero los salarios crecieron por encima y alimentos y bebidas aumentaron bastante menos. A esto se sumó el refuerzo de AUH y asignaciones, lo que permitió una mejora muy rápida en la relación entre ingresos y canasta”, señaló. Sin embargo, advirtió que “ese tipo de ajuste suele ser intenso al inicio, pero difícil de sostener con la misma velocidad”.

Un delicado equilibrio

La inflación bajó a 31,5%, pero los salarios registrados crecieron por debajo, los no registrados por encima y alimentos avanzaron levemente por encima del nivel general. En este contexto, los alimentos ya no juegan tan a favor de la caída de la pobreza como antes”, explicó. En síntesis, proyectó que el dato oficial “probablemente muestre una mejora significativa frente a 2024, pero con un amesetamiento respecto del primer semestre de 2025”.

En la Ciudad de Buenos Aires, la Canasta Básica Total acumula un 6,8% en lo que va del año y ya se ubica en $1.397.672 para una familia tipo de cuatro integrantes, mientras que la Canasta Básica Alimentaria alcanza los $644.088. Estos valores fijan el umbral de pobreza e indigencia y marcan el nivel de ingresos necesario para no caer por debajo de esas líneas.

Las estadísticas porteñas muestran una mejora interanual en los indicadores sociales, aunque también evidencian el peso de la dinámica de ingresos. Según la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingresos, unas 534.000 personas se encontraban en situación de pobreza en el tercer trimestre de 2025, con una baja de 10,8% respecto del año anterior. La indigencia, en tanto, descendió de 11% a 5,3%. El informe atribuye esta evolución a que “los aumentos en los ingresos, tanto laborales como no laborales, fueron superiores a la suba de los precios en el período analizado”.

Sin embargo, los estudios académicos introducen matices sobre el alcance de esa mejora. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA estimó una tasa de pobreza del 36,2% para el tercer trimestre de 2025, por encima de las mediciones oficiales basadas en la EPH. En indigencia, la diferencia es menor, con una estimación de 5,9%.

El informe, titulado “Estabilización, mejoras sociales y desigualdades persistentes”, advierte que parte de la mejora podría estar condicionada por cuestiones metodológicas. En particular, señala que si se hubieran actualizado los ponderadores de las canastas, “ambos flagelos marcarían hoy un piso levemente más elevado”. Según la UCA, el 46,1% de la población se encuentra en hogares donde los ingresos resultan insuficientes para cubrir necesidades básicas, aun cuando no todos esos hogares sean clasificados como pobres. Este indicador pone el foco en la percepción de los hogares y en el impacto del aumento de gastos en servicios, como tarifas de luz, gas y transporte.

Agustín Salvia, coordinador del observatorio, explicó que “el indicador de ingresos no llega a captar plenamente el mayor peso de los gastos en servicios”, lo que condiciona el presupuesto familiar. En ese sentido, el informe advierte que la mejora en los índices tradicionales no necesariamente implica una recuperación homogénea de las condiciones de vida. El estudio identifica un “piso crónico de privaciones” vinculado a la falta de empleo de calidad y a la expansión de la informalidad. Según sus datos, el 45% de los ocupados se desempeña en condiciones informales, lo que limita la capacidad de recuperación de ingresos en amplios sectores.