La estructura productiva argentina cambió entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026, con una mayor participación de actividades inmobiliarias, financieras y extractivas y una fuerte pérdida de peso de la industria y el comercio. Según un cuadro elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a datos del INDEC, la industria manufacturera redujo su participación en el Valor Agregado Bruto (VAB) en 3,85 puntos porcentuales, mientras que el comercio mayorista y minorista perdió otros 2,46 puntos. En paralelo, las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler aumentaron 3,16 puntos y la intermediación financiera sumó 2,33 puntos. Por su parte, el salario, dado que los sectores beneficiados no son mano de obra intensiva, no refleja la mejora de la actividad.
El movimiento permite observar una de las transformaciones que atraviesa la economía durante el gobierno de Javier Milei: no se trata solamente de cuánto crece o cae el Producto Interno Bruto (PIB), sino también "qué actividades pasan a explicar una porción mayor de la producción y cuáles reducen su participación". El relevamiento del CEPA muestra una transferencia en la composición del producto hacia sectores con menor intensidad de empleo industrial y comercial, mientras pierden participación ramas que concentran una parte significativa del trabajo asalariado y de las pequeñas y medianas empresas.
La comparación toma los primeros trimestres de 2023 y 2026 y mide la incidencia de cada sector en el Valor Agregado Bruto total a precios corrientes. En ese período, nueve sectores aparecen como "ganadores" y siete como "perdedores". Los primeros acumulan una mejora de 8,60 puntos porcentuales en su participación, mientras que los segundos pierden 8,59 puntos, una diferencia atribuible al redondeo de los datos. El resultado muestra un cambio de composición prácticamente equivalente entre ambos grupos.
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La principal caída corresponde a la industria manufacturera, cuya participación pasó de 18,93 por ciento del VAB en el primer trimestre de 2023 a 15,07 por ciento en el mismo período de 2026. La pérdida es de 3,85 puntos porcentuales. Se trata del retroceso más importante entre todos los sectores incluidos en la comparación y representa una modificación significativa del lugar que ocupa la producción industrial dentro de la economía. El segundo gran retroceso se observa en el comercio mayorista, minorista y reparaciones, que pasó de explicar 19,37 por ciento del VAB a 16,90 por ciento. La reducción fue de 2,46 puntos porcentuales. Industria y comercio, considerados conjuntamente, perdieron 6,31 puntos de participación en el producto durante el período analizado.
Ambas actividades tienen una incidencia importante sobre el mercado laboral y sobre el entramado de empresas que participan de la economía cotidiana, lo que explica en buena parte la interrupción en la cadena de suministros y en el nivel de ingreso de los hogares. La industria manufacturera no solo genera valor en las fábricas, sino que articula proveedores, transporte, servicios profesionales y cadenas comerciales. El comercio, por su parte, funciona como uno de los principales canales de circulación de bienes y servicios y tiene una fuerte presencia de empleo. Una menor participación de ambos sectores puede tener efectos que excedan la cifra consignada en el VAB.
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Menos empleo de calidad
"Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, último dato disponible, se destruyeron más de 235.000 empleos asalariados del sector privado registrado (-3,7 por ciento), según datos de la Secretaría de Trabajo. Para dimensionar, esta contracción supera incluso a la observada durante la crisis de 2018-2019 (-2,7 por ciento entre mayo de 2018 y julio de 2019). La comparación lineal, igual, puede ser engañosa: mientras que el Estimador Mensual de Actividad Económica retrocedió 4,5 por ciento entre principios de 2018 y mediados de 2019, trepó 7 por ciento entre diciembre de 2023 y abril de 2026. Por lo tanto, incluso en un período de crecimiento de la actividad a nivel agregado --más allá de las heterogeneidades que esconde el promedio general--, la destrucción de puestos de trabajo formales no solo persiste, sino que además se acelera", señala el último informe del Centro de Estudios del Banco Provincia.
La industria concentra empleos registrados, proveedores y cadenas de producción, mientras que el comercio tiene una fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas y trabajadores vinculados al mercado interno. Cuando ambos sectores pierden participación en la generación de valor, la discusión sobre la distribución de los ingresos no puede limitarse a los indicadores financieros o a la evolución agregada de la actividad.
La caída tampoco se limita a esos dos sectores. La administración pública y defensa, junto con los planes de seguridad social de afiliación obligatoria, redujo su participación de 8,14 por ciento a 7 por ciento, con una pérdida de 1,14 puntos porcentuales. La construcción pasó de 5,27 por ciento a 4,62 por ciento, una caída de 0,65 puntos. Enseñanza retrocedió 0,41 puntos, desde 5,92 por ciento a 5,51 por ciento.
También disminuyeron, aunque en menor medida, los sectores de hogares privados con servicio doméstico y servicios sociales y de salud. El primero pasó de 0,69 por ciento a 0,63 por ciento, mientras que el segundo pasó de 5,34 por ciento a 5,32 por ciento. En conjunto, las actividades clasificadas como perdedoras redujeron su participación en 8,59 puntos porcentuales. La contracara aparece en los sectores que aumentaron su peso dentro del VAB. Las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler fueron las que más ganaron participación, al pasar de 10,75 por ciento a 13,91 por ciento, con un incremento de 3,16 puntos porcentuales. La intermediación financiera pasó de 3,81 por ciento a 6,14 por ciento, una mejora de 2,33 puntos.
La diferencia es significativa porque muestra que el cambio en la estructura económica no se explica únicamente por una expansión de sectores productivos tradicionales. Una parte importante de la mayor participación corresponde a actividades financieras, inmobiliarias, empresariales y de alquiler, mientras que las ramas directamente asociadas a la producción manufacturera y al comercio interno reducen su peso.
La explotación de minas y canteras también aumentó su incidencia, de 4,08 por ciento a 5,17 por ciento, una suba de 1,09 puntos. Se trata de un sector especialmente relevante dentro del esquema económico que impulsa el Gobierno, que busca aumentar las exportaciones de recursos naturales y atraer inversiones vinculadas con minería, hidrocarburos y energía. Hoteles y restaurantes aumentaron su participación en 0,66 puntos, electricidad, gas y agua en 0,65 puntos, y transporte, almacenamiento y comunicaciones en 0,38 puntos. Otras actividades de servicios comunitarias, sociales y personales sumaron 0,22 puntos. Agricultura, ganadería, caza y silvicultura prácticamente mantuvieron su participación, con una mejora de apenas 0,08 puntos, mientras que pesca aumentó 0,03.
El resultado permite observar una característica de la política económica de Milei: la búsqueda de una economía con mayor peso de actividades vinculadas a los recursos naturales, las finanzas y los servicios, frente a un esquema productivo donde la industria y el mercado interno tenían una participación mayor.
Hay una precisión metodológica importante para interpretar el dato sobre la participación del trabajo. El cuadro mide la incidencia de cada sector en el Valor Agregado Bruto, no la distribución del VAB entre salarios y ganancias dentro de cada actividad. Por lo tanto, no permite afirmar directamente cuántos puntos perdió la remuneración de los trabajadores frente al excedente empresario. Sí permite analizar un proceso previo: qué sectores ganaron y perdieron peso dentro del producto y, a partir de allí, observar qué tipo de estructura productiva está adquiriendo mayor relevancia.
El cambio en la composición del producto también puede leerse a partir de las prioridades del modelo económico. El Gobierno de Milei promueve una mayor apertura de la economía, reducción de regulaciones, menor intervención estatal y un esquema en el que la inversión privada tenga un papel central. Dentro de ese proceso, las actividades que logran insertarse con mayor facilidad en mercados externos o aprovechar condiciones financieras y patrimoniales favorables pueden aumentar su participación, mientras que aquellas que dependen en mayor medida del mercado interno enfrentan una presión diferente.
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Los salarios, grandes perdedores
La participación de un sector en el producto no determina automáticamente cuánto ganan sus trabajadores, pero la composición sectorial sí condiciona el tipo de empleo disponible, el poder de negociación salarial y la capacidad de las empresas para sostener puestos de trabajo. Una economía donde pierden peso las ramas industriales, comerciales y de construcción presenta una estructura laboral diferente de otra donde esas actividades aumentan su participación.
Por eso, la discusión sobre la "recuperación" de la economía no debería detenerse en el crecimiento del PIB o en la evolución de algunos indicadores financieros. También resulta necesario observar qué sectores explican ese crecimiento y qué ocurre con las actividades que históricamente concentraron una parte relevante del empleo y del mercado interno.
El informe del CEPA muestra una economía que, entre el primer trimestre de 2023 y el primero de 2026, modificó la distribución sectorial de su valor agregado. Industria y comercio perdieron 6,31 puntos porcentuales de participación, mientras que actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler e intermediación financiera ganaron 5,49 puntos. Minería, hoteles y restaurantes, electricidad, gas y agua, transporte y otros servicios completaron la mayor participación de los sectores ganadores.
El dato no permite por sí mismo determinar cuánto ganó o perdió cada trabajador, pero sí aporta una señal sobre el tipo de economía que está emergiendo. La producción manufacturera y el comercio --segmentos de mayor generación de puestos de trabajo-- en menor peso relativo, mientras adquieren mayor incidencia las actividades financieras, inmobiliarias y extractivas. En esa transformación se encuentra una parte de la explicación sobre por qué una mejora de determinados indicadores macroeconómicos puede convivir con dificultades en el mercado laboral y con una menor participación de los sectores asociados al trabajo y al consumo interno.
La transferencia, entonces, no aparece necesariamente como un movimiento directo de dinero de un sector a otro. Se expresa primero en la estructura del producto: qué actividades generan una porción mayor del valor y cuáles dejan de hacerlo.
