El tipo de cambio oficial acumuló una suba de 19 pesos en los primeros dos días de junio a partir de fuertes compras del Banco Central y el Tesoro, este último anticipando los próximos vencimientos de deuda que deberá afrontar por unos 1.000 millones de dólares. La suba se produjo en momentos en que la autoridad monetaria adquirió otros 175 millones de dólares durante la rueda del martes y acumula compras por más de 9.900 millones de dólares en lo que va del año.
En apenas dos ruedas, la cotización mayorista avanzó 19 pesos y cerró en 1.427 pesos por dólar, en un contexto en el que el Banco Central continúa comprando reservas y se acerca a las 100 jornadas consecutivas de intervención compradora. Detrás de este movimiento aparecen varios factores que convergen en una misma dirección. Por un lado, la oferta de divisas proveniente del sector agroexportador comenzó a perder intensidad luego del fuerte ritmo de liquidaciones registrado en los meses previos. Por otro, tanto el Tesoro como el propio Banco Central incrementaron sus compras de dólares en el mercado, generando una competencia adicional por las divisas disponibles.
En tanto, según un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI), parte de la presión alcista observada en los primeros días del mes puede explicarse por factores estacionales. La consultora señaló que suele verificarse una "mayor demanda" de dólares por parte de los ahorristas una vez acreditados los salarios. No obstante, los analistas consideran que existe un elemento de mayor peso relacionado con el propio funcionamiento del circuito exportador.
De acuerdo con PPI, la liquidación de exportaciones genera ingresos en pesos para productores agrícolas que posteriormente terminan alimentando la demanda de dólares. El mecanismo es relativamente simple. Los exportadores venden divisas, reciben pesos y una parte de esos recursos llega a productores que tienen acceso al mercado oficial de cambios. Posteriormente, esos mismos pesos son utilizados para dolarizar carteras.
La consultora, según consigna la agencia Bloomberg, recordó que un proceso similar se observó durante los programas de reducción temporal de retenciones implementados anteriormente. En aquellos períodos, la aceleración de la liquidación de exportaciones terminó derivando en una mayor demanda cambiaria semanas después. Por eso, el informe sostiene que la variable determinante seguirá siendo "la demanda de pesos", un factor que condiciona tanto la estabilidad cambiaria como la capacidad del Banco Central para seguir acumulando reservas.
Los movimientos registrados en las cuentas del Tesoro durante la última semana sugieren que el Ministerio de Economía volvió a comprar dólares de manera directa para reforzar su posición financiera de cara a los vencimientos de deuda previstos para julio. Tras recibir más de 1.000 millones de dólares provenientes del desembolso del Fondo Monetario Internacional, las cuentas oficiales registraron posteriormente un incremento adicional de aproximadamente 150 millones de dólares cuya explicación no apareció detallada en la información pública.
A partir de esos movimientos, PPI concluyó: "estimamos que el Tesoro compró 150 millones de dólares en el mercado el 28/05, tras dos meses de no realizar este tipo de operaciones". La interpretación de la consultora adquiere relevancia porque implicaría que el Gobierno volvió a competir por las divisas disponibles justo en un momento en que la oferta comienza a moderarse.
El mismo informe indicó además que el día siguiente el Tesoro habría utilizado parte de esos recursos para cancelar una Letra Intransferible con el Banco Central por aproximadamente 1.000 millones de dólares. La operación se produjo luego de que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunciara que utilizaría parte de los recursos provenientes del FMI para recomprar este tipo de instrumentos.
Al mismo tiempo, el Banco Central mantiene otro frente abierto que potencia la dolarización. Durante las últimas semanas la autoridad monetaria continuó reduciendo posiciones en el mercado de futuros, una estrategia que había sido utilizada para contener expectativas de devaluación durante los meses previos. El desarme gradual de esos contratos forma parte de la nueva etapa del esquema cambiario, aunque también implica una menor capacidad de intervención indirecta sobre las expectativas del mercado.
