La inflación de mayo fue celebrada por el Gobierno como una señal de consolidación del proceso de desaceleración de precios, pero la medición continúa haciéndose sobre índice desactualizados. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) difundido por el INDEC registró una suba de 2,1%, el nivel más bajo desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Sin embargo, consultoras privadas sostienen que, si el Gobierno hubiera implementado la actualización del IPC que el propio INDEC había preparado durante los últimos años, la inflación de mayo habría alcanzado el 2,3%.
La diferencia de apenas dos décimas en la medición mensual, pero se amplía cuando se observa el acumulado anual. La canasta utilizada actualmente por el INDEC para medir la inflación se basa en patrones de consumo relevados hace más de dos décadas. Aunque el organismo fue incorporando modificaciones metodológicas, la estructura de ponderaciones vigente continúa reflejando hábitos de gasto muy diferentes a los actuales.
Por esa razón, durante los últimos años el instituto trabajó en una actualización construida a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018. La intención era adecuar la medición a una realidad donde los servicios tienen un peso mucho mayor en el presupuesto familiar que el que tenían a comienzos de siglo.
La nueva metodología estaba prácticamente terminada y debía comenzar a aplicarse durante este año. Sin embargo, cuando el proceso se encontraba listo para su implementación, el Ministerio de Economía decidió suspender la publicación del nuevo índice y mantener vigente la estructura anterior. La decisión generó cuestionamientos de economistas, especialistas en estadísticas públicas y sectores de la oposición, que interpretaron la medida como un intento de evitar que el índice reflejara una inflación algo más elevada en un contexto donde la administración libertaria busca consolidar la narrativa de una rápida desaceleración de precios.
El juego de las diferencias
Según los documentos técnicos difundidos durante el proceso de actualización, el rubro Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles habría pasado de representar el 9,4% de la canasta al 14,5%. Transporte habría escalado del 11% al 14,3%, mientras que Comunicaciones habría aumentado del 2,8% al 5,1%. La modificación refleja cambios profundos en la estructura de consumo de los hogares argentinos.
En 2004 los teléfonos inteligentes no existían como producto masivo, las conexiones de internet domiciliarias tenían una penetración limitada y servicios que hoy son indispensables ocupaban un lugar marginal en el presupuesto familiar. Actualmente, el gasto en telefonía móvil, internet, plataformas digitales y servicios vinculados a la conectividad forma parte de los consumos corrientes de millones de hogares.
En sentido inverso, el rubro Alimentos y Bebidas habría reducido su peso relativo desde el 26,9% al 22,7%. No se debe a que los argentinos consuman menos alimentos, sino porque otros gastos crecieron significativamente dentro del presupuesto total. Esa diferencia metodológica es la que explica por qué la inflación habría resultado superior en mayo con la nueva canasta. Los sectores que habrían ganado participación dentro del índice fueron justamente los que registraron los mayores aumentos durante el mes.
Según el propio INDEC, la división Comunicación lideró las subas con un incremento de 3,4%. Los precios regulados aumentaron 2,4%, impulsados por combustibles, electricidad y agua. En cambio, el IPC Núcleo, que excluye regulados y estacionales, avanzó 1,9%. Al otorgar un peso mayor a los servicios, la nueva metodología captura con más intensidad esos aumentos. Por el contrario, la metodología actual continúa otorgando una participación relativamente más elevada a bienes cuyos incrementos fueron menores durante el período analizado.
Las estimaciones privadas coinciden en ese diagnóstico. Desde la consultora Equilibra señalaron que: "Si midiéramos el IPC con la canasta actualizada de la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de mayo habría sido 2,3% en lugar del 2,1% oficial, acumulando 15,6% en los primeros cinco meses del año contra el 14,7% que muestra Indec". La consultora agregó que "esta métrica se realiza con la mayor apertura a nivel rubros posibles y con base 100=2025, mientras que si se construye a nivel 12 capítulos la inflación arrojaría 2,2%".
En la misma línea, un informe de LCG concluyó que "corrigiendo por la estructura de la canasta que surge de la ENGHo 2017/18 (más peso de servicios), la inflación minorista habría sido 2,3% en mayo, y 1 pp más alta en el acumulado del año, es decir cerca de 16 por ciento". La diferencia acumulada constituye el aspecto más relevante del debate. Mientras el dato oficial muestra un incremento de precios de 14,7% entre enero y mayo, las estimaciones realizadas con la canasta actualizada ubican ese porcentaje entre 15,6% y 16%.
La brecha se acerca así a un punto porcentual completo en apenas cinco meses. Si esa diferencia se mantuviera durante períodos más largos, el impacto sobre salarios, jubilaciones, negociaciones paritarias y evaluaciones de política económica sería significativo.
