Freno a la actividad: crece pero pierde impulso y deja al descubierto sus límites

El EMAE de enero mostró una suba interanual moderada y un avance mensual tenue, con un patrón de crecimiento concentrado en pocos sectores y retrocesos en áreas clave como industria y comercio.

26 de marzo, 2026 | 16.27

El primer dato de actividad de 2026 dejó nuevos signos de estancamiento, luego que se conociera que el PIB subiera menos del 5% previsto en 2025. Según informó el INDEC, en enero de este año, el estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró un crecimiento de 1,9% en la comparación interanual y de 0,4% respecto a diciembre en la medición desestacionalizada. La cifra esconde una desaceleración respecto de los meses previos y, sobre todo, una composición que expone fragilidades en el proceso de recuperación.

El avance de apenas 0,4% en términos mensuales, luego de un cierre de 2025 con cierta recomposición, marca un ritmo más lento que el esperado para un inicio de año. Esa pérdida de dinamismo no se explica por un shock puntual, sino por una combinación de factores que incluyen la debilidad del consumo, la heterogeneidad sectorial y la persistencia de restricciones estructurales. En ese contexto, el crecimiento interanual de 1,9% aparece menos como un signo de fortaleza que como el reflejo de una base de comparación baja.

De acuerdo con el organismo, “con relación a igual mes de 2025, diez de los sectores de actividad que conforman el EMAE registraron subas en enero”, pero ese dato cuantitativo pierde peso cuando se observa la magnitud y la incidencia de cada rubro. Los mayores incrementos se concentraron en sectores primarios: Pesca creció 50,8% interanual y Agricultura, ganadería, caza y silvicultura avanzó 25,1%. Este último, además, fue el principal motor del crecimiento, con una incidencia de 1,27 puntos porcentuales.

El propio INDEC señala que la actividad de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (25,1% i.a.) fue a su vez la de mayor incidencia positiva en la variación interanual del EMAE, seguida de Explotación de minas y canteras (9,6% i.a.). La suma de ambos sectores aportó 1,7 puntos porcentuales al crecimiento total, es decir, casi la totalidad de la expansión interanual. La conclusión es directa: sin el empuje de actividades vinculadas a recursos naturales, el nivel de actividad habría mostrado un desempeño prácticamente estancado.

Patrón desbalanceado

Este patrón de crecimiento concentrado contrasta con la evolución de sectores más ligados al mercado interno, que continúan mostrando debilidad. Entre las caídas más relevantes, el informe destaca a Comercio mayorista, minorista y reparaciones, con una contracción de 3,2% interanual, y a la Industria manufacturera, que retrocedió 2,6%. A estos se suman Electricidad, gas y agua (-3,0%) y Administración pública (-1,6%), configurando un bloque de actividades que no sólo no acompañan la recuperación, sino que la condicionan.

El INDEC precisa que estos sectores “le restaron 0,9 p.p. a la variación interanual del EMAE”, lo que refuerza la idea de un crecimiento sostenido por pocos motores y limitado por retrocesos en áreas clave. La caída del comercio, en particular, funciona como un indicador indirecto del comportamiento del consumo, que sigue afectado por la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos. En ese sentido, la desaceleración de la actividad no puede disociarse de la dinámica de los precios y los salarios.

La industria, por su parte, continúa sin encontrar un sendero de recuperación sostenida. La contracción interanual de 2,6% refleja tanto la debilidad de la demanda interna como las dificultades para sostener niveles de producción en un contexto de apertura comercial y cambios en los costos relativos. La combinación de estos factores limita la capacidad del sector para traccionar el crecimiento, a diferencia de lo que ocurre con actividades primarias o extractivas.

Incluso en sectores que muestran variaciones positivas, el desempeño es moderado. La construcción, por ejemplo, creció apenas 0,5% interanual, con una incidencia marginal de 0,01 puntos, mientras que servicios como enseñanza y salud registraron subas inferiores al 1%. Este comportamiento sugiere que la mejora no se traduce en una expansión significativa del entramado productivo, sino en avances puntuales y de bajo impacto agregado.

El caso de Hoteles y restaurantes, con una caída de 2,2%, introduce además un elemento adicional. En un contexto de fuerte crecimiento del turismo emisivo, la retracción de este sector puede leerse como un efecto indirecto de la salida de argentinos al exterior, lo que reduce la demanda interna en actividades vinculadas al ocio y los servicios. De este modo, la dinámica de la actividad económica se conecta con otros frentes, como el turismo y el consumo, que refuerzan la tendencia a la desaceleración.

La evolución del EMAE en enero también debe analizarse en términos de tendencia. El crecimiento interanual de 1,9% se ubica por debajo de los registros de meses anteriores, lo que confirma una pérdida de impulso. En paralelo, la variación mensual desestacionalizada de 0,4% indica que la economía continúa expandiéndose, pero a un ritmo menor, lo que abre interrogantes sobre su capacidad para sostener esa trayectoria en los próximos meses.

Este escenario plantea una tensión entre los datos agregados y la estructura subyacente del crecimiento. Por un lado, la actividad no muestra una caída generalizada; por otro, su expansión depende de sectores específicos y convive con retrocesos en áreas sensibles. La desaceleración no se expresa como una contracción abrupta, sino como una pérdida de consistencia en el proceso de recuperación.