Cuentan que Osvaldo Bayer dijo primero que no cuando en 1989 recibió la propuesta de escribir una historia del fútbol argentino. Escritor, periodista, excomunista, anarquista de enorme respeto en la izquierda argentina, por su obra y conducta coherente y de lucha, que mantuvo hasta su muerte en 2018, a los 91 años, Bayer declinó la oferta porque sintió lejanía para hablar de nuestra pelota. Pero cuentan también que rápidamente se retractó de esa negativa. Que recordó al pensador alemán Walter Jens: “Cuando ya me haya olvidado hasta el último verso de Goethe voy a recordar para siempre la delantera de Bayern Munich”. Y que pensó que él podía decir algo parecido sobre su más querida delantera de su amado Rosario Central. Por eso escribió entonces “Fútbol Argentino. Pasión y gloria de nuestro deporte más popular”, la obra cuya reedición fue presentada ayer en la Feria del Libro por Siglo 21.
“Es un libro que a los datos históricos que había hasta ese momento agrega una mirada sociopolítica que casi no había”, me dice el colega Oscar Barnade, miembro del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF). “Había libros –siguió Barnade- que contaban lo que pasó, pero no lo que pasaba y el libro de Bayer hizo un clic para que la nueva generación mirara el desarrollo del fútbol desde otra perspectiva y con una palabra autorizada como la suya”. El libro fue presentado mientras Racing empataba contra Huracán, y apenas antes de que River cayera en su estadio frente a Atlético Tucumán. Y mientras Milei.
La presentación de ayer incluyó en el mismo acto “Puro fútbol”, un libro más para niños sobre la visión del fútbol de Eduardo Galeano, justamente otro intelectual (término que él despreciaba) que rompió la creencia, medio siglo atrás, de que ellos (los intelectuales) no podían “rebajarse” hablando de fútbol, un mundo exagerado de pasiones, patria y negocios. A cuarenta días del Mundial de Estados Unidos-México y Canadá, la mayoría de los textos, debates y análisis hablan justamente de patria, negocios, política y de un fútbol secuestrado por el país que preside Donald Trump, con Gianni Infantino presidente de una FIFA cómplice. Se habla más de Trump que de Messi. Pobre Mundial.
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Bayer y Galeano, que compartieron redacción en 1973 en la revista Crisis y mantuvieron amistad y respeto mutuo, escribieron dos libros fundamentales para esa comprensión del fenómeno social del fútbol, el ya mencionado “Fútbol Argentino” de Bayer en 1990, y “El fútbol a sol y sombra”, un clásico de Galeano de 1995 que inspiró a escritores de todas partes del mundo, desde Inglaterra a la India. La pelota en medio de luchas obreras, golpes de Estado y negocio, con más intensidad política en la obra de Bayer (que sirvió luego para un documental homónimo) y más belleza e historias humanas en la prosa de Galeano.
Fallecidos, ambos sabrían contar como pocos el Mundial que viene en la tierra del emperador Trump. “El fútbol –escribe Bayer- es un magnífico cuento de magos, volatineros, malabaristas y hasta clowns. De titiriteros de gran proscenio. Un teatro inigualable para niños y grandes, y para niños grandes. Un encuentro humano con alegrías y lágrimas, con ruidos y espantos. El circo de la gente pobre, la misa de campaña de los solitarios que quieren sentirse acompañados por una vez. Es la humanidad en el pequeñísimo cosmos de un cuadrilátero verde”. Y aquí va Galeano: “¿Qué pasión popular no es objeto de manipulación? ¿Existe algo que no sea negocio? El norte y el sur jamás se miden en igualdad de condiciones, ni el fútbol ni en nada, por muy democrático que el mundo diga ser”. Y pese a todo seguimos celebrando el fútbol. Porque “las emociones colectivas –decía Galeano– se hacen fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas”.
¿Por qué no imaginarlos a Bayer y a Galeano intercambiando textos en pleno Mundial 2026 en alguna página web, como ya lo han hecho en Mundiales anteriores Martín Caparrós y Juan Villoro, otros dos “intelectuales” que aman y escriben de fútbol? Estados Unidos vive su propia movida con libros biográficos del ídolo local Landon Donovan, otro sobre el “efecto” de Leo Messi en el soccer, memorias mundialistas de periodistas (Roger Bennett mezcla fútbol, política y cultura), un recuerdo del Mundial 94 en ese mismo país por parte de su organizador (Alan Rothenberg) e historias de las Copas Mundiales de Simon Kuper, Jonathan Wilson y Leander Schaerlaeckens. El soccer no es rey en su país, pero Estados Unidos sabe mucho sobre el poder del deporte. Lo cuenta Philip Roth en La gran novela americana (1973), una sátira sobre la toma del patriótico béisbol yanqui a cargo de una conspiración liderada por un ex lanzador estrella (Gil Gamesh) que regresa desde un exilio de la Unión Soviética convertido en agente comunista. Derrumbar a Estados Unidos a partir de su amado béisbol. A partir de una pelotita.
