El jefe de McLaren, Zak Brown, recurre a una analogía de "La Guerra de las Galaxias" para explicar el cambio de rumbo que ha experimentado el equipo desde que se incorporó y lo ha llevado de nuevo a la cima como una potencia de la Fórmula Uno.
El segundo equipo más exitoso de la parrilla celebrará, como vigente campeón, su salida número 1.000 en la F1 en el Gran Premio de Mónaco de este fin de semana, el circuito donde debutó hace 60 años y donde también ganó el año pasado.
McLaren atravesaba momentos difíciles cuando Brown, un estadounidense cuya carrera en marketing despegó al estancarse sus propios sueños de gloria en las carreras, entró en escena a finales de 2016 antes de convertirse en presidente ejecutivo en 2018.
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"Nuestra fábrica es increíble. Se parece un poco a La Guerra de las Galaxias. Sentía que éramos Darth Vader. Éramos oscuros, no éramos muy cálidos", recordó en una conferencia de Autosport Business Exchange durante el GP de Miami del mes pasado, que habría sido la carrera número 1.000 de no ser por la cancelación de dos pruebas en Oriente Medio.
"Y fue como: 'pasemos al bando de Luke Skywalker y seamos cálidos, acogedores e inclusivos'", agregó.
PENÚLTIMO Y EN APUROS
En 2017, McLaren quedó noveno de los diez equipos del campeonato. Sumó solo 30 puntos, muchos menos de los que consiguió este año solo en Miami.
La tan cacareada asociación con Honda en materia de motores, destinada a revivir los años de gloria del pasado, se había agriado, ya que McLaren demostró ser lento y poco fiable.
"Pienso en mi primer día en la empresa. Era un ambiente sombrío, y eso se reflejaba literalmente en la pintura del auto de carreras, que era negra y gris oscuro, y en las paredes. Se notaba que era un ambiente frío", declaró Brown a los periodistas en la fábrica de Woking el mes pasado.
"No era un ambiente feliz. Los socios no estaban contentos, nuestros pilotos no estaban contentos, la mayoría de nuestro equipo de carreras no estaba contenta. Corrían muchas teorías conspirativas", señaló.
"Creo que ahora somos un equipo mucho más dinámico. Aquí había una gran cantidad de talento. Solo se trataba de liberarlo, de aportar motivación, entusiasmo y devolver la diversión", afirmó.
McLaren dominó a fines de los años 80 y principios de los 90 con Ayrton Senna y Alain Prost bajo el liderazgo visionario de Ron Dennis, cuyo legado perdura en la fábrica de la era espacial, así como en el negocio de los autos deportivos.
Dennis, un pez gordo en lo que entonces era el "Club Piraña" de los jefes de equipo, fue destituido por los accionistas mayoritarios a finales de 2016 tras varios años de agitación.
La imagen del equipo había pasado del rojo y blanco de la época de Marlboro al plateado de Mercedes y luego al negro total, reflejando los diferentes socios. Brown se propuso crear una nueva identidad volviendo al color naranja "papaya" original del fundador Bruce McLaren.
"Alguien me dijo en aquel momento: 'Sólo lo haces porque es lo que quieren los aficionados'", recordó. "Yo respondí: '¿Es una pregunta con trampa? Por eso lo hacemos'".
McLaren, sin un título de constructores desde 1998, volvió a lo más alto en 2025 y completó su primer doblete de títulos del siglo el año pasado, con Lando Norris como campeón de pilotos y Andrea Stella como director.
En 2020, en pleno apogeo de la pandemia, McLaren necesitaba dinero desesperadamente. Ahora, con Mumtalakat de Baréin y CYVN de Abu Dabi como propietarios al 100% del equipo y la F1 en pleno auge, el equipo está valorado en más de 5.000 millones de dólares.
"Tenemos un equipo que trabaja muy bien en conjunto", afirmó Brown. "Hemos sido muy estables. Llevamos bastante tiempo juntos".
(Reportaje de Alan Baldwin, edición de Pritha Sarkar)
