Cabo Verde se mece al son de la morna, una música folclórica autóctona impregnada de melancolía, nostalgia y sentimiento.
La canción más famosa de la morna, "Sodade", recuerda a las decenas de miles de emigrantes que han abandonado estas islas situadas frente a la costa de África Occidental en busca de trabajo y oportunidades en el extranjero. "Si me escribes, te escribiré", dice la letra de la canción. "Si me olvidas, te olvidaré".
En las próximas semanas, los caboverdianos esperan que su nostalgia se convierta en celebración. Sus ojos están puestos en la selección, repleta de jugadores cuyos padres o incluso abuelos abandonaron Cabo Verde hace años pero que siguen considerando las islas su hogar.
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Los Tiburones Azules, como se conoce al equipo, son una de las sorpresas clasificadas para el Mundial. Con menos de 600.000 habitantes, Cabo Verde es el tercer país más pequeño por población en llegar al evento (después de Islandia en 2018 y Curazao, también este año).
La selección de Cabo Verde combina el talento local con una gran cantidad de jugadores nacidos en el extranjero, entre ellos el defensa central Roberto Lopes, nacido en Irlanda de madre irlandesa y padre caboverdiano, y Logan Costa, nacido en Francia de padres caboverdianos y que juega en el Villarreal de España.
La combinación de talento local e internacional ha resultado mágicamente eficaz. Cabo Verde ganó siete de sus 10 partidos en la fase de clasificación para el Mundial, perdiendo solo una vez y logrando una gran victoria sorpresa en casa ante Camerún.
El Mundial será otro nivel. Clasificados en el puesto 69 del mundo, los Tiburones Azules se enfrentarán en la fase de grupos a España, Uruguay y Arabia Saudita. Pero los hinchas tienen fe.
"Estoy muy orgulloso", dijo Anton Delgado, de 25 años, tras pasar una tarde con amigos en un bar de Mindelo, una ciudad de la isla de São Vicente. "Es una maravilla. Llevo años esperando esto. Tenemos muchas esperanzas de poder ganar un partido o incluso dos".
Esa sensación de esperanza es compartida en todo Cabo Verde. Los restaurantes, bares y cafeterías suelen estar repletos de cantantes y bandas que tocan morna tanto para turistas como para locales. Ahora se están preparando para el Mundial.
En el Café Royal, un hotel y restaurante de Mindelo, el personal se prepara para recibir a grandes multitudes. El Royal cuenta con un gran mural de la superestrella de la morna Cesária Évora, quien, incluso 15 años después de su muerte, sigue siendo la caboverdiana más famosa del mundo.
Pero ahora todo el mundo quiere hablar de las estrellas del fútbol del país.
Noaela Delgardo, de 22 años, que trabaja detrás de la barra del Royal, dijo que el Mundial es una oportunidad única para que otros caboverdianos brillen y para que el país gane "más visibilidad en el mundo".
A pesar del crecimiento del turismo, es difícil no sentir el aislamiento del archipiélago y su lejanía de los grandes centros. Hay vuelos desde Europa, pero el único vuelo directo a Estados Unidos aterriza en Providence, Rhode Island -un legado de los vínculos balleneros del siglo XIX entre ambos lugares y de la gran comunidad caboverdiana que vive hoy en el lugar-.
El torneo que comienza en pocos días es una oportunidad para acortar esa distancia, dijo el jubilado Jorge Goncales, de 69 años. "El mundo entero viene a nosotros. Ahora salimos al mundo".
El seleccionador Pedro Leitão Brito -que fue nombrado Entrenador del Año de África el año pasado y es más conocido por su apodo, Bubista- también ve una oportunidad para poner a Cabo Verde en el mapa.
"Queremos dejar huella en el torneo para nuestra gente", declaró a la CNN hace unas semanas. "Queremos demostrar a todos los que nos ven que, sí, somos un país pequeño, pero podemos jugar contra los grandes equipos. Sabemos que es difícil, pero queremos demostrar que nada es imposible".
Con información de Reuters
