Cuando faltan 34 días para el comienzo del Mundial 2026, una nueva controversia apareció en torno a la organización en Estados Unidos. Trabajadores y organizaciones de derechos humanos advirtieron que podrían impulsar huelgas en sedes mundialistas si no se limita la presencia del ICE, el organismo de control migratorio señalado por sus operativos agresivos desde la asunción de Donald Trump.
Mientras la FIFA acelera la logística para el torneo que compartirán Estados Unidos, México y Canadá, en territorio estadounidense crece la preocupación por el papel que tendrá el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE. La situación encendió alarmas especialmente en California, donde trabajadores del sector hotelero y gastronómico amenazan con realizar medidas de fuerza antes del inicio de la competencia.
El sindicato Unite Here Local 11, que representa a cerca de 2.000 empleados del SoFi Stadium, avisó que podría convocar a un paro si no se controla la actuación de agentes migratorios en las sedes mundialistas. La advertencia no es menor, ya que Estados Unidos albergará 78 de los 104 partidos del Mundial y tendrá actividad en ciudades clave como Los Ángeles, Miami, Dallas, Houston y Seattle.
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El reclamo contra el ICE y la FIFA
La agrupación sindical sostiene un conflicto abierto con las empresas operadoras de los estadios y también con la propia FIFA. El principal reclamo apunta a impedir operativos violentos del ICE en los estadios y sus alrededores durante los 38 días que durará el torneo. Según denunciaron, existe temor entre trabajadores migrantes y visitantes internacionales por posibles controles arbitrarios y procedimientos agresivos.
Además, el sindicato presentó una denuncia formal ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales contra Legends Hospitality, empresa encargada de los servicios del estadio, y Kroenke Sports & Entertainment, propietaria del SoFi Stadium. Más de 100 organizaciones de derechos humanos respaldaron el pedido y reclamaron garantías específicas para trabajadores y fanáticos que viajen al Mundial.
“Nos preocupa la seguridad de los espectadores y los trabajadores”, afirmó Kurt Petersen, copresidente de Local 11. “El ICE se ha vuelto cada vez más incontrolable y violento. Vimos lo que ocurrió con los asesinatos en Minnesota. Por eso no creo que nadie esté a salvo cuando el ICE está cerca”.
La preocupación internacional por las políticas migratorias
El conflicto escaló luego de declaraciones realizadas por el director de ICE, Todd Lyons, quien en ferbrero pasado confirmó que la agencia tendrá un rol importante en la seguridad del Mundial 2026. Aunque había evitado brindar detalles operativos, sus palabras generaron inquietud inmediata. La posibilidad de controles migratorios masivos durante el evento provocó reacciones de organismos internacionales y asociaciones civiles.
Amnistía Internacional publicó incluso una advertencia dirigida a turistas y visitantes, alertando sobre posibles detenciones, revisiones de celulares y redes sociales, además de restricciones arbitrarias para ingresar al país.
En paralelo, legisladores demócratas impulsan el proyecto “Save The World Cup Act”, una iniciativa liderada por LaMonica McIver, Eric Swalwell y Bennie Thompson, que busca prohibir operativos del ICE en las inmediaciones de los estadios y evitar que fondos federales sean utilizados para reforzar controles migratorios durante la Copa del Mundo.
Qué es el ICE y por qué está en el centro de la polémica
El ICE fue creado en 2003 tras la reestructuración del sistema de seguridad estadounidense posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Actualmente, la agencia depende del Departamento de Seguridad Nacional y cuenta con más de 20.000 agentes distribuidos en cientos de oficinas dentro y fuera del país.
Su función principal es controlar la inmigración ilegal, ejecutar deportaciones y combatir delitos transnacionales. Sin embargo, en los últimos años su accionar quedó bajo fuerte cuestionamiento por denuncias de abuso de poder y uso excesivo de la fuerza.
Durante la administración de Trump, el organismo incrementó su presupuesto y profundizó los operativos de deportación masiva, convirtiéndose en uno de los símbolos más controvertidos de la política migratoria estadounidense. Uno de los casos recientes que volvió a instalar el debate fue el asesinato de Renee Good durante un operativo realizado en enero en Minnesota, episodio que generó nuevas críticas contra la agencia.
