La zamba es un emblema coreográfico y musical de Argentina, cuya práctica civil se concentra prioritariamente en las provincias norteñas. Tan profunda fue la inserción en la identidad local que motivó el proyecto para declararla oficialmente como la danza nacional del país.
El nombre de este ritmo deriva de la antigua nomenclatura colonial que se utilizaba para catalogar a los descendientes de la unión entre comunidades indígenas y de origen africano. Respecto a su nacimiento, los especialistas sostienen debates históricos contrapuestos a partir de la documentación existente.
Por un lado, una corriente musicológica tradicional situó la génesis de la zamba en la evolución de la zamacueca, un estilo que emergió en la capital peruana entre las postrimerías del siglo XVIII y los albores del siglo XIX. Por otro lado, ciertos registros del primer cuarto del siglo XIX sugieren que la zamba ya poseía varias décadas de rodaje, instalando sus comienzos en el siglo XVIII.
Bajo esta perspectiva inversa, la zamba funcionaría como la matriz que dio vida a la zamacueca, la cual recién se consolidó hacia la década de 1820. Esta última postura se apoya en crónicas de la época que certifican la madurez del género en la región andina.
En sus memorias, el compositor chileno José Zapiola Cortés describió la alta popularidad del baile en los años 1812 y 1813, atribuyéndole procedencia peruana. En sintonía con estos registros, el diario de viaje de la escritora británica Maria Graham detalló una velada en la localidad de Ñuñoa en 1822, donde presenció la expresividad, el entusiasmo y el estricto decoro con el que los lugareños cantaban y ejecutaban esta danza popular.
Cómo es la estructura musical de la zamba
La métrica de la zamba también carece de un consenso absoluto entre los creadores y estudiosos del folklore, dividiéndose en tres corrientes de pensamiento bien delimitadas. Un sector de la intelectualidad musical define la obra bajo un compás puramente de 6/8.
En contraste, referentes como Juan Falú argumentan la convivencia de un ritmo mixto, caracterizado por una base en 3/4 combinada con una melodía que fluye en 6/8. Finalmente, una tercera perspectiva teórica, sostenida por pianistas fundamentales del género como Adolfo Ábalos e Hilda Herrera, afirma que la métrica de la danza se desarrolla de forma exclusiva en 3/4.
A nivel compositivo, la zamba se organiza de manera simétrica en dos bloques independientes llamados primera y segunda. El esquema interno de cada una de estas secciones se repite rigurosamente para mantener el equilibrio de la obra. El desarrollo se inicia con un preludio instrumental que abarca habitualmente ocho compases.
Posteriormente, la ejecución continúa con el despliegue de dos estrofas o coplas sucesivas, para luego concluir la sección con un estribillo de cierre. Cada uno de estos tres segmentos líricos cuenta con una extensión exacta de doce compases.
Exponentes de la zamba
Este género encuentra sus máximos exponentes en figuras y agrupaciones que definieron la identidad y la evolución del género. Entre los creadores e intérpretes más trascendentales se destacan Los Chalchaleros y Los Fronterizos, pilares fundamentales en la masificación del estilo, así como poetas y compositores de la talla de Gustavo "Cuchi" Leguizamón, Manuel J. Castilla, Atahualpa Yupanqui y Jorge Cafrune.
Asimismo, las voces de Mercedes Sosa y Eduardo Falú llevaron la zamba a niveles de máxima expresividad y proyección internacional, un legado que hoy mantienen vivo artistas contemporáneos como Soledad Pastorutti, El Chaqueño Palavecino y Raly Barrionuevo.
