Hay noticias que pegan diferente en el mundo del folklore. Emiliano Zerbini, uno de los músicos más queridos y respetados del circuito independiente, anunció que este año cierra el telón. El cordobés confirmó que 2026 será su despedida definitiva de los escenarios, después de más de tres décadas recorriendo el país con guitarra, bombo y bandoneón.
"Sentí que se cumplió un ciclo personal y artístico. Como cualquier proceso, era el momento de dar el punto final", explicó el propio Zerbini. Sin vueltas, como siempre. En 2018 se consagró en Cosquín y convirtió la emblemática Plaza Próspero Molina en una gran pista de baile. Cientos de personas se largaron a bailar en el escenario y en las gradas. Una noche de esas que no se olvidan.
Desde sus comienzos en las peñas estudiantiles de los noventa, Zerbini fue labrando su camino sin sello grande ni respaldo corporativo. Puro laburo propio. Su obra estuvo siempre atravesada por la identidad serrana, la defensa de las danzas tradicionales y una mirada social sobre el territorio cordobés. "Serrano soy", suele decirse él, y no es pose: es hijo de una directora de ballet y de un músico peruano, y creció entre bailarines y guitarras.
Una despedida especial
El cierre no va a ser de cualquier manera. Zerbini tiene dos proyectos musicales listos para este año. El 20 de marzo llega El club de los clásicos, una serie de sesiones junto a otros artistas donde va a revisitar obras fundamentales del folklore argentino. Y el 3 de abril sale el primer corte de La infancia de los pueblos, un proyecto inspirado en una frase de María Elena Walsh, pensado para chicos y adultos con vocación folklórica. Canciones con propósito pedagógico y mucho corazón puesto.
La despedida también va a tener una vuelta por el interior. La llamó "Gira Chalchalera" y la idea es hacerla junto a organizaciones sociales y ballets autogestivos de distintos rincones del país. Entrada libre y gratuita, en articulación con quienes puedan convocar al artista de manera solidaria. "Será una gira que se irá armando sobre la marcha, en diálogo con espacios que puedan convocarme de manera benéfica", contó, como bien citó La Voz.
Así como vivió toda su carrera: sin fórmula fija, con la oreja pegada a la tierra. Su mensaje para las nuevas generaciones fue tan directo como su música: "Crean en lo que hacen, pónganle corazón y garra. Amen cada cosa que hagan y que las decisiones no surjan de estrategias vacías".
