Resonancias Deleuzianas para pensar Gaza

Sobre “Los indios de Israel”, de Jun Fujita Hirose

27 de marzo, 2026 | 08.52

Durante los años 80, Gilles Deleuze escribió un conjunto de textos en la Revue d´études palestiniennes (Revista de estudios palestinos) donde destacaba el valor ético y político de la resistencia palestina y denunciaba lo que ya en ese momento se vislumbraba como un genocidio.  El filósofo japonés Jun Fijita Hirose parte de esos escritos deleuzianos para leerlos dentro del complejo entramado productivo sociocultural de su época y así poder pensar bajo qué influjos estamos analizando hoy los conflictos en medio oriente.

En su reciente libro publicado por la editorial Tinta Limón Los indios de Israel, una lectura de los textos de Deleuze sobre Palestina, Fujita invita a pensar los conceptos de la filosofía política en diálogo con lo más inmediato de su realidad, como si desplegara una bandera que dicta NO HAY TEXTO SIN CONTEXTO. Parte de hipótesis de lectura concretas como: Deleuze y Guattari escribieron “Kafka. Por una literatura menor” durante la crisis del petróleo. O, Pavese escribe sus “Diálogos con Leucó” durante el nacimiento de la guerra fría. Foucault dijo tal cosa sobre Deleuze a 10 años de la república de Senegal. Coteja los textos con los acontecimientos políticos. Los conceptos filosóficos dejan de ser eternos y abstractos y pasan a trabajar íntimo diálogo con lo que a cada época le cuesta ver de sí misma.

De naturaleza internacionalista, Fujita hilvana los problemas de la historia reciente tirando líneas de fuga hacia los aportes que hicieron políticos e intelectuales de diversos países uniendo las historias y las luchas para poder pensar Gaza desplegando un abanico más ámplio que los que proponen los análisis clásicos de conflicto en medio oriente. De esta forma, acude a la cuestión palestina lo que Lepold Senghor refirió sobre los negros de Senegal o lo que Simón Wiesenthal dijo sobre los gitanos asesinados en los campos de exterminio Nazi o lo que Deleuze escribió sobre la literatura del checo-judío Franz Kafka.

Apoyado en un conjunto de pensadores y acontecimientos, el autor de “Cómo ponerle un límite definitivo al Capitalismo” realiza una operación deconstructiva -no negacionista- para pensar la matanza del pueblo judío inscripta en las demás matanzas de la historia. Pensar el holocausto junto al porraimos sufrido por los gitanos y los demás genocidios de la historia hasta llegar al genocidio actual llevado adelante a cielo abierto y ante la vista de todos en Gaza. Como dijo el activista cultural y filósofo italiano, Franco “Bifo” Berardi, “Gaza es Auschwitz con cámaras”.

Jun propone, en sus lecturas de Deleuze, una serie de conceptos que nos ayudan a pensar Gaza con imágenes que amplían el campo de lo concebible. En la presentación del libro, durante la Feria de libros de filosofía, junto a Diego Sztulwark y Diego Skliar (Editorial Tinta Limón) Fujita abrió la charla con una idea clara: No habrá fin del genocidio en Gaza hasta que los Israelíes devengan palestinos.

En esta propuesta deleuziana se condesan años de combate y desafía al propio conflicto exigiéndole un poco más de sí, porque, en la implicancia de que los israelíes devengan palestinos está que los palestinos devengan anti-patriarcales. Que todos puedan ver el rostro de su agonista, que devuelve la mirada como una denuncia. “No habrá palestina libre sin mujeres libres” canta la consigna del movimiento feminista palestino Tal´at.

Pensar Gaza bajo la idea de empresa colonizadora proyecta el conflicto al mundo entero. Fujita extrae de las conversaciones que Deleuze mantuvo con el historiador palestino Elias Sanbar la noción capitalista de conquista del territorio bajo dos modalidades. 1- El poder avanza sobre un territorio y la población allí presente para utilizarla como mano de obra e iniciar un proceso de acumulación, o 2- El poder invade un territorio y, con la mano de obra resuelta, extermina a quienes vivan allí para apropiárselo definitivamente sin conflictos en el horizonte.

Hay una tercera intención de la empresa capitalista sobre las vidas y los territorios: actualizar los modos represivos y ofrecerlo al mundo como modo de gobernanza. Lo que está ocurriendo en Gaza, sostiene Sztulwark en su último texto en la Revista Crisis, Israel como modelo, es un modelo de exportación. “Israel, en cuanto modelo ideal de etno-nacionalismo militarizado —uno de los primeros diez vendedores de armas del mundo, y el país que integra más trabajadores en la industria de tecnologías para uso bélico en proporción a sus dimensiones—, confía en su capacidad para comercializar el mensaje y la imagen de una nación que se concibe como una Esparta global. En otras palabras: hace dinero y obtiene favores diplomáticos exportando conocimientos en materia de ocupación y entrenando en su territorio a los servicios de seguridad norteamericanos, quienes hablan del Estado judío como la Harvard del antiterrorismo”.

Bajo amenaza de la apertura importadora de control poblacional mediante represión y exterminio, la solidaridad con palestina es, entre tantas otras cosas, un socorro mutuo.