La relación con el gobierno está muy dañada, los balances de las empresas argentinas muestran los peores números en muchas décadas, es necesario recrear el mercado interno como condición necesaria para cualquier programa económico. En base a esas tres premisas y a los canales de diálogo que se abrieron a partir de fines del año pasado, los popes de la industria argentina dejaron de ver con malos ojos la posibilidad de un tercer mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

En off the record son muchos los que aceptan aquello de que “con CFK estábamos mejor”; cada vez más se animan a decirlo en voz alta. El vínculo con la ex mandataria, tenso en los últimos años de su gobierno, hoy pasa por una etapa expectante. Un par de empresarios de primera línea se vieron cara a cara con ella; varios otros interlocutaron con Axel Kicillof. Todos se llevaron la misma impresión: la distancia política es mucho menor a la que existe hoy con Mauricio Macri.

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Ayer el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, fue directo en ese sentido: “Entre Macri, Lavagna y Cristina, me quedo con Cristina”, aseguró. El ex ministro de Economía había despertado el entusiasmo de un sector del empresariado pero entre las encuestas que no le dan lo esperado y sus propios vaivenes, esa excitación dejó paso al desencanto. La semana pasada, Luis Betnaza, de Techint, lo dejó claro: “No hay escenario para tres, es Macri o Cristina”. La sombra de los cuadernos también sobrevuela el vínculo con el mandatario.

Los anuncios del miércoles no ayudaron a distender la situación. Si bien los empresarios reconocen que las medidas pueden funcionar como un paliativo en el corto plazo, sospechan de las intenciones electoralistas y critican la falta de una perspectiva de largo plazo. Además, desconfían de la palabra de sus interlocutores oficiales: la demora en la presentación de este plan de contingencia se debió, en gran parte, a la dificultad de compatibilizar las necesidades del gobierno con las posibilidades del sector privado.

Así las cosas, desde el Instituto Patria buscan por un lado allanar el camino a acuerdos que permitan retomar la gobernabilidad en un eventual regreso al gobierno a partir de diciembre; por otro, esperan que con el avance del año electoral y el comienzo de la campaña la aprobación silenciosa se transforme en un apoyo público que ayude a revertir la imagen antisistema que desde el oficialismo buscan endilgarle a la senadora. Es un proceso gradual, pero de ambas partes están satisfechas con los primeros pasos dados.