El ritual del café en Buenos Aires está viviendo una metamorfosis. Ya no se trata solo de un cortado para despertar o un espresso después de almorzar; ahora, el pocillo se mide en gramos de proteína. El responsable es el "profee", un término que fusiona proteína y café, y que ha colonizado los feeds de TikTok antes de dar el salto definitivo a las barras de los bares locales.
La tendencia tiene una raíz clara, la cultura "gymbro". Aquellos entusiastas del entrenamiento que buscan optimizar cada ingesta de macronutrientes encontraron en el café el vehículo perfecto para su suplementación. Lo que comenzó como un hábito casero, mezclar el café de la mañana con proteína en polvo de suero de leche o vegetal, se trasladó a las cafeterías. Al principio, los clientes pedían su bebida y añadían el suplemento por su cuenta, un fenómeno que dio origen al término informal “broistas”, una cruza entre el barista tradicional y el atleta de gimnasio.
De experimento de redes a producto de menú
La industria no tardó en reaccionar. Ante la demanda de bebidas que no solo den energía por la cafeína, sino que también favorezcan la recuperación muscular, grandes cadenas internacionales ya han marcado el camino. A principios de 2024, firmas como Dutch Bros lanzaron líneas específicas de Protein Lattes con hasta 20 gramos de proteína y sin azúcares añadidos.
En Buenos Aires, este movimiento se acopla al auge de los productos “high protein” que ya inundan las góndolas de los supermercados en forma de yogures, panes y postres. Las cafeterías de especialidad de Palermo y Belgrano empiezan a ver en el "profee" una oportunidad para captar a un público que busca funcionalidad en cada sorbo.
