Ni calefactor ni estufa: el truco que usaban los abuelos para mantener el calor en las casas durante el invierno

Antes de la calefacción moderna, muchas familias utilizaban trucos caseros para conservar el calor dentro del hogar.

06 de junio, 2026 | 21.17

Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas personas buscan formas de mantener la casa cálida sin que el consumo de gas o electricidad se dispare. Aunque hoy existen estufas, calefactores y sistemas de climatización cada vez más eficientes, décadas atrás las familias recurrían a otros métodos para atravesar el invierno.

Mucho antes de que la calefacción se volviera habitual, los hogares utilizaban trucos sencillos para conservar el calor en los ambientes. Algunos de esos hábitos todavía siguen vigentes y pueden ayudar a mejorar la temperatura de una vivienda sin necesidad de realizar grandes gastos.

Hay varias maneras de mantener cálido el hogar sin calefacción.

El truco que usaban los abuelos para mantener el calor

Uno de los métodos más comunes consistía en aislar puertas y ventanas para evitar que el aire frío ingresara a la vivienda y que el calor acumulado escapara hacia el exterior.

Para lograrlo, era habitual colocar burletes caseros, telas gruesas, mantas enrolladas o incluso trapos en la parte inferior de las puertas. También se utilizaban cortinas pesadas que ayudaban a reducir las corrientes de aire provenientes de las ventanas.

Básicamente, en lugar de generar más calor, se buscaba conservar el que ya existía dentro de la casa. De esta manera, cualquier fuente de calefacción resultaba más eficiente y los ambientes permanecían templados durante más tiempo.

De hecho, gran parte de las pérdidas de calor en invierno se producen a través de puertas, ventanas y otras aberturas que no cuentan con un sellado adecuado. Por ese motivo, especialistas en eficiencia energética suelen recomendar la instalación de burletes y el uso de cortinas gruesas como complemento de la calefacción.

Por otro lado, además de mejorar el aislamiento, era frecuente concentrar las actividades diarias en los ambientes más cálidos de la casa para evitar calefaccionar habitaciones que no se utilizaban.

También se aprovechaba la entrada del sol durante las horas de luz, manteniendo abiertas las cortinas y persianas para captar el calor natural. Una vez caída la tarde, las ventanas se cerraban para conservar la temperatura acumulada.

En momentos donde las tarifas son altas y los salarios son cada vez más bajos, estos trucos caseros tan simples pueden marcar la diferencia. Lo ideal es poder acceder a una buena calefacción, pero si esto no es posible, existen alternativas económicas para no pasarla mal en el invierno.