Ecos de la pandemia: boom de apertura de vinerías y consumo en Rosario

Fue un fenómeno durante el encierro y se sostuvo en la nueva normalidad. Ya abrieron 200 locales especializados y le gana clientes a las birrerías.

24 de noviembre, 2021 | 18.37

El vino fue todo un auge durante la pandemia, en la que incrementó su consumo y le ganó clientes a la cerveza. Pero además de una tendencia de consumo, es un fenómeno comercial, y en el marco de una tibia reactivación económica es uno de los rubros que hace punta en apertura de locales nuevos en Rosario, donde en algunas zonas ya hay una vinoteca por manzana. 

Lo cierto es que este año, cuando comenzaron a ocuparse nuevamente los locales tras lo peor del COVID-19, en cada barrio de la ciudad se montaron negocios especializados en la temática y ya son 200. Según datos de Habilitaciones de la Municipalidad, 98 son estrictamente vinerías, y unas 100 tienen otros rubros principales o están combinados con carnicería, fiambrería, almacén y minimarket. Si se le suman los supermercados y autoservicios, lugares donde se compró históricamente la bebida, el total arroja unas 460 bocas de expendio.

La cuarentena más dura disparó en 2020 la venta del vino en Argentina, llegando a un consumo per cápita de 21 litros, 5,6 por ciento arriba de 2019. La mayoría de las bodegas tuvo un auge muy grande de ventas y faltó mercadería para reponer, porque se rompieron todos los stocks. Fue una situación excepcional que se disparó durante el primer encierro, pero luego se sostuvo en 2021. Los números de este año se conocerán en diciembre.

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Una de las claves es que se trata de un rubro que permite poner un pequeño comercio de barrio sin una gran inversión de arranque, y se estima que gran parte de los que aparecieron son producto de indemnizaciones. La industria ayuda financiando, ya que la mercadería se paga cuando se repone, no al llevarla, con planes de pago que pueden llegar a los 120 días de plazo. Sin embargo, las bodegas importantes no están abriendo cuentas a vinotecas pequeñas, y tratan de focalizar la venta a través de mayoristas, por lo que no es tan fácil llegar a ellas como hace unos años.

También aparecieron emprendedores que venden vino desde la casa, a través de un WhatsApp o e-commerce.

Comercial

El buen momento del vino ya lleva años, con nuevas bodegas que han salido al mercado y un grueso de personas que se volcó a su consumo, incluso los millennials (nacidos entre 1981 y 1996) que encontraron una bebida para disfrutar acompañados o solos, un formato que incorporó también la cuarentena para alivianar el encierro. "De los tres grandes lugares donde se tomaba vino, que es en un bar o restaurante, un hotel y el hogar, los dos primeros estaban cerrados, por lo que se elevó el consumo doméstico no solo en las cenas, sino también en el almuerzo", reveló Lelio Zeno, propietario de Catalunya Vins.

Al crecer la cantidad de consumidores, el rubro empezó a ser un buen negocio, y hoy en ciertas zonas de Rosario hay una vinoteca por manzana. Es que cada vez más clientes prefieren comprar en el comercio especializado y no en el supermercado, como antes. Pero también se modificó el formato de consumo: "Antes se compraba por caja, para guardar o añejar, pero por la situación económica ahora muchos vecinos van comprar lo que quieren consumir en el día", aporta Zeno, que está hace 11 años en el sector.

El dueño de Catalunya Vins detalló que actualmente los consumidores "buscan salir de las marcas convencionales, y quieren bodegas boutique de pequeños productores, o enólogos que han dejado grandes proyectos para emprender un camino propio de menor producción, "aclaró. Además, reveló que intentan innovar también con las regiones, incluyendo no solo de la zona cuyana, como Mendoza o San Juan, sino del norte como Catamarca, Jujuy, Salta, y hasta Entre Ríos y la Patagonia. "Eso hace que la gente pueda descubrir diferentes estilos de vino y encontrar el perfil que prefiere", reveló.

En cuando a tendencias, el cabernet franc se consolida como tercera cepa entre los argentinos, luego del malbec que es la insignia del país y el cabernet sauvignon. "Las bodegas que no hacían carbernet franc se han volcado a plantar y producir vinos de alta gama que han ganado premios en Europa. No es tradicional, pero tiene muchísimo potencial y futuro", opinó.

Es cada vez más común que los comercios diversifiquen incluyendo charcutería, con productos de alta gama, regionales e importados como fiambres, quesos, conservas, frutos secos, aceitunas y productos enlatados como escabeches, ajíes o corazones de alcaucil, que complementan la picada y tratan de darle al cliente una experiencia de maridaje. Además, apareció el aceite de oliva como mercado de la mano del vino, ya que muchas bodegas lo están produciendo e incluso están haciendo varietales con diferentes cepas.

Consumo

Desde el punto de vista del consumidor, el del vino es un mundo con una amplia variedad, y si bien subió mucho el precio desde el año pasado, a pesar de la inflación todavía tiene opciones para todos los bolsillos: "En el super te compras un buen vino por 300 o 400 pesos. Eso lo hace accesible, y por otro lado también se impulsó la vida sibarita a raíz de la pandemia, la gente comió y bebió", sentenció Matías Jurisich, productor artesanal de bebidas alcohólicas.

En la vinería se busca el vino boutique y los productos puntuales, y en el supermercado lo que manda es el precio. "Un vino en tetrabrick (150 pesos) es un vino digno, mejor que las siguientes botellas que van de 200 a 300 pesos y son más agrestes, porque ya solo por el envase es un 50 o 60 por ciento más barato. En super por 400 y 500 pesos conseguís vinos de ingreso muy decentes. En vinerías también por ese precio y un poquito más ya arrancan con buenas estructuras, muy cuidados", detalló Jurisich, que recientemente se volvió Youtuber.

El maestro vermutero asegura que el tradicional malbec está "muy fuerte", pero también hay un público que va por cosas nuevas, también en la forma de elaboración: entre las novedades están los petnat (espumantes con producción "a la antigua"), naranjo (blanco con mayor maceración), y cofermentados (dos cepas de colores distintas). "Posiblemente esto se mantenga. Hay un consumidor con más conocimiento, cuando sabés que podés disfrutar sabores nuevos no volvés para atrás", se la juega.

Jurisich asegura que en este proceso, el vino le sacó público a la cerveza. Es que económicamente, por el precio de un pack de seis latas de birra industrial Quilmes o Brahma (unos 600 pesos) se puede comprar un gran vino tinto, y ni hablar si se compara con alguna premium o "artesanal" como Patagonia. Hay mucha diversidad de etiquetas de buenos vinos por debajo de los mil pesos: sólo se trata de probar y de buscar recomendaciones en los comercios especializados para encontrar el propio.

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