La confianza es la columna vertebral de cualquier vínculo de pareja. Cuando empieza a tambalearse por sospechas de engaño, la incertidumbre puede volverse tan dolorosa como la propia mentira.
Detectar una infidelidad no es algo sencillo: quienes engañan suelen manejar bien las reglas del juego. Pero hay señales que, analizadas en conjunto y sin apuro, pueden encender una alerta. Acá te contamos cuáles son y cómo interpretarlas sin caer en conclusiones apresuradas.
Las cifras de la infidelidad: un fenómeno en aumento
Los estudios muestran que las infidelidades están en alza, especialmente entre las mujeres. Según una investigación del Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) citada por El Confidencial, el 33% de las mujeres afirmó haber sido infiel en 2016, frente al 10% en 1970. En los hombres, el porcentaje se mantiene similar al de las mujeres, aunque con menos variación a lo largo de las décadas.
El verano, además, parece ser la estación del engaño. Un sondeo del portal Second Lives reveló que durante la época estival la búsqueda de amantes aumenta un 40%. La psicóloga Adriana Guraieb explica que en las vacaciones hay más tiempo, los cuerpos están más visibles al sol y el alcohol puede ayudar a que se comentan más infidelidades ya que deshinibe a las personas.
Las causas más comunes detrás de un engaño
No hay una única razón para ser infiel, pero los especialistas señalan tres motivos recurrentes:
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Problemas de comunicación: cuando los conflictos no se resuelven, la distancia emocional crece y alguno de los dos puede buscar afuera lo que no encuentra en casa.
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Monotonía: la rutina y el desgaste de la convivencia pueden llevar a querer recuperar la emoción con alguien nuevo.
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Diferencias en el deseo sexual: no todas las personas tienen la misma frecuencia o intensidad en sus ganas de tener sexo, y esa brecha a veces se busca saldar por afuera.
Las mujeres son cada vez más infieles: del 10% en 1970 al 33% en 2016.
Las 11 señales que podrían indicar que algo pasa
Ninguna de estas claves es infalible por sí sola. Hay que observarlas en contexto y sin prejuicios. Pero si varias se repiten, puede ser momento de prestar atención.
1. Señales visibles: manchas de pintalabios en la ropa, olor a perfume extraño, cabello despeinado al llegar del trabajo. Si ocurre una vez, puede ser casualidad. Si se repite, merece una conversación.
2. Cambio de hábitos: pasa horas en el celular antes de dormir, se muestra tenso si le preguntás con quién habla y evita responder.
3. Respuestas evasivas o contradictorias: cuando le preguntás qué hizo después del trabajo, duda, no sabe qué decir o sus explicaciones son vagas y poco espontáneas.
4. Actitud a la defensiva: si reacciona con enojo ante preguntas simples, sin que haya una acusación de por medio, puede ser una forma de ocultar algo.
5. Nuevos hobbies sin vos: de repente tiene actividades nuevas, se junta con amigos que no conocés y no te incluye en sus planes.
6. El trabajo como excusa: sale más tarde, viaja por la empresa los fines de semana o trabaja horas extra que antes no hacía.
7. Quiere estar solo: prefiere encerrarse en una habitación o salir sin compañía, más allá del espacio personal que todos necesitamos.
8. Excesiva atención al físico: empieza a vestirse mejor, va al gimnasio, usa perfume todos los días. Se comporta como al inicio del noviazgo.
9. Baja repentina del deseo sexual: si las ganas de tener intimidad disminuyen de golpe, puede deberse a que satisface ese deseo con otra persona. Igual hay que descartar estrés, problemas de salud o medicación.
10. Cambios en el lenguaje corporal: evita el contacto visual, se muestra inquieto, tartamudea o se sonroja sin motivo. El cuerpo habla, y a veces dice lo contrario de las palabras.
11. Falta de comunicación abierta: si ya no hay charlas sinceras, si los temas importantes se postergan o se evitan, el vínculo se debilita y pueden aparecer los secretos.
