"Es como mirar un tejido blando de hace 135 millones de años": el hallazgo del Conicet que cambia la ciencia

Científicos del Conicet y la UNRN descubrieron en la formación Vaca Muerta (Mendoza) fósiles de amonites que conservan el periostraco, una capa orgánica más fina que un cabello humano.

28 de mayo, 2026 | 09.38

En la formación geológica de Vaca Muerta, famosa por sus reservas de hidrocarburos, un equipo de científicos del Conicet y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) llevó adelante un hallazgo que va más allá del petróleo. Recientemente, descubrieron fósiles de amonites de 135 millones de años que conservan una delicada película orgánica nunca antes registrada en estos animales.

Se trata del periostraco, la capa más externa de la conchilla de los moluscos. En las especies actuales, esa película contiene proteínas, polisacáridos y lípidos, y es clave para la protección y la mineralización del caparazón. Pero encontrarla intacta después de tantos millones de años es, según los investigadores, “sorprendente”.

“El estudio demuestra que tejidos orgánicos extremadamente delicados pueden permanecer estables durante millones de años cuando el contexto sedimentario y diagenético resulta favorable”, explicó la geóloga Maisa Tunik, autora del estudio publicado en la revista Communications Biology.

Un trabajo de precisión milimétrica

Las piezas corresponden a dos especies de amonites: Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi. El periostraco es una película mucho más fina que un cabello humano, frágil y propensa a despegarse. “La principal dificultad surgió por la fragilidad del periostraco, que se despega y se deteriora con facilidad durante la manipulación”, señaló Martín Rogel, técnico del laboratorio del IIPG.

El equipo redujo al mínimo el contacto directo con los fósiles y utilizó técnicas no destructivas como microtomografía y microscopía electrónica. Así pudieron obtener imágenes de alta resolución sin dañar el material. Detectaron también la presencia de minerales como pirita dentro de las conchillas y diminutas marcas dejadas por nanofósiles calcáreos.

Por qué es clave este hallazgo

Los amonoideos fueron cefalópodos marinos emparentados lejanamente con los actuales nautilos. Poblaron los océanos durante unos 400 millones de años y desaparecieron junto con los dinosaurios hace 66 millones de años. Su rápida evolución y amplia distribución los convierten en fósiles guía para datar rocas y reconstruir ambientes marinos.

En Vaca Muerta, los amonites permitieron precisar la edad de las rocas del Cretácico temprano. Pero recuperar el periostraco suma una pieza nueva al rompecabezas de la biología y la fisiología de estos animales extintos.

“Desde ahora habrá que buscar de manera sistemática este tipo de biomateriales en otros fósiles y no limitar el análisis a la parte mineral de la conchilla”, planteó Rogel.

El equipo proyecta estudios bioquímicos y de ultraestructura para reconstruir con mayor detalle la historia de los mares que cubrieron la actual Patagonia hace más de 100 millones de años. La película orgánica de 135 millones de años no es solo un fósil: es una ventana a un mundo perdido.