Moria Casán no solo es una figura indiscutida del espectáculo, sino también la dueña de una majestuosa casa en Parque Leloir, una zona residencial exclusiva que ella eligió para vivir hace más de cuatro décadas. La propiedad tiene más de 300 metros cuadrados cubiertos y un extenso jardín que supera los 700 metros cuadrados, un verdadero paraíso privado que la artista disfruta y cuida con esmero.
Para llegar a este refugio, hay que adentrarse en la reserva ecológica de Parque Leloir, un espacio verde que alberga más de 400 mil árboles y que se destaca por su legado paisajístico del arquitecto francés Carlos Thays. Apodado como el “Cariló del Oeste”, este entorno natural y exclusivo fue el elegido por Moria para establecer raíces y plasmar su estilo personal en cada detalle de la casona.
El lujoso jardin de Moria Casán
El jardín de la casa es un punto destacado, con una estética que combina lo clásico y romántico con un toque exuberante. Árboles, flores y arbustos forman un paisaje natural que se integra a la perfección con la arquitectura.
La piscina climatizada, revestida con azulejos en tonos azules y con líneas curvas, está acompañada por una pérgola blanca que funciona como un living exterior al aire libre, ideal para reuniones y momentos de relax.
En el interior, el mobiliario refleja el estilo único de Moria: sillas de hierro blanco con inspiración vintage y una gran mesa de vidrio sostenida por columnas clásicas, que le dan un aire casi teatral al ambiente. Dos grandes jarrones artesanales llenos de colores y una araña de cristal colgante aportan lujo y sofisticación. Según la propia artista, “Cada ambiente de mi casa está creado como una escenografía. En todos soy yo y los siento perfectos”.
La casa también tuvo su protagonismo en la serie de Netflix que relata la vida de Moria Casán. Allí se recrean momentos importantes, desde la compra de la propiedad hasta las celebraciones familiares y escenas con Luis Vadalá, su pareja durante diez años. Incluso algunos móviles televisivos se filmaron en este escenario que es, sin dudas, un reflejo de su personalidad.
Un detalle que distingue al jardín es la decoración con pétalos de rosas rojas, blancas y rosadas distribuidos alrededor de la piscina, que le otorgan un aire romántico y glamoroso. La fachada de la casa combina colores cálidos como crema, amarillo suave y blanco, contrastando con el gris oscuro del tejado y los adoquines del camino de acceso. Las grandes aberturas vidriadas permiten una conexión visual permanente con el verde exterior y una gran entrada de luz natural.
Arquitectónicamente, la casa destaca por sus columnas clásicas con líneas verticales talladas, que evocan la antigua Grecia y aportan elegancia y un estilo señorial. El balcón con balaustrada refuerza esa estética tradicional. Además, la iluminación con faroles y luminarias estratégicas realza el jardín y los accesos durante la noche, creando un ambiente cálido y acogedor.
Un rincón especial es el espacio zen diseñado para la meditación y el relax. Decorado con almohadones blancos de telas livianas y atrapasueños artesanales, este santuario bohemio y espiritual ofrece un lugar ideal para desconectarse, leer o simplemente disfrutar de la tranquilidad que brinda el entorno natural.
La fuente de agua con inspiración romana, compuesta por tres bandejas en distintos niveles, es otro elemento que suma distinción al jardín. El movimiento constante del agua genera una sensación de calma y frescura que complementa el oasis que Moria creó en su casa.
