El 1° de este mes, la directora del Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación en Endemo-Epidemias (Cendie) del ANLIS-Malbrán y 39 trabajadores de este organismo se enteraron de que desde el día anterior (31 de marzo) estaban despedidos. Mariana Manteca, la titular y científica prestigiosa que venía desarrollando una tarea destacable, se enteró de que estaba cesante cuando se publicó el Decreto 192/26 en el Boletín Oficial, que dispuso la fusión y cierre efectivo del que era un organismo de referencia en América Latina, creado formalmente el 26 de diciembre de 1996, pero heredero de un siglo de investigaciones para el control de enfermedades como el Chagas, el dengue y la leishmaniasis.
Su cierre encubierto se da bajo la forma de una "fusión", sin transferencia de recursos, sin plan de transición y sin aviso previo a quienes lo hacían funcionar. El decreto dispuso la “absorción” del Cendie por el Instituto Nacional de Parasitología Fatala Chabén. En el papel, no se habla de "desaparición". En los hechos, los trabajadores encontraron fajas de clausura en las puertas.
“Les avisaron ex post que ya no tenían trabajo –comenta Rolando González-José, investigador superior del Conicet e integrante de la Mesa Federal de Ciencia y Tecnología, que reúne a 15 organizaciones de ese ámbito y que inmediatamente emitió una advertencia: Menos ciencia es menos salud–. Son 39 personas encuadradas dentro del 'artículo 48'; es decir, con contratos anuales que se renovaban cada tres meses, todos profesionales, biólogos, bioquímicos, veterinarios con sueldos muy deprimidos, que están arañando la línea de pobreza”.
Para entender lo que se pierde, hay que remontarse a 1926. Ese año, el médico Salvador Mazza asumió la dirección de la recién creada Misión de Estudios de Patología Regional Argentina (Mepra), con sede en Jujuy, publicó sus primeros diez casos de leishmaniasis cutánea, encontró trypanosomas en la sangre de un perro e inició sus intensos estudios sobre la enfermedad de Chagas. Desde entonces, y de manera ininterrumpida, el Estado argentino construyó una capacidad de investigación sobre enfermedades tropicales y endémicas que, con el tiempo, se convirtió en referencia para toda la región.
Situado en San Telmo (Buenos Aires) y con una unidad operativa clave en Santa María de Punilla, Córdoba (a pocos metros del escenario del Cosquín Rock), el Cendie concentraba décadas de datos, redes, equipos y capacidades. En especial, la Unidad Operativa de Vectores (Unove), con más de 40 años de trayectoria, que mantenía colonias vivas de las 40 especies de las vinchucas más importantes de América Latina, criadas en condiciones controladas por personal especializado. “Revisando los dichos del Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, en medios de comunicación, que esgrime esa clasificación tan extraña de 'ciencia que sirve' y 'ciencia que no sirve', 'ciencia buena' y 'ciencia mala', en el caso del Cendie no hay discusión: es un centro estratégico para la salud pública –destaca González-José–. Contar con un biobanco de estas características (que registra resistencia a insecticidas, carga parasitaria estimada, variabilidad genética, datos centrales para la planificación de las políticas de salud pública, prevención y tratamiento) es condición indispensable para cualquier investigación seria sobre la enfermedad, para el monitoreo de las poblaciones de vectores y para el ajuste de estrategias de control en todo el territorio. Ninguna de las investigaciones en Chagas en América Latina puede prescindir de este biobanco ejemplar. Tantas décadas de desarrollo le dieron a este centro una preeminencia única en Latinoamérica. Sin embargo, el gobierno le puso faja de clausura a partir del 2 de abril”.
El Chagas afecta a alrededor de un millón y medio de personas solo en la Argentina (cada año nacen alrededor de 1.200 a 1.300 bebés con el parásito Trypanosoma cruzi transmitido de madre a hijo), pero se estima que siete millones estarían expuestas en 19 provincias o más, porque el cambio climático está alterando la distribución de estos insectos que ya llegaron al norte de la Patagonia, donde un investigador del Centro Nacional Patagónico, Germán Cheli, las detectó en Puerto Madryn, lo que abre una serie de interrogantes científicos.
“A esa gente le están sacando el escudo protector más importante que tenía, que es la investigación que hacía el Cendie –enfatiza González-José–. Esta no es una discusión teórica, de investigadores y tecnólogos preocupados por su situación. Afecta al ciudadano ‘de a pie’, no es un reclamo sectorial, son recursos que se le quitan a la gente que está padeciendo esta enfermedad o está expuesta a padecerla”.
La Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud "Dr. Carlos G. Malbrán", creada en 1992 para nuclear centros de investigación y referencia sanitaria del país se consolidó como el principal organismo técnico del sistema de salud argentino e interlocutor reconocido en el nivel regional e internacional, especialmente en vigilancia epidemiológica, diagnóstico de enfermedades infecciosas y producción de biológicos. El Cendie era una de sus joyas. Como nota al pie, cabe subrayar que en el bioterio de Punilla quedaron unas 40.000 vinchucas vivas. “Nadie sabe hoy quién las está controlando”, afirma González-José.
El cierre del CENDIE no es un hecho aislado. Se inscribe dentro de una serie de desguaces que vienen desmantelando la estructura de la salud pública local. A fines de 2025 fue disuelto el Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMET) de Puerto Iguazú. A comienzos de 2026, no se renovaron los contratos del equipo de siete superespecialistas del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas, que había desarrollado una tarea tan reconocida que países extranjeros venían a estudiar su funcionamiento. También se eliminó la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (Anlap), se introdujeron modificaciones regresivas en obras sociales y medicina prepaga, se eliminó el Plan Remediar que proveía de medicamentos a casi 20 millones de personas sin cobertura de salud, y la Argentina se retiró de la Organización Mundial de la Salud, y más. "Estas decisiones configuran un retroceso estructural de alto impacto sanitario que debilita el rol del Estado y redefine la salud como un bien cada vez más condicionado por la lógica del mercado", concluye el documento de la Mesa Federal.
“Al subsumir el Cendie en otra estructura, sin recursos de ningún tipo, desde el gobierno quieren imponer la narrativa del ‘eficientismo’ –concluye González-José–. Encima, nos fuimos de la OMS, donde como país miembro, no solo teníamos acceso a las recomendaciones y los recursos que esta provee, sino viceversa: la nutríamos de la investigación científica que se produce en nuestro país. Así, nosotros influíamos en las agendas, objetivos y elección de líneas de investigación prioritaria. Al abandonar nuestro puesto, vamos a contramano de lo que el propio presidente Milei pregona, que es ‘integrarse al mundo’. Es exactamente al revés, nos estamos desconectando de los desafíos que tiene hoy el mundo en materia de salud”.
