El fenómeno del apoyo juvenil a La Libertad Avanza trasciende lo electoral para instalarse en una profunda disputa cultural y emocional. Según la investigación "Los sentidos de las masculinidades entre jóvenes varones votantes de Milei", elaborada por Esther Solano, Pablo Romá, Cecilia Feijoo y Guido Bonano, este apoyo se cimenta en la convergencia de dos frustraciones: la socioeconómica y la incertidumbre frente al avance de los feminismos. El estudio, basado en grupos focales realizados en siete conglomerados urbanos de Argentina, advierte que este segmento de jóvenes experimenta un "colapso del ideal masculino tradicional" que deriva en sentimientos de angustia y resentimiento.
La nostalgia por el "varón proveedor" Para los autores, el malestar de estos jóvenes está directamente vinculado a la imposibilidad de alcanzar hitos de estabilidad material, como la casa o el auto, lo que acentúa su fragilidad frente a la expectativa social de ser proveedores. Ante este escenario, surge lo que el informe denomina una “utopía reaccionaria imposible”: una idealización de la familia tradicional de sus padres y abuelos que funciona como “refugio frente a la incertidumbre del presente”. En este esquema, el hombre recupera su rol de proveedor principal y la mujer vuelve al hogar y al cuidado, un orden que estos jóvenes añoran ante la precariedad laboral actual.
Esta precariedad los lleva a ver a las mujeres como una competencia directa. Los testimonios recogidos por Solano y su equipo reflejan que muchos jóvenes consideran que las mujeres tienen una “ventaja” en el mercado laboral no por mérito, sino por ser “atractivas” o “más amables”. Esta percepción de injusticia alimenta un discurso de victimización donde el varón se siente desplazado por un sistema que, según su visión, ahora los discrimina a ellos.
La "doble vida" y el blindaje de la manósfera Uno de los hallazgos más potentes de la investigación es la fragmentación de la identidad de estos varones. Ante el temor al rechazo o al “escrache”, muchos adoptan una “doble vida”. Según los autores, los jóvenes mantienen un “yo adaptado” en espacios públicos o progresistas, mientras que resguardan su “yo auténtico” —caracterizado por opiniones conservadoras y nostálgicas— para ámbitos privados o digitales. Cuando la presión social es excesiva, recurren al soliloquio: el hábito de encerrarse a pensar solos ante la “imposibilidad de compartir vulnerabilidades” en grupos de amigos donde la debilidad es castigada.
El escape definitivo se encuentra en la “manósfera”, un ecosistema digital de influencers como Dannan, El Temach o Agustín Laje. En estos espacios, los jóvenes encuentran validación y lo que perciben como “valentía” frente a los consensos sociales. Allí, el contenido que consumen —desde consejos de autovaloración como “no rogarles a las mujeres” hasta críticas feroces al aborto— los conduce progresivamente hacia una “politización por derecha” en temas económicos y geopolíticos.
El feminismo como "desorden" y Milei como el "león" protector El rechazo al feminismo es un eje vertebrador de esta identidad. Según el estudio, los entrevistados consideran que el movimiento feminista ha “desordenado” la sociedad, provocando lo que ellos definen como “lo mismo, pero al revés”: una supuesta inversión de los roles de opresión donde el hombre es ahora el sometido. Aunque aceptan parcialmente aspectos biológicos de la Educación Sexual Integral (ESI), rechazan tajantemente lo que llaman “bajada de línea” identitaria.
En este mapa de tensiones, la figura de Javier Milei aparece como el restaurador del orden. Para sus seguidores, el presidente —apodado el “león”— encarna una masculinidad “dominante y fuerte” que proyecta autoridad. Los autores concluyen que Milei no solo ofrece estabilidad económica, sino la libertad de “decir abiertamente lo que opinan” sin miedo a la cancelación estatal. No obstante, el informe cierra con una advertencia: estos jóvenes de sectores populares podrían quedar “atrapados en una situación imposible”, donde sus aspiraciones de un pasado idealizado chocan de frente con un modelo económico que difícilmente pueda resolver sus demandas materiales.
