8M, paro internacional de mujeres: el trabajo que sostiene la vida y el paro que lo hace visible

En las asambleas que preparan el paro feminista del 9 de marzo se cruzan historias de trabajo precario, economía popular y luchas por derechos laborales. Frente a la reforma laboral y la baja de edad punible impulsadas por el gobierno de Milei, el movimiento feminista vuelve a preguntarse qué significa parar cuando el trabajo que sostiene la vida casi nunca se paga.

05 de marzo, 2026 | 21.15

Raquel se paró en el escenario del auditorio y, frente a la pequeña multitud que la escuchaba, mostró un bordado y contó una historia: la suya como sobreviviente del incendio en el taller de costura de Luis Viale, en 2006. “A veces se olvida que hay manos que cosen la ropa y son las nuestras”, dijo. Y dibujó así —como el paño que llevaba en la mano— los trabajos invisibles, los precarizados, los mal pagos, los que hacen también al cuidado y la reproducción de la vida. Los que mayormente hacen las mujeres y están en el corazón de las demandas del 8M, el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, una fecha marcada en el calendario global justamente por el incendio intencional de un taller textil en Nueva York, en 1909.

La escena sucedió en la sede de ATE Capital, en la última asamblea de preparación del paro feminista que esta vez tendrá lugar el 9 de marzo. “Porque nuestra intención es molestar, no queremos pasar desapercibidas”, dice Mikaela Polak, secretaria de género de Sipreba, el sindicato de prensa de Buenos Aires.

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“Siempre me conmueven las trabajadoras de la economía popular cuando las escucho en las asambleas, porque lo que traen nos desordena, nos obliga a pensar con otras lógicas”, agrega Polak. Obliga a “incomodarse”, como exige Georgina Orellano, secretaria general del sindicato de trabajadoras sexuales, para llamar la atención sobre esa precariedad que viven ella y sus compañeras, para quienes “parar significa perder el plato del día, dejar en banda a una compañera que sufre tuberculosis y a la que nadie más le lleva comida… cuando trabajás en la calle hablar de ‘paro’ no es lo mismo que cuando tenés trabajo formal”.

Esa misma tensión que atravesó la breve discusión pública sobre la ley de reforma laboral —aprobada en tiempo récord, sin que el Poder Ejecutivo habilitara un debate social amplio— es la que late desde 2017 en estas asambleas feministas y transfeministas, cuando el recordatorio por el Día Internacional de la Mujer se transformó en un llamado a la huelga internacional feminista. ¿Qué se detiene cuando paran las mujeres y las disidencias sexuales? ¿Se puede llamar al paro cuando el 30 por ciento de ellxs se gana la vida en la economía popular, sin salario ni vacaciones ni aguinaldo y con la carga de las tareas de cuidado sobre las espaldas?

Se puede. Se puede tomar el tiempo para que la pregunta reformule qué se considera trabajo, cuál se paga y cuál no —y exige ser reformulado, remunerado, al menos repartido—. Ahora, a casi diez años de aquel llamado a la huelga internacional, la pregunta insiste. ¿Cómo afecta una reforma laboral destinada a abaratar los costos patronales para precarizar y despedir a quienes ya están del todo precarizadas?

“Siempre nos va a ir peor a las trabajadoras informales si les va mal a quienes tienen salario”, responde rápido una trabajadora de casas particulares, referente de UTEP.

“¿A dónde vamos a exigir el cupo laboral trans si se destruye todo el sistema laboral?”, aporta Sher Lescano, trava-jadora —como quiso nombrarse cuando le tocó intervenir en la asamblea—, haciendo una pausa larga para que no se le escapara a nadie el juego de palabras.

Sher irrumpió en el auditorio junto con otro grupo de personas trans y travestis que reclamaron ser tenidas en cuenta en su particular dificultad de acceso al trabajo al momento de sintetizar las demandas colectivas. Llevaban también la foto de Zoe García, asesinada en febrero de 2023 en el barrio de Balvanera, una referente del Hotel Gondolín, constructora del cupo laboral trans; el juicio por su asesinato comenzará este marzo.

En el grupo estaba también Say Sacayán, hermano de Diana, lidereza travesti, indígena y piquetera asesinada en 2015. “Era trabajadora de prensa —sumó Say—, yo guardo su carné del sindicato”.

“En la construcción del paro y la movilización transfeminista que haremos el 9 de marzo son fundamentales las asambleas porque abren espacio para poner en palabras nuestra decisión de no resignarnos frente a una política que pretende reducir nuestras vidas a la esclavitud”, dice Yamile Socolovsky, secretaria de géneros de la CTA-T.

A pocos días de haberse sancionado la reforma laboral y la baja de edad punible —dos componentes centrales de esa estrategia brutal de disciplinamiento social que impulsan los sectores dominantes a través del gobierno de Milei— es fundamental que nos hayamos dado el espacio para seguir denunciando todas las situaciones de agravio a los derechos y la dignidad de la mayoría trabajadora, pero también para reafirmar nuestra voluntad de lucha y convocar a la rebeldía como respuesta política colectiva”, insiste Yamile, con la decisión de interpelar también al propio campo popular y a las organizaciones formales y sus prácticas políticas, cuya ausencia frente al Congreso —mientras se aprobaba la ley de expropiación del tiempo y la vida de trabajadores y trabajadoras— se sigue sintiendo.

Pero lo que sostiene la red transfeminista de cara a un nuevo paro feminista es la voluntad de unirse en la lucha, de tejer un entramado común entre los conflictos: desde el Hospital Garrahan hasta los colectivos de personas con discapacidad y sus familias; desde las recicladoras hasta las trabajadoras de prensa; desde la denuncia de la completa desarticulación de las políticas destinadas a la prevención de la violencia de género hasta la falta de infraestructura para jardines de primera infancia y espacios de cuidado colectivo.

¿Quién acompaña ahora a quienes deciden ponerse a salvo de la violencia machista que encuentra campo fértil en los hogares cerrados y se agudiza con la precarización laboral y la necesidad de endeudarse para sostener el día a día?

“En los hogares donde las tareas de cuidado se suman —porque hay niños o niñas y además personas mayores o con alguna discapacidad— las deudas aumentan exponencialmente”, dice Flora Partenio, integrante de la Asociación Argentina para la Investigación en Historia de las Mujeres y Estudios de Género.

Estos matices narran un paro feminista. Y por eso la marcha va a irrumpir el lunes desde Plaza de Mayo hacia el Congreso, donde se votaron las leyes que deterioran todavía más la vida en común: la ley de reforma laboral y la de baja de edad punible, un tándem que expone un Estado que, a la vez que descuida y quita recursos a las clases trabajadoras, amenaza con el castigo penal apenas los adolescentes empiezan a convertirse en tales.

Con la ley que aún no pudieron sancionar es con la que modifica la ya existente sobre protección de glaciares, que no deja de estar en relación con las anteriores por la lógica de transferencia de recursos de las clases trabajadoras hacia los capitales concentrados.

Por eso no pudo ser más oportuna la apertura de la asamblea con el recordatorio del asesinato de Berta Cáceres, a quien homenajeó el colectivo Ni Una Menos, citando a la vez el internacionalismo de esta fecha que se enfrenta a las derechas fascistas en distintos lugares del mundo.

Integrante del pueblo lenca en Honduras, Berta fue asesinada por sicarios de la empresa DESA, que buscaba interrumpir el curso del río Gualcarque con una represa que secaría las tierras de los pueblos de ese territorio.

“Berta nos convoca en estos momentos de guerras, desesperanza y retrocesos a juntarnos en alegría y a crear el mundo y la sociedad en la que queremos vivir: de respeto de los bienes comunes, de construcción colectiva y de alternativas al capitalismo, al racismo y al patriarcado”.

Se leyó en la apertura de la asamblea, la última antes del paro feminista y de la marcha que el próximo lunes recorrerá la Avenida de Mayo hasta el Congreso, desde las 16.30, para mostrar otra vez la fuerza de la unidad del movimiento feminista y transfeminista.

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Marta Dillon