Clases, consenso y coso

18 de abril, 2021 | 00.05

Los lectores de esta columna tal vez sean demasiado jóvenes para recordarlo pero hasta hace dos años la legitimidad presidencial era inmensa, al menos para nuestros medios serios. El mandatario Mauricio Macri podía evaporar la Ley de Medios por DNU, aumentar las tarifas en un 2.000%, no convocar a las paritarias docentes que estaba obligado a convocar, olvidar promesas de campaña o incluso endeudarnos con el FMI sin pasar por el Congreso, y nada de eso dejaba de ser legítimo. O para retomar una maravillosa expresión de la recordada Laurita Alonso, la ex titular de la Oficina Anticorrupción Kirchnerista, “técnicamente no era delito”. Al haber tomado la precaución de ganar las elecciones, Macri contaba con una legitimidad popular incuestionable para llevar adelante las decisiones que creyera convenientes, aún aquellas que empobrecieran a las mayorías o afectaban a las generaciones futuras.

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Era la época asombrosa en la que nuestros gobernantes podían vanagloriarse de no terminar hospitales, por ejemplo, lo que parecía emocionar a nuestros periodistas serios e incluso convocaba a la Historia a golpear a su puerta.

Con Alberto Fernández eso cambió por completo. A diferencia de su predecesor, él debe consensuar cada medida con un sinfín de interlocutores, un grupo cambiante de gobernadores, intendentes, pseudocientíficos, falsos investigadores, artistas o empresarios. Al tomar decisiones contundentes, Macri demostraba su condición de estadista. Al hacerlo en medio de una pandemia, Alberto confirma su vocación de tirano. Un tirano extraño, debemos reconocerlo, ya que según las mismas fuentes es también una marioneta de Cristina e incluso de Kicillof, lo que conforma una especie de mamushka de marionetas. Dictador y marioneta, Alberto es el tirano de Schrödinger. 

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Este veloz cambio de registro de un presidente al otro no es nuevo. Mis amigos que se dicen apolíticos, es decir, antikirchneristas, aplaudían al presidente Carlos Menem en los ‘90 ya que consideraban que la Argentina era inviable sin un líder con poder que se animara a tomar las decisiones duras pero necesarias que el país- es decir ellos mismos- reclamaba. Eso garantizaba la necesaria gobernabilidad mientras el Congreso, al menos en aquella época, era denunciado como la máquina de impedir y un hato de corruptos y burócratas. Esa visión cambió abruptamente con la llegada de Néstor y Cristina Kirchner. Mis amigos apolíticos descubrieron que en realidad la república estaba en el Congreso y un presidente fuerte sólo podía llevarnos hacia Venezuela, Formosa, Irán o el infierno que Clarín eligiera en ese momento. Es el famoso paradigma de la legitimidad fluctuante y se estudia en la Anthony Hopkins University.

Luego de los anuncios presidenciales de nuevas medidas sanitarias como respuesta al peor pico de contagios desde el inicio de la pandemia, asistimos a un nuevo Nado Sincronizado Independiente (NSI) entre Juntos por el Cambio y nuestros medios serios, dos colectivos que cada día cuesta más diferenciar. La titular del PRO convocó a una marcha frente a la Quinta de Olivos, en la que insultaron al Presidente y una mujer escupió al policía de guardia, un gesto generoso en ese diálogo y consenso que son representan la esencia de nuestra derecha. Por su lado, Laurita Alonso llamó a la desobediencia civil mientras que la ineludible Débora Plager justificaba esa desobediencia invocando el Mayo francés y la plaza de Tiananmén. Tiene razón, la competencia de otros operadores es feroz y Débora no puede quedarse atrás si aspira a mejorar sus condiciones materiales. Por otro lado, si el kirchnerismo era nazismo sin campos de concentración y el plan de vacunación era un proyecto del gobierno para envenenarnos a todos, ¿por qué 15 días de clases virtuales no justificarían un nuevo Mayo francés o una nueva Plaza de Tiananmén?

En todo caso, pese a la pasión demostrada por los medios serios y por Juntos por el Cambio, el acatamiento de las nuevas medidas sanitarias sorprendió tanto a unos como a otros. Tal vez padezcan el famoso Mal de Tony Montana: consumir la que sólo deberían vender.

Pero más allá de los resultados limitados los defensores de la libertad de contagio no bajaron los brazos. La ONG #LosConTierra se sumó a un nuevo colectivo de papis y mamis para convocar a un gran abrazo solidario de las escuelas del pueblo en contra de las clases virtuales que impulsan la vagancia, el marxismo y el narcochavismo K. Adhieren: Northlands, Esclavas, Champagnat, Belgrano Day School, Cardenal Newman... (siguen las firmas). Los organizadores aclaran que no se suspende por mal tiempo: si llueve mandá a la chica.

 

Imagen: Niños adoctrinados por las clases virtuales K (cortesía Fundación LED para el desarrollo de la Fundación LED)

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Sebastián Fernández (Rinconet)

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