Para la generación de argentinos que hoy transita sus últimos años de secundaria, la política dejó de ser una pasión o un estigma para convertirse en un ruido de fondo. Un estudio de alcance nacional entre estudiantes de entre 16 y 19 años describe que el vínculo de este sector con el debate público de “baja intensidad”: una relación intermitente, menos ritualista y más alejada del componente emocional que caracteriza a las generaciones adultas.
Esta es una de las conclusiones más fuertes del relevamiento que llevó a cabo Pulsar.UBA, el observatorio de la Universidad de Buenos Aires especializado en opinión pública. La encuesta se realizó de manera presencial en a 2.494 estudiantes y dio cuenta del escaso atractivo que despierta la política: el 51% de los jóvenes admite tener "poco interés" y un 18% manifiesta "nada de interés", sumando un 69% de desapego frente a un magro 29% que muestra curiosidad manifiesta.
A pesar de este escenario de escepticismo juvenil, el sondeo muestra que esa actitud no implica un retiro definitivo, pero sí un cambio en los modos de relacionarse con el debate político: el 79% de los jóvenes utiliza las redes sociales para informarse, mientras que la escuela quedó desplazada como fuente de información cívica, con apenas un 27% de preferencia.
El refugio en lo individual
En un escenario atravesado por una marcada crisis económica y creciente aumento del desempleo, el informe muestra que los jóvenes parecen haber construido un blindaje entre su destino personal y el rumbo colectivo del país. Mientras que el 73% cree que su situación personal y la de su familia estará "mejor o igual de bien" dentro de un año, ese optimismo cae al 54% cuando se les pregunta por el futuro de la Argentina.
Esta identidad juvenil se edifica en un horizonte individual que todavía se percibe como posible, frente a un país que les genera dudas e inquietud, pero no necesariamente una resignación total.
La política no es una frontera y el "efecto biblioteca" en el voto
A diferencia de la "grieta" adulta, para los jóvenes la política no funciona como un filtro moral ni una frontera para sus vínculos. La tolerancia es la norma:
- El 61% podría estar en pareja con alguien de ideas políticas opuestas.
- El 64% tiene amigos que piensan distinto.
- Siete de cada diez afirman no involucrarse en debates ideológicos dentro del aula.
Además, el estudio demuestra que el compromiso cívico está profundamente ligado al capital cultural del hogar. El apoyo a la democracia asciende al 63% en familias con estudios de posgrado, pero cae al 44% en hogares con instrucción primaria. A pesar del desinterés general, el 73% manifiesta su intención de votar. Sin embargo, existe un escepticismo sobre la eficacia del sistema: el 72% sostiene que "votar es importante pero no alcanza para decidir lo que pasa en el país".
