La profecía del Indio Solari y el Capitalismo sin humanos

Carlos Solari demostraba en algunas frases de notoria clarividencia que esa antena también lo conectaba con el futuro. 

06 de junio, 2026 | 21.30

El Indio era un viejo chamán. En sus propias palabras, alguien “que tenía el poder de comerse tu dolor, de absorber tus pecados a través de la semejanza, de ponerse tan loco como vos para saber qué cosas tenía que efectuar tu cura”. La definición es de una larga entrevista que le hizo Enrique Symns para la Cerdos y Peces en diciembre de 1986, un par de meses después de la salida de Oktubre.

En esa misma conversación, Carlos Solari demostraba en algunas frases de notoria clarividencia que esa antena también lo conectaba con el futuro. “Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI”, es el título de la nota, que se viralizó en las últimas horas, a partir de la noticia de su muerte. Leerla desde 2026 ilumina aspectos que él seguramente no podía conocer pero lograba sin dudas intuir.

“El hombre común tiene una noticia muy parcial de la vida, es un prejuicio que se comparte con otros. Esta convención informativa depende de la altura que se ocupe dentro de la escala de rangos de este modelo imperial-mafioso. La lectura de la realidad, entonces, depende de las terminales a las que tenés acceso. La gente termina brindando obediencia a la información que el modelo sistémico ofrece”.

“El problema actual del estado de esclavitud del hombre depende exclusivamente de su ignorancia, el desconocimiento que se tiene sobre ese orden internacional mafioso. Los capitales que sustentan el sistema son los que quedaron en pie después de la segunda guerra. La mafia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan, y que gobiernan el mundo a través de la tecnocracia”.

“La tecnología se controla a sí misma. La tecnología ha creado un ámbito que rechaza al hombre. La tecnología se ha hecho a imagen y semejanza de sí misma, no es el hombre la imagen sino otra máquina. Una máquina que resiste mejor que el hombre los cambios de presión de temperatura, el vacío, las radiaciones. El hombre va a mandar eso a explorar el universo, pero él no va a ir”.

Quizás los psicópatas sean la vanguardia de un nuevo sistema nervioso, que va a poder soportar las rígidas tensiones del orden sistémico. Son héroes urbanos potenciales que no han tenido éxito en su relación con los demás. No veo a los psicópatas como casos extremos, muchos ocupan importantes jerarquías sociales y aumenta el poder del psicópata según el lugar que ocupe en la jerarquía social”.

“Los psicópatas que bajan línea desde su cargo social ejercen más poder que el psicópata cotidiano porque se transforman en la lectura oficial de la realidad. No se puede cargar al pobre humano esclavizado con la complicidad. Ese hombre, ese pobre paranoico que se dedica full time a la emoción, está recibiendo todo el tiempo una noticia ingrata sobre el estado de las cosas”.

 

¿Qué hacer con la IA?

Esta semana el mundo tech habló de dos artículos. Uno de Anthropic, que en su posteo anunciaba: “Nuestros datos internos muestran que Claude está acelerando el desarrollo de la IA: un posible camino hacia la mejora recursiva de sí mismo, o la IA construyendo de manera autónoma un sucesor más capaz. Está sucediendo más rápido de lo que pensábamos y las implicaciones merecen mayor atención”.

El texto se pregunta explícitamente “¿Qué debemos hacer?” y dice que “si existiera la posibilidad de hacer más lento efectivamente el desarrollo de esta tecnología para darnos más tiempo para lidiar con sus inmensas implicaciones, eso será algo bueno” pero que “si bajar la velocidad simplemente permite a actores menos cautos alcanzar esa tecnología, eso causaría un riesgo para todos”.

Por lo tanto, “sin un mecanismo de coordinación global, las compañías y los gobiernos van a tener que tomar decisiones difíciles sobre seguridad bajo presión competitiva y geopolítica”. Para los desarrolladores del modelo de IA más avanzado incluso “sería bueno para el mundo tener la opción de pausar temporalmente a la IA de frontera para no quedar atrás del avance de la tecnología”.

El segundo artículo lo publicó Javier Milei en el Financial Times y dice todo lo contrario: “Argentina invita a la Inteligencia Artificial a liberarse a sí misma”. El propio presidente argentino reconoció el aporte de su ministro Federico Sturzenegger en la confección del texto. Sturzenegger es uno de los interlocutores de Peter Thiel desde que el dueño de Palantir se instaló en Buenos Aires.

 

Capitalismo sin frenos

Milei comienza y termina su artículo trazando un paralelismo de la actualidad con la fundación de la primera Compañía de Indias Orientales, en Holanda, a comienzos del siglo XVII, para justificar una serie de reformas legales. El presidente argentino propone que “la revolución industrial no fue consumada por la ingeniería sino por el derecho corporativo holandés” y que “la máquina y la entidad jurídica fueron la doble hélice”.

La comparación es acertada pero por los motivos erróneos. La “doble hélice”, para retomar una metáfora utilizada por Milei, que permitió que esas compañías (además de la holandesa estaba la británica, y luego otras) se volvieran tan poderosas y gobernaran sobre una parte considerable de la población mundial durante casi dos siglos no fueron la ingeniería y el derecho corporativo sino el Estado imperial y el Capital sin frenos.

Esa etapa de la revolución con chimeneas emanando humo negro de carbón que quedaba flotando sobre las ciudades, turnos eternos y trabajo infantil, con suburbios informales e insalubres amontonados alrededor de las fábricas, antes de que existan los sindicatos, ni los derechos, ni ninguna política de bienestar. Un sistema sin bancos centrales, sin impuestos a la renta, sin democracia…

Eso era capitalismo puro, sin contrapesos, rentista y monopólico. Y en ese ecosistema tenían un rol central las compañías, las grandes corporaciones de su época. La Compañía de Indias Orientales británica llegó a controlar la mitad del comercio mundial, tenía un ejército propio más grande que el de la corona, acuñaba moneda, cobraba impuestos, administraba justicia y declaraba la guerra y la paz.

Pero no era un Estado sino una sociedad que cotizaba en Bolsa y repartía dividendos a sus accionistas. Londres se convirtió en el primer centro financiero global gracias a la Compañía. Cuando hubo que elegir entre las ganancias y la vida de la población local, la prioridad fue evidente. En Bengala murieron diez millones de personas en una hambruna; la población local era obligada a producir opio y añil en lugar de alimentos.

Las compañías dejaron de existir a mediados del siglo XIX, envueltas en casos de genocidio y corrupción. Su herencia marcó el siglo XX y alimentó las raíces de dos guerras mundiales. Es el modelo que propone para la Argentina su presidente. De aquella experiencia en la India viene la palabra cipayo. En aquel entonces, hasta los cipayos terminaron por rebelarse. Acá por ahora, hacen con diligencia su trabajo.

 

Empresas sin humanos

El artículo en realidad es una publinota del proyecto de Ley de Sociedades que impulsan Milei y Sturzenegger (y Thiel) que permite la creación en Argentina de las DAO, Organizaciones Descentralizadas Autónomas, que es la forma de decirle a las empresas que no registran a personas humanas como titular, accionista, beneficiario ni ningún otro rol, sino que estos quedan ocupados exclusivamente por agentes de IA.

Aunque se lo vende como un gran avance tecnológico, en realidad es una novedad que facilita una serie de negocios especulativos que poco aportan al país. Por el contrario, puede habilitar nuevas formas de renuncia de soberanía. Como recuerda el abogado Pablo Serdán, especializado en esta materia, los países que ya implementaron legislación como esta son paraísos fiscales como Islas Marshall o Islas Caimán.

De acuerdo a un recuento que hizo Serdán en su cuenta de X, las DAO que ya existen en esos países se dedican a fondos de inversión, protocolos financieros, compra colectiva de activos o incluso de tierras y emisión de cuasimonedas crypto. Todas cosas que ya pueden hacerse ahora, pero que en las empresas sin humanos no habrá nadie para hacerse cargo de cualquier daño que causen.

Ya en 1979, IBM encabezaba los manuales de entrenamiento para sus computadoras con una advertencia muy clara: “Una computadora nunca puede ser considerada responsable, por lo tanto una computadora nunca debe tomar una decisión de gestión”. Es exactamente lo que discute Thiel cuando pide sacar a los humanos del circuito, como sucedió en el debate sobre el uso militar de la IA hace dos meses.

 

El futuro ya llegó. Llegó como vos no lo esperabas.

En el fondo hay una cuestión más profunda que no pagar impuestos y tener impunidad, después de todo no pagar impuestos y tener impunidad son rasgos de casta. Como la nobleza en los Imperios capitalistas del siglo XIX, los dueños del gran capital del siglo XXI no se ven a sí mismos como iguales a nosotros sino como una élite con derecho absoluto sobre sus dominios, los recursos que allí existen y la gente que los habita.

Peter Thiel es un generoso impulsor de las DAOs. El mismo que se instaló a vivir en Buenos Aires. El mismo que está proponiendo de forma explícita una transición a un mundo postdemocrático y posthumano. Que propone que no haya humanos en el circuito de la guerra. Que quiere empresas sin humanos en el circuito de los negocios. El siguiente paso es que no haya humanos en el circuito de gobierno.

El futuro del capitalismo sin trabajo y sin consumo, orientado a la guerra y la carrera tecnológica, como propone Palantir, también es sin humanos en el circuito. Máquinas producen. La guerra sostiene el esfuerzo. Un Estado/corporación gobierna a través de un régimen algorítmico. Las personas sobran, excepto quizás una pequeña élite: los que pueden disfrutar la única libertad que queda en pie: la de acumular infinitamente.

El gobierno impulsa, al mismo tiempo, otro proyecto, de “inviolabilidad de propiedad privada”. La única forma de leer eso en un país que consagra la propiedad privada en su Constitución, es como la declaración política de que ese derecho es superior a cualquier otro. Es la lógica del capital sin frenos, desencadenado, que arrasa con todo, y que siempre terminó mal.

Por eso es necesario entender el último paquete de leyes que surgieron de la Casa Rosada (sociedades, propiedad privada, la reforma de la ley de tierras para permitir la compra de grandes latifundios por parte de extranjeros, el super RIGI que enajena la jurisdicción para litigar contra esos capitales) como una sola cosa, que prepara el terreno para entregar el país a los experimentos del capitalismo algorítmico.

La lógica del capital entiende solamente un lenguaje: el de la acumulación y la concentración. No fomenta la competencia, es monopolista. Ahora quiere instaurar ese monopolio en el ámbito social y político, para imponer su dominio sobre todo el continente. La doble hélice del Estado imperial y el Capital sin frenos quieren establecer, desde la Argentina, el Tecnato del Fin del Mundo.