País primarizado: Todas las provincias perdieron empresas y empleo privado, salvo la Neuquén de Vaca Muerta

Un informe de Equilibra muestra que desde 2023 cerraron empresas y cayó el empleo privado formal en todo el país, a excepción de Neuquén. El deterioro productivo y laboral ya se siente en las economías provinciales.

05 de marzo, 2026 | 23.13

Todas las provincias del país sufrieron el cierre de empresas desde 2023 hasta noviembre pasado, según un estudio de la consultora Equilibra basado en datos oficiales. La única excepción fue Neuquén, que gracias al boom de Vaca Muerta y del sector hidrocarburífero logró aumentar un 1,8% la cantidad de firmas. De la mano de esta tendencia, las provincias también padecieron una fuerte caída del empleo privado formal, con picos especialmente marcados en distritos del norte y del sur del país. Ese modelo económico que muchos gobernadores avalan a través de sus legisladores en el Congreso es, al mismo tiempo, el que está empujando a varias provincias hacia una situación crítica, con protestas sociales que comienzan a hacerse cada vez más visibles.

 

El rojo de alarma es el que colorea el mapa de las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, con la única excepción de la “isla” que representa Neuquén. En materia de empresas, las caídas más pronunciadas se registraron en el norte del país: Misiones (-10,3%), La Rioja (-9,6%) y Chaco (-9,2%). En la región central, de mayor peso industrial, Córdoba perdió el 7,4% de sus empresas, Santa Fe el 5% y la provincia de Buenos Aires el 3,8%. Un panorama desolador que contrasta con el país de ensueño que buscó mostrar el presidente Javier Milei en su mensaje de apertura de sesiones del domingo pasado, matizado además por una serie de insultos dirigidos a la oposición política.

Como era previsible, a la pérdida de empresas se suma también la caída del empleo privado formal. Las bajas más pronunciadas se registraron en los dos extremos del país: Formosa en el norte (-18,5%) y Santa Cruz en el sur (-16,3%). También mostraron descensos de dos dígitos La Rioja (-15%), Tierra del Fuego (-12,9%) y Chaco (-11,4%). En contraste, Neuquén logró incrementar el empleo formal un 7%, mientras que la vecina Río Negro apenas registró una leve suba del 0,4%, también favorecida por la expansión de la actividad hidrocarburífera.

A partir de este año comenzará a verse en las estadísticas una disociación entre crecimiento del PBI y generación de empleo que no tiene antecedentes en el país. El fenómeno se explica porque los sectores que más se expanden -hidrocarburos, minería, agro e intermediación financiera- tienen una baja capacidad de generación de puestos de trabajo. “La economía crece, pero se destruye el buen empleo”, señala el informe de la consultora Equilibra, acompañado por un gráfico que muestra el aumento de la producción en paralelo con la caída mensual del empleo formal de calidad. En contrapartida, los sectores más intensivos en mano de obra -como la pesca, la construcción, la industria y el comercio- exhiben retrocesos.

 La comparación entre el tercer trimestre de 2023 y el de 2025 muestra con claridad esa pérdida de empleo de calidad, que es reemplazado por modalidades más precarias como el monotributo y el trabajo por cuenta propia. Mientras se registró una caída de unos 270.000 puestos de asalariados en blanco, el número de cuentapropistas creció en alrededor de 600.000. El resultado es una aparente baja de la desocupación que, en los hechos, encubre un proceso de pauperización del mercado laboral y de deterioro del empleo tal como se lo conocía en la Argentina.

Lo llamativo es que la mayoría de los gobernadores respalde este modelo, cuyas consecuencias impactan directamente sobre las economías provinciales. Un informe publicado este miércoles por El Destape advirtió, por ejemplo, sobre la pérdida de cerca de un billón de pesos en fondos coparticipables para las provincias. Las tensiones ya empiezan a verse en la calle. En los últimos días, el paro nacional docente tuvo réplicas en distintas provincias y se multiplican las protestas de fuerzas de seguridad que rechazan las mínimas propuestas de aumento salarial que reciben de las administraciones provinciales.

El resultado empieza a delinear una escena incómoda para los gobernadores: respaldan en el Congreso un modelo que luego deben administrar en sus provincias. Con menos empresas, empleo más precario y recursos fiscales en retroceso, el costo político de ese apoyo podría comenzar a sentirse más temprano que tarde.