Dónde queda Molinos, la segunda localidad de Argentina con más tierras en manos de extranjeros

Junto con San Carlos, el pueblo encabeza los territorios con más del 50% de sus tierras rurales en manos de propietarios extranjeros. Cómo es el rincón argentino.

04 de agosto, 2026 | 14.54

El debate por la derogación de la Ley de Tierras en el Congreso puso los ojos sobre el suelo argentino que está en manos de extranjeros. Entre los sitios con mayor cantidad de hectáreas extranjerizadas se encuentra Molinos, una localidad del norte donde casi el 58% del territorio pertenece a dueños foráneos. 

En detalle, la Ley Tierras Rurales 26.737, todavía vigente, establece un límite del 15% de extranjerización a nivel nacional, provincial y departamental, con un máximo del 30% para ciudadanos de un mismo país, pero como esos límites no se aplicaron de manera retroactiva en algunos rincones de Argentina, el tope fue superado.

A dónde queda Molinos, la segunda localidad de Argentina con más tierras en manos extranjeras

Molinos es una pequeña localidad ubicada en el corazón de los Valles Calchaquíes, al sudoeste de la provincia de Salta. El sitio limita al norte con el municipio de Cachi y al sur con Angastaco. Situado a 2.220 metros sobre el nivel del mar, es la segunda localidad argentina con más tierra en manos foráneas: el 57,79% del territorio le pertenece a extranjeros, de acuerdo al informe del Gobierno nacional de extranjerización por departamento.

En detalle, la superficie de tierras rurales de Molinos es de 359.894,00 (Ha), mientras que la cantidad de tierras que pertenecen a propietarios o inversores extranjeros es de 207.985,80 (Ha). El fenómeno responde en gran medida a la adquisición de históricas fincas y viñedos de altura por parte de grupos internacionales que encontraron en su clima desértico y suelo fértil un enclave único para la vitivinicultura de alta gama.

Molinos: los secretos y curiosidades del pequeño pueblo salteño

Ubicado sobre el mítico trazado de la Ruta 40, Molinos se erige como una postal viva donde la historia colonial y la inmensidad de la alta montaña convergen. Este pintoresco rincón salteño está conformado por los parajes de Humanao, El Churcal, La Angostura, Tomuco, Colome, Amaicha, Tacuil, Gualfin, La Aguadita.

La riqueza patrimonial del pueblo se respira al recorrer sus calles de tierra y construcciones de adobe. Frente a la plaza principal se alza la Iglesia San Pedro Nolasco, declarada Monumento Histórico Nacional por su arquitectura de adobe blanco y techos estructurados en madera de cardón. En su interior descansan los restos momificados de Nicolás Severo de Isasmendi, el último gobernador realista de Salta.

A pocos metros, se puede ver la histórica casona del prócer Indalecio Gómez —coautor de la ley de voto universal, secreto y obligatorio— funciona hoy como un centro de interpretación que rescata el valor cívico del municipio.

Solo con traspasar los límites del casco urbano, la naturaleza vallista despliega atractivos que combinan ciencia, aventura y mitología local. A más de 2.700 metros sobre el nivel del mar se encuentra la Laguna del Brealito, un imponente espejo de agua de origen sísmico rodeado de sierras multicolores, ideal para el senderismo, la fotografía y la pesca de pejerrey. Este paraje está envuelto en populares relatos locales que aseguran que el río "no tiene fondo" o que se conecta de forma subterránea con el océano.

Para los turistas, el pueblo tiene una amplia oferta de enoturismo, ya que cuenta con la emblemática Bodega Colomé. Fundada en el siglo XIX, alberga algunos de los viñedos plantados a mayor altitud en el mundo, superando holgadamente los 3.000 metros de elevación. Sus recorridos por las fincas y las degustaciones de varietales maridados con gastronomía regional permiten comprender cómo la amplitud térmica extrema y la radiación solar otorgan un carácter singular a las uvas vallistas, posicionando a la localidad a nivel internacional. 

El pueblo cuenta, además, con la antigua residencia de la familia Isasmendi, convertida en hotel histórico que invita a descansar bajo sus pimenteros centenarios y probar platos típicos en su restaurante colonial. Es un espacio ideal para los aficionados del senderismo y la historia precolombina, los alrededores ofrecen caminatas hacia las Ruinas de El Churcal o el ascenso al Cerro Overo, desde donde se obtiene una panorámica privilegiada de la confluencia de los ríos Humanao y Luracatao que dieron origen a este oasis salteño.