Pasaron 43 años del inicio de uno de los momentos más trágicos de nuestra historia, el golpe cívico- militar de 1976. Gracias a la incansable lucha de organismos de derechos humanos, militantes y académicos, entre otros, sabemos que no fue solamente la implantación del terrorismo de estado, sino también la implantación de un modelo económico que provocó la transformación estructural de la economía Argentina.

En ese sentido, a partir de 1976 ni el poder adquisitivo de los y las trabajadores, ni la producción industrial, volvieron a los niveles alcanzados previo al golpe. Además gracias a la reforma financiera (1977), política fundamental para la implantación de ese modelo económico,se facilitó la generalización de mecanismos de valorización de capital que corrieron dejaron a la industria en un lugar secundario. Lo que se dio fue la conformación de un nuevo régimen social de acumulación.

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Sin embargo, si hablamos de transformación económica, hablamos de transformación política económica y por tanto ideológica. La dictadura no generó, solamente, desindustrialización y endeudamiento. También fue creativa. Creó nuevos actores, nuevas identidades y por tanto un nuevo Estado. Como señaló Aldo Ferrer en “La construcción del Estado neoliberal”, con la dictadura se dio inicio a la primera etapa de formación del estado neoliberal que se ajustó a los principios de maniatar al Estado y reducir, al máximo, la libertad de maniobra de las políticas públicas que no persiguen las “reformas estructurales” neoliberales.

Durante esa etapa los instrumentos fundamentales de la formación de ese Estado fueron la desregulación financiera y la apreciación del tipo de cambio. Como se mencionó anteriormente, la desindustrialización fracturó cadenas de valor, afectó particularmente a las pequeñas y medianas empresas, aumentó el desempleo y aumentó la desigualdad en la distribución del ingreso. Pero (reitero) la transformación no se quedó ahí.

Lo que se implantó y se sigue implantando , sobre todo, durante el gobierno de Mauricio Macri es la suposición de que las libertades individuales se garantizan gracias a las libertades de mercado y comercio. Según indicó David Harvey en “Breve historia del neoliberalismo”, el Estado neoliberal debería favorecer unos fuertes derechos de propiedad privada individual, el imperio de la ley, y las instituciones del libre mercado y del libre comercio.

Desde esta perspectiva, cada individuo es responsable y debe responder por sus acciones y por su bienestar. De esta manera, el éxito o fracaso son interpretados en términos de virtudes empresariales o de fallos personales. Tal como explicó Jorge Alemán en “Horizontes neoliberales en la subjetividad”, con el neoliberalismo se buscó y se busca crear sujetos que deben ser empresarios de sí pero además deudores. “Las deudas, tanto la soberana, como la privada, como la pública, son las nuevas formas de subjetivizar al sujeto en la época neoliberal del Capital”.

Volvamos. Pasaron 43 años del Golpe. Pasaron 43 años del inicio de esta transformación estructural de la economía del país y sobre todo de la subjetividad de los que habitamos este suelo ¿Qué pasa hoy?

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“Hay que poner el hombro, hay que remar un poco más porque de todo lo que se heredó no se sale de un día para el otro, sin llorarla, pero convencidos de que estamos en el lugar correcto, en la hora indicada, porque somos la generación que vino a cambiar la historia para siempre", dijo Macri la semana anterior durante un encuentro con funcionarios en el Centro Cultural Kirchner.

¿Sin llorarla? ¿Qué significa eso? ¿Somos los responsables de que ningún índice económico sea positivo? ¿De que la inflación y el endeudamiento llegue a niveles récord? ¿De que el desempleo esté cada vez más cerca de los dos dígitos? La segunda etapa de la profundización del estado neoliberal, según Ferrer fue durante el 2001. Desde el inicio de Cambiemos todo indicaría que estamos en la tercer etapa. Responsables del desastre tendremos que pagar la (supuesta) fiesta de los doce años kirchneristas. Cada uno individualmente debe organizar su vida como una empresa de rendimiento y asegurarse de no gastar, ni derrochar de más porque la fiesta no es para todos, solo para unos bien pocos.