El clima mundialista no se vive solo dentro de la cancha. En las coberturas de ESPN para el Mundial 2026, los estudios al aire libre también dejan sus perlitas, y la última la protagonizaron Diego Latorre y Mariano Closs durante una transmisión desde una terraza en Kansas, la ciudad donde la Selección Argentina hizo su debut.
Una dupla que va más allá del relato
No es la primera vez que Latorre y Closs protagonizan un ida y vuelta que se viraliza. La dupla, una de las más reconocidas de la televisión deportiva argentina, comparte transmisiones desde hace años, primero en Fox y luego en ESPN, y construyó un vínculo que combina el análisis serio con las chicanas constantes. En esta Copa del Mundo, ese costado humano vuelve a quedar en primer plano cada vez que las cámaras los toman fuera del relato.
Todo se dio en pleno programa. De un momento a otro, una ráfaga de viento fuerte irrumpió en el set montado al aire libre y empezó a volar todo lo que encontraba a su paso. Lo más afectado, claro, fue la cabellera de los dos referentes de la señal, que quedaron despeinados frente a las cámaras. La escena, mezcla de incomodidad y humor, no pasó desapercibida para sus compañeros.
La chicana desde el estudio
Desde el piso, atentos a lo que ocurría en Estados Unidos, los panelistas no se quedaron callados. Fue Juan Simón quien tiró la primera: lanzó un chiste sobre que, con semejante viento, a la dupla se le estaban "volando las chapas", en alusión directa al pelo de ambos. El comentario abrió la puerta para que Latorre, lejos de ofenderse, le siguiera el juego.
Y ahí llegó la respuesta que se volvió la frase de la jornada. Latorre no solo aceptó la broma, sino que la redobló incluyéndose a sí mismo y a su compañero: "Se vuelan las chapas, las pocas que quedan", devolvió, en referencia a que tanto él como Closs ya no tienen demasiado pelo para volar.
La autocrítica, con la complicidad de siempre, desató las risas y dejó otra muestra de la química que la dupla histórica de ESPN traslada del relato al detrás de escena. Como quedó claro en Kansas, ni el viento les saca la sonrisa.
