Aquí van los nombres de los jugadores sudamericanos presentes en la final de Champions el último sábado en Budapest: en la zaga central del campeón PSG el capitán Marquinhos (Brasil) y Willian Pacho (Colombia). Y en la defensa de Arsenal Christian Mosquera (Colombia), Gabriel Magalhaes (Brasil) y Piero Hincapié (Ecuador), más el atacante Gabriel Martinelli (Brasil) que entró luego. Los analistas europeos coinciden en que, luego de PSG y Arsenal, hubo otros tres grandes equipos entre los mejores de la temporada, más allá de su clasificación final en la Champions. En el primero, Bayern Munich, brilla Luis Díaz (Colombia), en Barcelona están Ronald Araújo (Uruguay) y el capitán Raphina (Brasil). Y en Manchester City, último equipo en esta pequeña lista de la élite, está Savinho (Brasil). No hay argentinos, pues, en los considerados cinco mejores equipos del mundo.
En Real Madrid, al que podríamos sumar por historia y prestigios eternos, están Vinicius, Rodrygo y Eder Militao (Brasil) y Federico Valverde (Uruguay). Es cierto, ahí sí tenemos a Franco Mastantuono, pero su temporada, de inicio ruidoso, terminó siendo tan anónima que Lionel Scaloni ni siquiera lo incluyó en la lista de 26 mundialistas. Acaso el argentino que más brilló especialmente estos dos últimos meses en el Aston Villa de Dibu Martínez (campeón de Liga de Europa y cuarto en la Premier League) fue Emiliano Buendía. Goles y asistencias decisivas. Pura energía para el equipo cada vez que entró en juego. Pero él tampoco quedó entre los 26.
En su lugar, en un rol que tiene ya a Thiago Almada y Nico Paz, Scaloni eligió a Giovanni Lo Celso. Fue algo así como quedarse con la seguridad del viejo conocido (aunque de presente dañado por una lesión, suplencia en Betis), antes que el riesgo supuesto de la novedad de Buendía. ¿Y Marcos Senesi, elegido mejor jugador de la temporada en el Bournemouth y con trasferencia casi confirmada al Tottenham del Cuti Romero? Podría decirse que sorprendió también la exclusión de Marcos Acuña, de formidable levantada en River. Pero, como sea, no podemos hablar de “ausencias polémicas”, como sí hubo en las listas de Mundiales anteriores. Además, siempre está la decisión del DT para elegir no solo a los mejores, sino a los que mejor juegan juntos. Un grupo que, como vemos, acaso no tiene a los principales cracks del momento (¿Julián Alvarez sería una excepción?), pero sí tal vez a esos que se potencian cuando se juntan. Consolidar un grupo, dentro y fuera de la cancha. Como Scaloni ya hizo en Qatar. Un “vestuario” que él ve mejor que nadie.
Preservar al grupo, eventuales injusticias incluídas, suele ser prioritario en cada convocatoria mundialista, pero tal vez más cuando con ese mismo grupo se ganó el Mundial previo. Aunque se la niegue, puede quedar algo así como una deuda mutua. “Ganamos todos juntos, defenderemos la Copa todos juntos”. O “estos nos trajeron hasta aquí, con ellos me quedo”. César Menotti llevó a medio plantel nuevo a España 82, gran cambio, es cierto, pero pecó de conservadurismo cuando para el debut ante Bélgica alineó a casi el mismo equipo que había ganado el Mundial 78 (las únicas excepciones fueron Diego Maradona y Ramón Díaz). Carlos Bilardo fue aún más drástico. Llevó a Italia 90 a solo siete campeones de México 86, pero Diego Maradona no llegó en la misma forma física. Y, con el 10 a medias, la selección, si bien finalista, y casi a minutos de un eventual bi, estuvo a años luz de lucir sólida y efectiva. Avanzó gracias a Sergio Goycochea ataja-penales.
El rendimiento de la selección de Scaloni para este Mundial asoma incierto, porque nadie repitió antes tantos campeones (17). Y porque esos campeones (Leo Messi incluído) tienen todos cuatro años más, mayor experiencia por un lado, más desgaste físico por otro. No es casual que muchos de ellos llegarán con lo justo al Mundial (Messi, Dibu, Cuti Romero y Nahuel Molina entre otros). Qatar y las dos últimas Copas América son garantía, es cierto. Pero el fútbol es presente. ¿No decimos acaso que para ganar un Mundial no es necesario ser “la mejor selección”, sino la que mejor juegue los siete (ahora ocho) partidos hasta llegar al título? ¿Alcanzará la sangre nueva de Valentín Barco, Nico Paz y Giuliano Simeone si falta fútbol en el inicio? ¿Compensará la calidad en ataque cierta incertidumbre en defensa?
Los playoff de nuestros campeonatos reducidos confirman que no gana el mejor de la temporada, sino el que mejor jugó la serie. Si vamos a la final del sábado de la Champions, PSG es mejor equipo que Arsenal, pero el campeón inglés estuvo a un penal de quedarse con el título. Cuando todo se dirime en noventa minutos la eventual desigualdad (respecto de los candidatos España y Francia ante todo) se achica. ¿Qué fútbol prevalecerá en el Mundial que, ya sabemos, se jugará con calor y humedad? ¿El juego más dinámico y audaz de PSG o el más físico y algo conservador de Arsenal, solo por citar la final de Champions? ¿El de los goles bonitos del campeón francés, algunos casi de potrero, o la tendencia que impuso Arsenal con sus goles de pelota parada (así anotó nada menos que el 35 por ciento de sus tantos en la Premier)? ¿Prevalecerá el arbitraje de la Premier que esta temporada toleró cargas a los arqueros en tiros de esquina que parecieron scrums de rugby o el más severo de la Champions que el sábado hasta sancionó demoras de Arsenal para preparar cada ejecución de pelota parada? Faltan solo diez días para que buena parte del mundo, como hacía Eduardo Galeano, se declare “Cerrado por Mundial”.