Una nueva oleada de ataques estadounidenses contra Irán ha sumido de nuevo a los iraníes en una profunda incertidumbre y ansiedad tras un periodo de relativa calma en el que se mantuvo un frágil alto el fuego.
Los iraníes con los que Reuters se ha puesto en contacto a través de una aplicación de mensajería cifrada han afirmado que los problemas económicos se están agravando y que les consume la preocupación por lo que sucederá a continuación.
Somayeh, de 40 años, fotógrafa en Teherán, compartió con Reuters una fotografía de su compra semanal y señaló que los precios anteriores a la guerra casi se habían duplicado.
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"Lo más importante, en general, en plena guerra, es la economía. Cada día nuestra situación es peor y más difícil", afirmó.
"Lo que más estrés nos causa es este vaivén: un día es guerra, al siguiente es paz. No sabemos qué va a pasar realmente. Ni siquiera podemos hacer planes para dentro de dos días."
Al igual que el resto de personas entrevistadas por Reuters, habló bajo condición de anonimato parcial, negándose a que se utilizara su nombre completo y alegando temer represalias del Gobierno.
Amir, un ingeniero de software de 30 años de Sanandaj, en la provincia occidental del Kurdistán, contó que se había casado poco antes de que comenzara la guerra con los ataques estadounidenses e israelíes del 28 de febrero.
Llevaba tiempo preocupándose por cómo mantener a su familia y luchando por encontrar trabajo desde que los dirigentes iraníes cortaron la conexión a internet durante las protestas contra las autoridades en enero.
"Aproximadamente un mes después de que se restableciera la conexión a internet, comenzó la guerra. Se volvió a cortar internet, las empresas se vieron de nuevo gravemente afectadas y hubo muchos problemas en mi sector", explicó Amir.
"Tenía una deuda asfixiante. No tenía otras opciones, porque vivo en Sanandaj y soy un trabajador a distancia que depende de internet. No podía trabajar en absoluto", añadió Amir.
Encontró trabajo hace solo unos días, pero ahora las hostilidades se han intensificado de nuevo en esta guerra que ya dura más de cuatro meses, y el alto el fuego alcanzado en junio ha dado paso a ataques y contraataques diarios.
PERMANECER EN IRÁN A PESAR DE LOS ATAQUES AÉREOS
Nazanin, una psicoterapeuta de 34 años que también habló con Reuters desde Sanandaj, dijo que antes quería marcharse de Irán para cursar su doctorado en psicología. Pero el valor del rial se ha desplomado y ya no puede permitirse abandonar su país natal.
"Probablemente podría ir a Turquía y quedarme allí dos meses, pero no tengo ni el dinero ni la posibilidad de hacerlo", afirmó.
Nazanin explicó que su decisión de quedarse en Irán también se había visto influida por la gran preocupación que sentía cuando estaba lejos de su familia durante las anteriores oleadas de ataques.
"Durante la guerra, cada vez que estaba lejos de mi familia, empezaba a pensar: si me alcanzara un ataque aéreo, ¿cómo le afectaría a mi familia?", dijo.
"Y entonces pensaba: si mi familia muriera a causa de una bomba, ¿qué haría yo? La idea de no estar con ellos y de tener que vivir sola con ese dolor era tan insoportable que influyó en mi decisión de no emigrar."
Somayeh, la fotógrafa, contó que en su día también había tenido planes de marcharse de Irán. Según explicó, la crisis monetaria frustró esos planes, pero añadió que ahora no se marcharía ni siquiera si tuviera una forma viable de salir del país.
"Hoy en día, aunque pudiera marcharme, no creo que lo hiciera porque mi vida, mi hogar y mi familia están aquí. Aunque pudiera marcharme unos meses, tendría que volver y seguir con mi vida aquí. No creo que me fuera nunca", dijo.
Hiwa, que vive en la ciudad de Mahabad, también dijo que no tenía ningún deseo de marcharse. Considera que los crecientes problemas económicos, agravados por la guerra, son el germen de un cambio social.
"La prolongación de esta guerra puede movilizar a los sectores sociales, ya que, si continúa la actual tendencia inflacionista, no hay otra alternativa concebible que los disturbios callejeros", señaló.
Miles de iraníes perdieron la vida cuando las autoridades reprimieron las protestas de enero. Desde entonces, Irán ha tratado de prevenir el malestar interno mediante detenciones, ejecuciones y el despliegue de las fuerzas de seguridad en las calles.
Amir contó que sufrió insomnio cuando no pudo ponerse en contacto con su padre durante meses porque se encontraba en el Kurdistán iraquí. Dijo que, a pesar de todas estas presiones, se quedaría en el país.
"Mi madre vivió la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) y me contó que, por aquel entonces, mi abuelo solía decir que no pasaba nada si moríamos, siempre y cuando estuviéramos bajo nuestro propio techo", explicó.
"No queremos abandonar nuestro hogar. No sabemos cómo sería marcharnos. ¿Estarán abiertas las fronteras? ¿Nos dejarán entrar en otros países y tendremos que enfrentarnos a la misma situación que vivieron los (refugiados) sirios?", preguntó, refiriéndose a los sirios que huyeron de la guerra civil de su país entre 2011 y 2024.
(Edición de Timothy Heritage; edición en español de Jorge Ollero Castela)
