Una guerra destinada a debilitar a Irán podría fortalecerlo y dejar vulnerable al Golfo

02 de abril, 2026 | 12.12

Si el presidente Donald Trump pone ​fin a la guerra con Irán sin llegar a un acuerdo, corre el riesgo de dejar a Teherán con un control absoluto sobre los flujos energéticos de Oriente Medio y a los productores de petróleo y gas de los países árabes del Golfo lidiando con las consecuencias de un conflicto que ellos no iniciaron ni determinaron.

En ‌lugar de aplastar a los gobernantes teocráticos de Irán, podría volverlos más ‌fuertes, envalentonados por haber sobrevivido a semanas de ataques estadounidenses e israelíes, disparando contra los Estados árabes del golfo Pérsico y sacudiendo los mercados energéticos mundiales al cerrar de hecho el estrecho de Ormuz.

En una entrevista con Reuters antes de un discurso a los estadounidenses el miércoles, Trump dijo que Estados Unidos pondría fin a su guerra contra Irán "bastante rápido" y señaló el martes que podría reducir la guerra incluso sin un acuerdo.

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En su discurso en la hora pico de audiencia del miércoles, Trump prometió ataques más agresivos contra Irán y dijo que Washington estaba "en camino de completar todos los objetivos militares de Estados Unidos en breve, muy pronto".

Trump también sugirió que la guerra podría intensificarse si los líderes iraníes no cedían a las condiciones de Estados Unidos durante las negociaciones, con posibles ataques contra la infraestructura energética y petrolera de Irán.

Para los Estados del golfo Pérsico, el fin de la guerra sin garantías claras sobre lo que ​vendrá después supondría un peligro significativo, dejando a la ⁠región a cargo de absorber las consecuencias de un conflicto que concluiría en beneficio de Irán.

"El problema es el cese de la guerra sin un resultado real", dijo Mohammed ‌Baharoon, director del Centro de Investigación B'huth de Dubái. "Él (Trump) podría detener la guerra, pero eso no significa que Irán lo haga".

Mientras las fuerzas estadounidenses sigan ⁠estacionadas en bases del Golfo, Irán seguirá amenazando a la región, agregó.

La asimetría es el núcleo de las ⁠preocupaciones del golfo Pérsico: que Irán pueda salir de la guerra invicto y con mayor influencia —capaz de amenazar las rutas marítimas, los flujos energéticos y la estabilidad regional— mientras que el resto se ve obligado a asumir los costos económicos y estratégicos de un conflicto sin resolver.

Baharoon señaló que la erosión de la libertad de navegación en la región sería una gran preocupación ⁠para el Golfo.

Irán, dijo, podría empezar a "jugar la carta de las aguas territoriales" y a dictar las reglas en el estrecho de Ormuz, una arteria vital para el ​suministro energético mundial.

"Esto va más allá de Ormuz", dijo. "Irán ha puesto su mano en un punto de presión de la economía mundial".

La ‌capacidad de Teherán para interrumpir los flujos energéticos, señaló, envió un mensaje claro de ‌que cualquiera que considere futuros ataques contra Irán debería pensárselo dos veces.

Esa lógica ayuda a explicar por qué los Estados del golfo Pérsico han evitado verse arrastrados a ⁠la guerra. Los responsables de la región afirman que su principal preocupación ha sido evitar que una guerra que comenzó como una campaña estadounidense-israelí contra Irán se transforme en algo mucho más peligroso: un enfrentamiento entre musulmanes suníes y chiíes que redefiniría Oriente Medio durante décadas.

"ERROR DE CÁLCULO FUNDAMENTAL"

El riesgo de escalada se ha visto agravado por lo que los analistas políticos describen como un error de cálculo fundamental de Estados Unidos e Israel sobre cómo respondería Irán a unos ataques sin precedentes contra sus líderes.

El asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, al inicio ​del conflicto, que pretendía ser ‌un golpe decisivo, reescribió las reglas de combate. Fue sustituido por su hijo, Mojtaba Jamenei, y lo que se pretendía que decapitara el sistema se convirtió, a ojos de los gobernantes iraníes, en una provocación que exigía resistencia y venganza.

"De un solo golpe, Trump y (el primer ministro israelí, Benjamin) Netanyahu han convertido un conflicto geopolítico en uno religioso y civilizacional", dijo el experto en Oriente Medio Fawaz Gerges. "Han elevado a Jamenei de gobernante controvertido a mártir".

El asesinato de Ali Jamenei sirvió para añadir legitimidad en Irán a los instintos más radicales del liderazgo teocrático, según analistas regionales, vinculando al sistema clerical y a la élite de la Guardia Revolucionaria ⁠a una narrativa en la que la rendición es impensable y la resistencia, sagrada.

Afirman que la suposición de que la eliminación de los principales líderes provocaría la fractura del sistema ignoraba las instituciones estratificadas de Irán, las estructuras de poder paralelas y su largo historial de resiliencia, desde los ocho años de guerra con Irak hasta las décadas de sanciones estadounidenses.

El resultado, según los analistas, no es la rendición, sino la radicalización: un Irán más enfadado y desafiante, y una región que se ve obligada a absorber las consecuencias.

"Jamenei era un ayatolá, esto no es algo que se haga, y mucho menos que una potencia extranjera asesine a un ayatolá", declaró Alex Vatanka, experto en Irán del Instituto de Oriente Medio. "Pero este es Trump, un hombre sin límites, y para la jerarquía clerical chiíta rompió todas las normas y protocolos".

EL ARMA PETROLERA DE IRÁN

Los responsables políticos estadounidenses e israelíes no entraron en la guerra sin conocer el poder ideológico de Irán, pero parecen haber subestimado su resistencia, dijo ‌Magnus Ranstorp, experto en terrorismo.

La hipótesis, dijo, era que el dominio aéreo —logrado mediante la destrucción de lanzamisiles, centros de mando y figuras de alto rango— proporcionaría libertad de movimiento y contención estratégica. En cambio, el sistema iraní se fortaleció en lugar de fragmentarse, en parte porque se sustenta en instituciones paralelas diseñadas para regenerarse bajo presión, dijo.

Washington también juzgó erróneamente la capacidad de Irán para llevar a cabo represalias asimétricas, según afirman los analistas políticos de la región.

Teherán no necesita ganar la guerra aérea, sino imponer costos, afirman. Durante décadas, Irán ha invertido en identificar puntos de presión en lugar de responder a la fuerza con la fuerza, y ha llegado a considerar los activos energéticos y el estrecho de Ormuz como elementos centrales de su estrategia.

Al atacar la infraestructura energética y ‌amenazar el estrecho de Ormuz, Irán ha disparado los precios del petróleo, ha avivado la inflación en todo el mundo y ha trasladado la presión a Estados Unidos y sus aliados.

El objetivo, según los analistas, no era la victoria en el campo de batalla, sino provocar el agotamiento económico. Si la guerra se vuelve económicamente insostenible, la mera supervivencia se convierte en victoria, dicen.

Un fin prematuro de la guerra sin ‌garantías de seguridad dejaría a los Estados ⁠del golfo Pérsico en una situación vulnerable, y cualquier futura represalia iraní podría no limitarse a la región.

Teherán conserva la capacidad de activar redes globales de larga data, utilizando canales desarrollados a lo largo de décadas para atacar intereses israelíes, estadounidenses y aliados lejos del campo de batalla.

"Aún no han comenzado, ​pero tienen una enorme capacidad para castigar a Estados Unidos e Israel", dijo Ranstorp, describiendo a Irán como una amenaza similar a una hidra cuyos tentáculos pueden activarse fuera de Oriente Medio.

La amenaza se cierne sobre cualquier retirada estadounidense. Si Estados Unidos se va —y las operaciones israelíes dependen en gran medida del respaldo estadounidense—, Teherán no considerará el resultado como una derrota.

El sistema teocrático habrá perdurado y el equilibrio de poder no se habrá alterado drásticamente, e Irán será visto en la región como más peligroso que antes, según analistas regionales.

(Edición en español de Javier López de Lérida)