Mientras Trump se proclama vencedor, Irán sale golpeado pero poderoso y con influencia sobre Ormuz

08 de abril, 2026 | 15.25

Las casi seis semanas de ​guerra en Irán han llegado a su fin, por ahora, con el presidente Donald Trump proclamando la victoria.

Pero el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán consolida una dura realidad: un gobierno radical y arraigado que controla el estrecho de Ormuz y ejerce una poderosa influencia sobre los mercados ‌energéticos mundiales y sus rivales del Golfo, según analistas.

Las ondas de choque ‌se han extendido, contribuyendo a las tensiones económicas mundiales y llevando el conflicto a los vecinos del Golfo, cuyas economías dependen de la estabilidad.

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"Esta guerra será recordada como un grave error de cálculo estratégico de Trump. Uno cuyas consecuencias han remodelado la región de formas imprevistas", declaró a Reuters el experto en Oriente Medio Fawaz Gerges.

Antes de la guerra, el estrecho —un paso por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas del mundo— se consideraba formalmente una vía navegable internacional. Irán lo vigilaba, hostigaba a los buques y los interceptaba de forma intermitente, pero no llegaba a ejercer un control absoluto.

En la nueva realidad, Teherán ha pasado de seguir de cerca a los petroleros a dictar efectivamente las condiciones. Actualmente, actúa como guardián de facto de la ruta marítima, decidiendo de forma selectiva sobre el paso y en ​qué condiciones. Irán quiere cobrar a los barcos ⁠por el paso seguro.

Además, Irán ha demostrado resiliencia ante ataques sostenidos y ha conservado la capacidad de intensificar aún más la escalada, proyectando su influencia en ‌múltiples frentes y puntos estratégicos de estrangulamiento. Su alcance se extiende a través del Líbano e Irak mediante Hezbolá y las milicias chiitas, ⁠y llega hasta Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, aprovechando la esfera de influencia de sus ⁠aliados hutíes.

En el ámbito interno, los dirigentes iraníes mantienen un control firme, a pesar de que la economía del país está en ruinas y gran parte de las infraestructuras han quedado devastadas por las bombas estadounidenses e israelíes.

"¿Qué ha conseguido realmente la guerra entre Estados Unidos e Israel?", se preguntó Gerges. "¿Un cambio de régimen en Teherán? No. ¿La ⁠rendición de la República Islámica? No. ¿La contención de las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido? No. ¿El fin del apoyo de Teherán a sus aliados regionales? ​No".

Irán ha absorbido los golpes al tiempo que ha conservado —y, en algunos casos, reforzado— sus principales instrumentos de poder, según ‌afirmaron cuatro analistas y tres fuentes gubernamentales del Golfo que hablaron con Reuters ‌para este reportaje.

Además del control iraní de Ormuz, señalaron que el panorama político actual se caracteriza por un establishment más brutal y empoderado, material nuclear ⁠no contabilizado, la producción continuada de misiles y drones, y el apoyo constante a las milicias regionales.

Haciéndose eco de Trump, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó el miércoles que Washington había obtenido una victoria militar decisiva y que el programa de misiles de Irán había quedado prácticamente destruido. El Departamento de Estado y la Casa Blanca no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.

Estados Unidos, Israel e Irán acordaron un alto el fuego de dos semanas y se espera que funcionarios estadounidenses ​e iraníes mantengan conversaciones a ‌partir del viernes para discutir un acuerdo a largo plazo.

Aunque el alto el fuego puede detener los combates, los funcionarios del Golfo afirmaron que su durabilidad depende de que se aborden los conflictos más profundos que configuran el panorama energético y de seguridad de la región.

Añaden que cualquier acuerdo que no alcance una solución integral corre el riesgo de afianzar la influencia iraní en lugar de limitarla.

Ebtesam Al-Ketbi, presidenta del Emirates Policy Center, describió la tregua como una pausa frágil, susceptible de institucionalizar nuevas formas de inestabilidad a menos que se amplíe mucho más allá de un mero cese ⁠de las hostilidades.

"Este alto el fuego no es una solución, es una prueba de intenciones", declaró Ketbi a Reuters. "Si no evoluciona hacia un acuerdo más amplio que redefina las reglas de combate —en Ormuz y en todos los escenarios de proxy—, no será más que una pausa táctica antes de una escalada más peligrosa y compleja".

"Si Trump llega a un acuerdo con Irán sin abordar las cuestiones fundamentales —misiles balísticos, drones, fuerzas proxy, preocupaciones nucleares y las normas que rigen Ormuz—, entonces el conflicto quedará, en la práctica, sin resolver y la región expuesta", afirmó Ketbi.

ORMUZ ES LA LÍNEA ROJA PARA LOS PAÍSES DEL GOLFO

Irán, por su parte, ha presentado a Washington unas condiciones que incluyen el levantamiento de las sanciones, el reconocimiento de los derechos de enriquecimiento, la indemnización por los daños de guerra y el control continuado sobre el estrecho, lo que pone de relieve lo lejos que siguen estando las partes.

Trump ‌reconoció haber recibido el plan iraní y lo calificó de "una base viable para negociar".

Para los países del Golfo que dependen de Ormuz para exportar su petróleo, el estrecho sigue siendo una línea roja no negociable, añadió el analista saudí Ali Shihabi. "Cualquier resultado que deje la vía navegable efectivamente en manos iraníes sería una derrota para el presidente Trump", con las posibles repercusiones de unos altos precios de la energía que se extenderían hasta las elecciones de mitad de mandato, afirmó.

Lo que la guerra podría abrir, no obstante, para Teherán, añadió Shihabi, es la perspectiva de un acuerdo negociado, que podría incluir el alivio de las sanciones.

Desde la perspectiva del Golfo, el panorama es profundamente inquietante. La desconfianza hacia Irán ‌es muy elevada tras los ataques de Teherán contra instalaciones energéticas y centros comerciales de toda la región. Y lo que es aún más preocupante, la guerra ha transformado Ormuz en un instrumento explícito de presión y coacción, según los analistas.

Lo que está en juego económicamente es igualmente grave. Irán quiere cobrar tasas a los barcos que transiten por las rutas marítimas ‌de Ormuz como parte de cualquier acuerdo ⁠de paz permanente, una medida que tendría repercusiones mucho más allá del Golfo, afectando a los mercados energéticos mundiales y a las fuentes de sustento económico de los Estados situados en la costa opuesta.

"Si Irán puede recaudar millones por barco, las implicaciones son enormes, no solo ​para el Golfo, sino para la economía mundial", afirmó Ketbi. "En ese sentido, el resultado no es solo un revés regional, sino un cambio sistémico con consecuencias a escala mundial".

En términos más generales, advirtieron los analistas, esto supondría un cambio fundamental en el orden regional: pasar de un estrecho regido por normas internacionales a uno vigilado de facto por un Estado hostil envalentonado, y no debilitado, por la guerra.

(Texto de Samia Nakhoul; información adicional de Trevor Hunnicutt en Washington; edición de Frank Jack Daniel, Editado en español por Juana Casas)