Los principales bancos centrales dijeron el jueves que estaban preparados para hacer frente a cualquier repunte de la inflación con una política monetaria más restrictiva, después de que la última escalada del conflicto con Irán puso en la línea de fuego la infraestructura energética de Oriente Medio, lo que ha provocado un alza de los precios de los combustibles.
En una rara coincidencia en el calendario de política monetaria, los bancos centrales de Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Canadá y la zona del euro —en la práctica, los países del Grupo de los Siete (G7)— se reunieron esta semana, al igual que sus pares de varias economías emergentes.
Tras recibir críticas por haber actuado demasiado tarde para frenar el repunte de la inflación posterior al COVID, agravado por la invasión rusa de Ucrania en 2022, los responsables de política monetaria están decididos a controlar los precios sin descarrilar un crecimiento económico aún irregular y, sobre todo, a evitar una "estanflación", es decir, una combinación de recesión y alzas de precios.
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La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Canadá optaron el miércoles por mantener las tasas de interés sin cambios, al igual que hicieron el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales de Suiza y Suecia el jueves.
Sin embargo, dejaron claro que están en alerta, preocupados por que el aumento de los precios de la energía pueda desencadenar una ola de inflación en el conjunto de la economía si, por ejemplo, empieza a provocar mayores demandas salariales por parte de los hogares que temen perder poder adquisitivo.
"La política monetaria no puede revertir el impacto en el suministro (de energía)", dijo el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, en su comentario sobre la decisión unánime del comité de política monetaria del banco de mantener las tasas sin cambios.
"No obstante, la política monetaria debe responder al riesgo de un efecto más persistente sobre la inflación del IPC del Reino Unido", añadió. Tras la decisión, los operadores descontaron dos subidas de tasas de 25 puntos básicos para finales de año, frente a solo una antes de la reunión.
En su comunicado, el BCE señaló que el repunte de los precios de la energía le llevó a revisar al alza su previsión de inflación para 2026 en la zona del euro al 2,6%, que supera su objetivo del 2%, pero indicó que el impacto a largo plazo aún no estaba claro.
"La guerra en Oriente Medio ha hecho que las perspectivas sean significativamente más inciertas, creando riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico", señaló.
MERCADOS COMIENZAN A REFLEJAR UN ALZA DE TASAS EN EEUU
En lo que supone una escalada de la guerra que dura ya tres semanas, los ataques iraníes desde el miércoles han causado daños extensos a la mayor planta de gas del mundo, situada en Qatar, y han afectado a otras infraestructuras del Golfo en represalia por los ataques israelíes contra sus propias instalaciones de gas.
Los ataques ya hacen más probable que la economía mundial tenga que lidiar con daños a largo plazo en el suministro energético. Sin embargo, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, señaló que aún era imposible cuantificar ese impacto.
"En el corto plazo, el aumento de los precios de la energía impulsará la inflación general, pero es demasiado pronto para conocer el alcance y la duración de los posibles efectos sobre la economía", dijo Powell tras la decisión de la Fed, por 11 votos a 1, de mantener las tasas en el rango del 3,50% al 3,75%.
Su reticencia a decir que un debilitamiento del mercado laboral suponía un mayor riesgo para los objetivos de la Fed que la inflación contribuyó a retrasar las expectativas de recorte de tasas del mercado hasta 2027 e incluso elevó al 12% la probabilidad de una subida en la próxima reunión.
En Tokio, el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, dijo que el Banco de Japón no descartaría una subida de tasas a corto plazo si el impacto previsto en el crecimiento debido al aumento de los costos del petróleo resulta ser temporal y no frustra el progreso hacia el cumplimiento duradero del objetivo de precios del banco.
"Debemos tener en cuenta que los recientes acontecimientos se dan en un momento en el que las empresas ya están subiendo activamente los precios y los salarios, lo que sugiere que podrían repercutir en los costos de forma más agresiva que tras la guerra en Ucrania", dijo Ueda en una rueda de prensa.
El gobernador del Banco de Canadá, Tiff Macklem, se expresó en términos similares: "Si los precios de la energía se mantienen altos, no permitiremos que sus efectos se extiendan y se conviertan en una inflación persistente", dijo.
¿AUMENTA EL RIESGO DE "ESTAFLACIÓN"?
A principios de esta semana, el Banco de la Reserva de Australia subió las tasas a su nivel más alto en 10 meses y advirtió de un riesgo "significativo" para la inflación debido al repunte del precio del petróleo.
Incluso el Banco Central de Brasil, que tiene una de las tasas más altas de todas las principales economías, optó por un recorte cauto de 25 puntos básicos hasta situar el tipo de referencia en el 14,75%, un recorte menor de lo inicialmente esperado.
El jueves, tanto el Banco Nacional Suizo como el Riksbank sueco mantuvieron sin cambios los tipos de interés oficiales, señalando la incertidumbre sobre cómo acabará afectando la guerra a la economía.
Los mercados europeos caían bruscamente el jueves y los futuros bursátiles estadounidenses bajaban, ya que los ataques contra infraestructuras energéticas empujaron los precios de referencia del petróleo Brent por sobre los 119 dólares el barril.
"Esta última escalada parece un punto de inflexión para los mercados, porque el conflicto ya no se limita a las noticias militares o al cierre del estrecho de Ormuz", dijo Charu Chanana, estratega jefe de inversiones de Saxo en Singapur.
"Ahora está afectando a las entrañas del sistema energético mundial. Lo que inquieta a los mercados en estos momentos es el creciente riesgo de estanflación".
Con información de Reuters
