Las expectativas de inflación en la zona euro corren el riesgo de aumentar más rápidamente que en el pasado, y el Banco Central Europeo debe estar preparado para subir las tasas de interés con rapidez si surgen indicios de presión persistente sobre los precios, dijo Dimitar Radev, miembro del Consejo de Gobierno del BCE.
El aumento de los costes energéticos provocado por la guerra de Irán ya ha situado la inflación muy por encima del objetivo del 2% del BCE, y los dirigentes monetarios debaten ahora si endurecer la política monetaria para evitar que este aumento se incorpore al precio de otros bienes y servicios, desencadenando una espiral de precios que se refuerza a sí misma.
"El balance de riesgos se ha desplazado en una dirección desfavorable", dijo Radev, presidente del Banco Central de Bulgaria y uno de los miembros más recientes del Consejo de Gobierno del BCE, en una entrevista con Reuters.
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"Aunque el escenario base sigue siendo nuestra referencia, ha aumentado la probabilidad de un escenario más adverso, especialmente a la luz de la crisis energética y del elevado nivel de incertidumbre", señaló, refiriéndose a los tres escenarios económicos —adverso, base y grave— esbozados por el BCE el mes pasado.
Un riesgo clave es que los consumidores y las empresas, que sufrieron una escalada de precios hace tan solo cuatro años tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, puedan ajustar rápidamente sus propias expectativas, exigiendo precios y salarios más altos y desencadenando una espiral inflacionista, cuya extinción resultaría muy costosa.
LOS COMPORTAMIENTOS HAN CAMBIADO
"La evolución reciente de la inflación parece haber aumentado la sensibilidad de las expectativas, lo que significa que el efecto de nuevas crisis puede producirse más rápidamente que en condiciones normales", señaló Radev.
Sus comentarios van en la misma línea que las advertencias de otros muchos dirigentes monetarios que, aunque no han llegado a pedir explícitamente subidas de tasas, sí han señalado que el BCE debe estar preparado para dar el paso.
Por ahora, las expectativas de inflación se mantienen en el objetivo del BCE y los efectos de segunda ronda de la inflación no son visibles en datos como la lectura de la inflación de marzo, que mostró un repunte en la energía pero señaló una ralentización de la presión sobre los precios de los servicios.
Sin embargo, el BCE no puede dar por sentado un resultado tan benigno, ya que el entorno es frágil y propenso a cambios rápidos, señaló Radev.
"Si la perturbación persiste y comienza a afectar a los salarios, los márgenes y las expectativas, el coste de la inacción aumentaría", señaló. "En tal situación, actuar a tiempo sería la opción más prudente".
Este riesgo es una de las razones clave por las que los mercados financieros han descontado más de dos subidas de tasas de interés por parte del BCE este año, la primera de las cuales se espera en junio.
Radev señaló que era demasiado pronto para afirmar si el BCE dispondría de datos suficientes para la reunión del 30 de abril como para tomar una decisión, pero que sí contaría con datos suficientes para permitir un debate sobre política monetaria más concreto y estructurado.
El banco prestará especial atención a diversas medidas sobre las expectativas de inflación, las cifras de precios subyacentes, los indicadores de confianza, la evolución de los precios de la energía y, lo que es más importante, las señales relativas a la duración de la guerra de Irán y sus efectos.
Aunque la experiencia de 2022 podría hacer que los consumidores se mostraran más nerviosos, Radev también reconoció que la zona euro ha entrado en esta crisis desde una posición más favorable, ya que las tasas de interés ya son más altos y las expectativas de inflación están ancladas.
El gran riesgo ahora es que los Gobiernos empiecen a aplicar subsidios que podrían echar más leña al fuego, añadió.
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(Edición de Gareth Jones; edición en español de Paula Villalba)
