El Gobierno empieza a sentir la falta de dólares financieros que aportaron en el primer bimestre del año las empresas, vía el endeudamiento con la emisión de Obligaciones Negociables y los créditos en el sistema financiero local, y las provincias, a través de la colocación de deuda en los mercados internacionales. Ahora dependerá de la decisión que tomen los chacareros a la hora de liquidar la cosecha en un contexto de caída de precios y atraso del tipo de cambio.
Los dólares financieros que aportaron las empresas y las provincias en este primer bimestre del año, junto con la liquidación de la cosecha fina récord, fueron determinantes para que el Banco Central pueda recomponer parte de los dólares que le vendió al Tesoro para afrontar los vencimientos de deuda.
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Las empresas emitieron más de 2.400 millones de dólares de Obligaciones Negociables en enero y otras 500 millones de dólares en febrero, pero en marzo arrancaron la primera semana con dos colocaciones por 136 millones de dólares, en la primera semana, pero ya no hubo colocaciones en la segunda semana ni en el arranque de esta tercera semana.
La misma lógica se repitió en el nivel de créditos en el sistema financiero, que arrancaron el año en un nivel de 17.717 millones de dólares, terminaron enero en 19.058 millones y febrero en 19.446 millones, es decir con un incremento de 1.729 millones de dólares, pero en marzo aflojó el ritmo y al 12 de marzo, último dato disponible, acumulaban 19.776 millones.
La situación de las provincias es todavía más compleja, después de las colocaciones de la Ciudad de Buenos Aires por 600 millones de dólares y de Santa Fe por 800 millones de dólares, en el cierre del año pasado, este año Entre Ríos salió a buscar 500 millones de dólares en la plaza internacional y solo logró captar 300 millones, con inversores menos proclives a seguir comprando deuda argentina, sin la referencia del gobierno nacional.
Las otras provincias, como Buenos Aires, Neuquén o Río Negro, que tenían pensado salir a los mercados internacionales por ahora desistieron y esperan mejores condiciones.
Los dólares que obtienen las empresas con el endeudamiento financiero deben obligatoriamente liquidarse inmediatamente en el mercado oficial, por lo que fueron un flujo constante en esta primera parte del año, mientras que las exportaciones del complejo cerealero dependen de la voluntad de los chacareros de liquidar la cosecha, que se toma en función de las necesidades de financiamiento, los precios internacionales, el nivel de retenciones y el tipo de cambio.
En lo que va del año, se estima que las exportaciones de granos los 3.900 millones de dólares, con un nivel de 1.850 millones en enero, 1289 millones en febrero y un estimado de 709 millones en lo que va de marzo, cuando ya queda poco de la cosecha fina y todavía no ingresó la cosecha gruesa, que empieza a liquidarse este mes pero con mayor volumen en abril.
La liquidación del campo tuvo un ritmo diario de 88 millones de dólares en enero, 71 millones en febrero y cayeron a 59 millones en marzo, impulsado por la cosecha fina récord y los precios internacionales, un contexto que se revirtió en las últimas jornadas, con precios internacionales a la baja y fundamentalmente con un atraso del tipo de cambio.
Este ritmo de endeudamiento y liquidación de divisas permitió al Banco Central acumular compras por casi 3.500 millones de dólares que todavía no permitieron recuperar las ventas de divisas al Tesoro, por más de 3.900 millones de dólares este año, lo que es visto por el mercado como una señal positiva pero no suficiente.
La decisión de la administración de Javier Milei hasta ahora se mantiene en la línea de atrasar el tipo de cambio como ancla para revertir el proceso de aceleración de la inflación, combinado con una restricción monetaria que elevó el costo del financiamiento a niveles prohibitivos para la actividad productiva y disparó los créditos impagos de las familias.
El dólar atrasado respecto del proceso inflacionario y la restricción monetaria forzaron una recesión de la economía que provocó un derrumbe de la recaudación tributaria que puso en jaque el resultado fiscal y obligó a un nuevo recorte y postergación de gastos para mantener la ficción de un resultado positivo en febrero.
El presidente Milei se manifestó públicamente a favor de esta línea dura, cuando advirtió al presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sobre la política de acumulación de reservas, mientras que el equipo económico del ministro Luis Caputo incorporó como asesor al economista uruguayo Ernesto Talvi, quien propuso reactivar primero la economía y luego concentrarse en reducir la inflación.
Las encuestas de opinión empezaron a reflejar este año el creciente malestar social con la política económica oficial al percibir que Milei no está cumpliendo con su parte del “contrato electoral” y pese al costo que se asumió en los dos primeros años en pérdida del nivel de calidad de vida la inflación sigue en un piso de 3% mensual.
Talvi, según la discusión que dejan trascender los voceros del oficialismo, propone aflojar la presión monetaria y mejorar el tipo de cambio para inducir un proceso de recuperación económica aún tolerando un nivel de inflación que mantenga este piso pero mejore los ingresos de la sociedad.
Paradójicamente, el equipo económico tiene frente a sí una estrategia basada en recuperar el nivel de ingresos de la sociedad, apelando a la vieja estrategia de dar aumentos que sigan al nivel de precios.
Caputo dejó entrever que estudia esta línea cuando reconoció que la inflación probablemente no empiece en cero como dijo Milei en agosto y que puede demorarse varios meses más, pero en la práctica mantiene la restricción monetaria como en la última licitación de deuda en la que absorbió más que el vencimiento del Tesoro, provocando una nueva suba de tasa.
