IVA, combustibles y monotributo: así se traslada la carga hacia la mayoría de la población

Los ingresos del Estado acumulan ocho meses de retroceso, pero no todos los impuestos caen por igual. Mientras se alivia la carga sobre los sectores más concentrados, crece el peso de los tributos al consumo y al trabajo.

01 de mayo, 2026 | 23.26

La recaudación no sólo cae, también se vuelve más desigual. En un contexto de retroceso sostenido de los ingresos públicos, el sistema tributario argentino está profundizando un sesgo regresivo. Así lo reflejó un informe privado que destacó que no se trata únicamente de cuánto recauda el Estado, sino de quiénes sostienen ese esfuerzo.

Al respecto, el modelo económico beneficia a ciertos sectores, en detrimento de otros. Un ejemplo concreto: mientras Bienes Personales (el impuesto a los que mayor riqueza acumulan) cayó un 81% respecto a 2023, el IVA al consumo ya explica la mitad de todo lo que recauda el país.

En ese escenario, queda en evidencia también el deterioro del mercado laboral, con la pérdida de más de 240.000 puestos registrados y la suba da la cantidad de monotributistas (+150.000 en la gestión de Javier Milei). Sobre ello, a la par que los sectores de altos ingresos pagan cada vez menos, la participación del monotributo en la recaudación se duplicó en el último año.

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El ajuste lo paga la mayoría 

El retroceso de la recaudación tiene efectos directos. Menos ingresos implican menor capacidad del Estado para financiar hospitales, escuelas y servicios públicos esenciales. También impacta sobre las provincias, cuyos recursos dependen en gran medida de la coparticipación, tensionando el federalismo y las economías regionales.

En esa linea, en marzo pasado la recaudación nacional registró una fuerte caída. Según los datos oficiales se contrajo 7% real (considerando el efecto de la inflación) en el primer trimestre del año ( -9,4% frente a 2023). De ese modo el indicador anoto ocho meses consecutivos de caída, dando cuenta de un deterioro estructural. De hecho, el acumulado del primer trimestre fue el más bajo desde 2010.

Sin embargo, el comportamiento de los distintos tributos muestra que no todos están siendo afectados por igual. “El Estado no está dejando de cobrarle a todos por igual. Hay un modelo que elige beneficiar a ciertos sectores mientras ajusta a otros”, adviertió un informe del Espacio de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE).

En detalle, por un lado, los impuestos con mayor potencial redistributivo muestran fuertes retrocesos. El caso más extremo es Bienes Personales que cayó un 81% respecto a 2023. Este tributo -el principal impuesto a la riqueza en Argentina- se modificó con los cambios introducidos en el Paquete Fiscal de 2024 que, principalmente, redujeron su peso y beneficiaron directamente a los sectores de mayor patrimonio (implicó un alivio significativo para el 1% de la población de más rica dle país). En consecuencia, su participación en la recaudación nacional pasó de representar casi el 1,5% en el primer trimestre de 2023 a apenas el 0,3% en igual período de 2026. Cabe recordar, además, el Régimen Especial de Bienes Personales (REBP) que otorgó beneficios y estabilidad fiscal hasta 2038 a quienes optaron por adelantar el pago del tributo e implica una reducción de la recaudación en los próximos años. 

Algo similar ocurre con los Derechos de Exportación. La recaudación por retenciones se desplomó un 38% interanual en el primer trimestre, incluso en un contexto de exportaciones agroindustriales en niveles elevados. La reducción de alícuotas para productos como soja, trigo y maíz explicó buena parte de esta caída.

De acuerdo con el informe de los especialistas Maria Julia Eliosoff, Alejandro Gaggero y Verónica Grondona, entre otros, estas variaciones responden, en buena medida, a los cambios introducidos en los últimos dos años que, aunque no se enmarcan en una reforma tributaria integral, “han ido modificando la estructura del sistema en un sentido regresivo". 

En paralelo, los tributos vinculados al consumo ganan protagonismo. El IVA se consolida como el principal sostén del sistema y ya explica cerca de la mitad de la recaudación nacional. A esto se suma el aumento del impuesto a los combustibles (recae en los consumidores y no en las empresas) que creció un 18% interanual, impulsado por la actualización de un gravamen que había quedado rezagado y "lo más probable es que se potencie aún más en el segundo semestre por el aumento de precios internos de la nafta, como consecuencia de la guerra en Oriente Medio", agregaron los especialistas. 

De esta manera, el resultado es una matriz cada vez más dependiente de impuestos que recaen proporcionalmente más sobre los sectores de menores ingresos de la sociedad.

Monotibuto y mercado laboral

Un dato no menor y que refleja la mayor regresividad del sistema tiene que ver con el crecimiento del monotributo dentro de la recaudación total, cuya participación se duplicó en el último año, pasando del 0,4% al 0,8%.

Este incremento respondió, por un lado, al deterioro del empleo asalariado y al avance de formas de trabajo más precarias. Por otro, a los cambios introducidos en el esquema tributario (Paquete Fiscal en 2024) que ampliaron los umbrales de facturación y permitieron que contribuyentes de mayores ingresos permanezcan en este régimen simplificado, lo que en los hechos implica "un alivio relativo para segmentos de mayores ingresos dentro de la estructura tributaria", explicaron desde el ETFE. 

Para los especialistas, lo que está en juego no es sólo la cantidad de recursos que recauda el Estado, sino la forma en que se distribuye esa carga. “Los datos del primer trimestre son preocupantes no sólo por la caída sostenida de los ingresos, que anticipa más ajuste sobre el gasto público, sino también porque consolidan una estructura tributaria más regresiva, en gran medida como consecuencia de las modificaciones que realizó el Ejecutivo durante la primera mitad de su mandato”, subrayaron-

En ese marco, el debate de fondo reaparece: quiénes financian al Estado y bajo qué criterios. El sistema tributario no es sólo una herramienta fiscal, sino una definición política sobre cómo se reparte el esfuerzo en una sociedad y se combate o agrava la desigualdad social.