El mapa productivo de Argentina atraviesa una transformación histórica que redefine de manera directa el acceso al empleo y el futuro de los salarios. Durante décadas, la matriz de opinión pública e institucional estuvo anclada en el desarrollo de la industria manufacturera y el sector agropecuario como los grandes motores del crecimiento. Sin embargo, los datos duros revelan que la economía argentina se convirtió de manera definitiva en una economía predominantemente volcada a las actividades de servicio.
Este fenómeno, lejos de ser una tendencia pasajera, plantea profundos desafíos estructurales en términos de calidad laboral, generación de divisas y heterogeneidad productiva.
La radiografía de una economía que se volvió intangible
De acuerdo con un análisis sectorial elaborado por la organización Fundar, la división entre los sectores que fabrican bienes físicos y aquellos que producen servicios muestra una brecha que no para de ensancharse en el Producto Interno Bruto (PIB).
En concreto, las actividades ligadas a los servicios dieron cuenta de un aplastante 63% del PIB total del país, dejando a la producción de bienes tangibles —que incluye al agro, la industria manufacturera, la construcción y la minería— con el 37% restante.
Al abrir el microscopio sobre los datos recopilados, la desagregación interna expone cuáles son los verdaderos gigantes de la actividad económica:
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En el universo de los servicios: se destaca con fuerza el comercio, que de manera individual explica el 19,9% del PIB, escoltado por el bloque de las actividades inmobiliarias, profesionales y empresariales, que representan un 11%.
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En el universo de los bienes: la industria manufacturera resiste con un 19,4% del valor agregado, mientras que el sector agropecuario aporta un 6,9%, seguido por la construcción (4,7%) y el bloque del petróleo y la minería (4,6%).
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Esta pérdida de peso relativo de los sectores tradicionales no es un fenómeno exclusivo de Argentina. El rezago del campo frente a las actividades urbanas y de servicios se observa a nivel global en todos los procesos de modernización económica desde el siglo XX. Por ejemplo, la producción manufacturera argentina multiplicó su tamaño por 49 veces entre 1900 y 2022, pero su época dorada de expansión sistemática por encima del promedio general de la economía se detuvo en 1974.
A partir de ese quiebre histórico, la tasa de crecimiento industrial tendió a ser menor que la media, cediendo su protagonismo ante el empuje de sectores dinámicos como el transporte y las telecomunicaciones.
El mercado laboral: los servicios como el gran imán de los puestos de trabajo
Si el peso de las actividades intangibles en el PBI es llamativo, su impacto sobre el mercado de empleo es todavía más drástico. El informe señaló que el sector servicios es el verdadero sostén del empleo en Argentina, generando el 72,5% de los puestos de trabajo del país (lo que equivale a casi tres de cada cuatro trabajadores). El 27,5% restante corresponde a las ramas productoras de bienes.
Dentro de la gigantesca estructura de los servicios, el comercio se corona como la rama más relevante de toda la economía, explicando por sí sola el 17,7% del empleo total, una cifra que equivale a aproximadamente 3,9 millones de puestos de trabajo que abarcan tanto al sector formal como al informal y el cuentapropismo. Detrás se ubican el rubro de salud y servicios personales (12,3%) y el sector de la enseñanza (10,2%). Por el lado de los creadores de productos físicos, la industria manufacturera genera el 11,8% de las ocupaciones, seguida de cerca por la construcción con un 8,2% y el agro-pesca con un 6,4%.
La trampa de la productividad: ¿cómo afecta a los salarios?
La gran encrucijada radica en que, en promedio, los servicios en Argentina son sustancialmente más intensivos en trabajo que los bienes. Esto significa que aportan un porcentaje mucho mayor al empleo (72,5%) que el valor monetario que terminan sumando al PIB (63,3%). Cuando se produce esta relación, se evidencia que el PIB por cada ocupado en el sector es bajo, clasificándolo como una rama de baja productividad relativa.
Esta dinámica impacta directamente en el bolsillo de las familias, dado que los sectores intensivos en trabajo suelen correlacionarse de forma directa con peores condiciones de contratación laboral, mayor precarización y salarios promedio considerablemente más bajos. El ejemplo más extremo de esta vulnerabilidad se observa en el servicio doméstico: genera el 7,4% del empleo total del país, pero su aporte real al PBI no llega a representar el 1%. Una situación análoga ocurre en el sector de los bienes con la construcción, considerada una rama intensiva en mano de obra que absorbe el 8% del empleo pero explica menos del 5% del producto nacional.
En la vereda opuesta se encuentran los sectores intensivos en capital y tecnología, como el petróleo y la minería, que apenas demandan menos del 1% de la mano de obra directa del país, pero representan un robusto 4,2% del PIB, lo que les permite sostener niveles salariales muy superiores a la media.
El desafío tecnológico y el talón de Aquiles de las exportaciones
El verdadero nudo que Argentina debe desatar para que este avance de los servicios no se traduzca en un estancamiento de los salarios reales es la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D). Al subdividir las actividades según su intensidad tecnológica, las ramas de alta sofisticación (como el software, servicios profesionales avanzados, química o maquinaria compleja) explican apenas el 11,9% del PIB argentino y solo el 8,5% del empleo total. Estos números sitúan al país al mismo nivel que economías regionales como Brasil o Colombia, pero a una distancia abismal del promedio de la OCDE, donde las ramas de alta tecnología concentran el 14,7% de las fuentes de trabajo.
Finalmente, esta transición hacia los servicios choca de frente con una restricción externa histórica: las divisas. Aunque los servicios dominan el PBI y el mercado laboral puertas adentro, los bienes siguen constituyendo el 84% de todo el comercio internacional argentino desde la década de 1970. Debido a que los productos físicos son mayormente transables internacionalmente, siguen siendo la fuente indispensable para el ingreso de dólares genuinos al país. El gran reto de las políticas públicas y del sector privado será lograr que la creciente economía de servicios gane en productividad y capacidad exportadora, evitando que el empleo del futuro quede atrapado en actividades de baja remuneración y limitado impacto global.
