El modelo de Mauricio Macri fue claro desde el primer día de su gestión. Se enfocó en la reprimarización de la economía y las actividades especulativas, lo que incluyó habilitar una gigantesca fuga de capitales. Por importar bienes manufacturados y exportar básicamente alimentos, el país no generó las divisas suficientes para calmar la voracidad de dólares. Allí acudió al mega endeudamiento y, cuando no fue suficiente, al prestamista de última instancia: el FMI.

Desde el 10 de diciembre de 2015 a febrero de este año salieron del país cerca de U$S 140.000 milllones netos. La mayoría se debió a la fuga de capitales. Los argentinos remitieron U$S 67.000 millones a cuentas en el extranjero o simplemente sacaron de circulación para poner en una caja fuerte o debajo del colchón. Esta fue la formación de activos externos, de acuerdo a los balances cambiarios del Banco Central.

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La segunda mayor razón de la sangría de billetes fueron los viajes y el turismo en el exterior, que comprometió U$S 34.000 millones en los tres primeros años de gestión del PRO. Esto representó poco más de U$S 11.000 millones por año para vacacionar, descontados los verdes que arribaron del resto del mundo. Tomado por sí solo, el monto no es especialmente elevado para este rubro, pero bien podría reducirse con el fomento de los destinos locales para extranjeros, una situación compleja en plena recesión.

El pago de intereses internacionales del Estado y privados involucró U$S 32.000 millones, de acuerdo a la información provista por el BCRA. Entre diciembre de 2015 y febrero de 2019, el Gobierno no transitó grandes vencimientos de deuda sino que, por el contrario, emitió numerosos bonos que incrementaron las obligaciones para el siguiente gobierno. Por lo que en la siguiente administración esta cifra será muy superior.

Las ganancias que giraron las grandes compañías ocupó U$S 6.000 millones, que terminaron en las casas matrices o en cuentas en guaridas fiscales. Esto deja de lado los precios de transferencia, una práctica común en las multinacionales para sacar dinero de sus filiales con mayor facilidad y sin pagar los tributos correspondientes.

Una de las primeras medidas del Presidente fue borrar el monto tope para comprar dólares, con lo que le dio luz verde a él y los grandes empresarios a fugar millones todos los meses y, de esta manera. Además, sacó la obligación de que las cerealeras liquiden las divisas que generan por la exportación de granos.

Este combo implica que Argentina no genera los verdes que necesita y, por eso, el Gobierno acudió a los fondos buitre para que le presten durante los tres primeros años, lo que, como era predecible, puso en jaque a las cuentas del país. Cuando Wall Street se negó a apostar más billetes en el país, Macri debió acudir al Fondo para que le haga un salvataje y así resguarde los intereses de los grandes jugadores del mercado estadounidense.

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