La derrota 1-0 frente a Vélez Sarsfield volvió a encender las alarmas en River Plate y dejó a Marcelo Gallardo en el centro de la escena. El entrenador no brindó conferencia de prensa tras el partido —una conducta que se repite en las caídas—, saludó uno por uno a sus futbolistas y convocó al plantel a una nueva reunión en las que le comunicó la razón de su salida.
En ese contexto, hay cinco puntos concretos que explican por qué su continuidad se frenó.
- Resultados alarmantes
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
El principal argumento es estadístico. River perdió 12 de los últimos 20 partidos, una cifra impensada para un ciclo que supo sostener altos niveles de competitividad. Las derrotas recientes profundizaron la preocupación: la goleada sufrida ante Tigre en el Monumental, la caída frente a Argentinos Juniors y el traspié ante Vélez terminaron de configurar un panorama inquietante.
- Falta de funcionamiento
Más allá de los números, el equipo no encuentra una identidad clara. Se repiten errores estructurales, especialmente goles recibidos en los primeros minutos, y el rendimiento colectivo no logra sostenerse. La sensación es que River perdió solidez y respuestas futbolísticas.
- Un mercado de pases cuestionado
Las incorporaciones recientes no dieron el resultado esperado. Hubo refuerzos que demandaron una inversión importante y no rindieron, otros que se marcharon sin dejar huella y algunos afectados por lesiones. A eso se suma la imposibilidad de sumar un delantero que el cuerpo técnico consideraba clave. El armado del plantel aparece como un punto sensible.
- Inconsistencias en la gestión del plantel
Un caso puntual expuso contradicciones: un juvenil que no fue considerado para la pretemporada terminó siendo alternativa inmediata en partidos decisivos e incluso ejecutando un penal en Copa Argentina. Estas decisiones alimentan cuestionamientos sobre la planificación deportiva.
- Cambio de clima mediático y dirigencial
En otros momentos adversos del ciclo, Gallardo contó con respaldo institucional y menor presión externa. Hoy el escenario es distinto: crecieron las críticas públicas y comenzaron a mencionarse posibles reemplazantes. El contexto dirigencial también es diferente y el tradicional “blindaje” mediático parece haberse diluido.
