Sindicalista, activista y defensor de la inclusión, el australiano Jackson Irvine es conocido tanto por defender sus convicciones como por su incansable trabajo en el centro del campo, pero en el Mundial quizá deje que sea su fútbol el que hable por él.
El enorme interés mundial convierte a la Copa del Mundo en una plataforma ideal para la protesta, a pesar de que la FIFA prohíbe los lemas e imágenes políticos, religiosos y personales en la equipación de las escuadras.
Australia causó revuelo antes del último Mundial de Qatar, cuando Irvine y otros 15 jugadores expresaron su preocupación en un video sobre las condiciones de los trabajadores inmigrantes y pidieron la despenalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en ese país del golfo Pérsico.
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Irvine, que juega en Alemania, recuerda con orgullo aquella declaración sobre Qatar y afirma que los jugadores dedicaron más de seis meses a documentarse sobre el asunto, hablando con trabajadores inmigrantes, organizaciones sindicales internacionales y grupos de derechos humanos.
"No se trataba de ponerse un brazalete y decir: 'Esto es lo que creemos'", explicó Irvine a Reuters. "Nos preparamos, hicimos nuestra declaración y, una vez que llegamos a Qatar, pudimos centrarnos en rendir al máximo, lo que nos llevó a nuestro mejor resultado de la historia en un Mundial".
Cuatro años después, no faltan críticas hacia el Mundial que coorganizan Estados Unidos, Canadá y México.
Activistas y ONG han advertido del riesgo de abusos contra los derechos humanos para los deportistas, los aficionados y los trabajadores en Estados Unidos, en particular, señalando la dura campaña de represión migratoria y deportaciones llevada a cabo por la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
El sindicato nacional de futbolistas de Australia, del que Irvine es copresidente, ha instado a la FIFA a hacer más para mitigar los riesgos de abusos contra los derechos humanos.
"La expectativa legítima de los jugadores es que la FIFA respete y proteja los derechos humanos de todos los implicados en la Copa del Mundo", declaró a Reuters el presidente de Professional Footballers Australia (PFA), Beau Busch, en un comunicado enviado por correo electrónico. "Hasta la fecha, no estamos convencidos de que se estén cumpliendo las expectativas de los jugadores".
La FIFA no hizo comentarios de inmediato, pero su presidente, Gianni Infantino, ha afirmado en repetidas ocasiones que todos los participantes en el Mundial serán bienvenidos a este gran evento mundial.
GRAN CAMBIO EN LA DINÁMICA
Aunque los jugadores australianos cuentan con el pleno apoyo de su sindicato para plantear sus preocupaciones en materia de derechos, Irvine sugirió que es poco probable que haya otra protesta al estilo de la de Qatar antes del próximo Mundial, ya que los "socceroos" son un grupo diferente al de hace cuatro años y están más centrados en el fútbol.
"Diría que en los últimos cuatro años hemos visto un enorme cambio en la dinámica del grupo. Ahora somos un grupo mucho más joven", afirmó. "No he estado muy involucrado en los últimos 12 meses y no he tenido la oportunidad de mantener ese tipo de conversaciones con los jugadores y ver cuáles son sus opiniones de cara a este torneo sobre los aspectos políticos y sociales".
Irvine es capitán del St. Pauli, con sede en Hamburgo, un club famoso por su carácter progresista que, según él, se ajusta a sus valores. Los jugadores del St. Pauli participan de manera activa en las comunidades locales y suelen colaborar con ONG en causas sociales.
Irvine ha sensibilizado sobre la situación de las personas sin hogar en Hamburgo y apoya a una organización local que ofrece asesoramiento e intérpretes a refugiados e inmigrantes que necesitan asistencia sanitaria.
Este año ha librado otras batallas: ganó una contra una lesión en el pie y perdió otra al intentar ayudar al St. Pauli a evitar el descenso de la primera división alemana.
Sigue siendo una figura clave en la selección australiana y, aunque se pronuncia abiertamente sobre diversos asuntos, insiste en que su activismo no supondrá una distracción para su equipo en el Mundial, donde se enfrentarán a Turquía, Estados Unidos y Paraguay en el Grupo D.
"Intento constantemente encontrar ese equilibrio. Por supuesto que tengo mis propias creencias, pero este verano (boreal) no estaré en Estados Unidos como individuo", afirmó. "Estaré allí como parte de un equipo que quiere alcanzar el éxito y nunca haría nada que pudiera distraer la atención del rendimiento del equipo actuando por mi cuenta".
(Editado en español por Carlos Serrano)
