En un país emergente de tamaño medio la función esencial del Banco Central es asegurar una oferta de medios de pago y crédito en consonancia con la expansión de la economía real y, a la vez, atesorar un volumen de reservas internacionales que protejan a la moneda local en la que se expresan esos medios de pago y crédito contra la volatilidad del mercado financiero global. Moneda y crédito para el mercado interno y stock de reservas de intervención que morigere el flujo externo.

Desde el comienzo de su gestión el gobierno nacional recorrió un camino inverso, signado por la apertura comercial y financiera a un mundo en tensiones, liberando el movimiento de divisas y predominio de la renta financiera a través de instrumentos emitidos por el ente rector que aseguran una tasa de interés real positiva respecto de la evolución del tipo de cambio. Tasa de interés alta, libre movimiento de divisas y abultada renta financiera en dólares. Un cóctel explosivo si los hay, máxime en un mundo de alto proteccionismo, crisis del multilateralismo y restricciones a la liquidez internacional.

Sturzenegger, el primer presidente del BCRA, se dedicó a expandir en mercado abierto la emisión de letras del Banco Central (LEBAC) a niveles que superaban la base monetaria. Cuando comenzó la crisis externa, Caputo utilizó el primer desembolso del FMI de U$S 15.000 millones para facilitar la cancelación del grueso de las LEBAC que había emitido su predecesor y ahora Sandleris ha utilizado la mitad del segundo desembolso del organismo multilateral de U$S 5.631 millones para completar el pago de las LEBAC que se encontraban por fuera del sistema financiero. El resto de las letras fueron entregadas obligatoriamente a los bancos y se convirtieron en letras de liquidez o LELIQ.

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El gobierno festeja la desactivación de la bomba de instrumentos financieros especulativos que él mismo creó con su política monetaria, sin medir que ha costado U$S 17.700 millones de deuda contraída con el FMI a cambio de un ajuste doloroso más una pérdida de reservas internacionales estimada en U$S 10.000 millones.

Este recorrido es imprescindible para saber, en principio, si esta política del Banco Central impulsando la valorización financiera y la salida de capitales ha concluido y, en segundo término, si la estabilidad cambiaria entre bandas de flotación es sostenible.

Se dijo en columnas anterioresque la Alianza Cambiemos a pesar de haber conseguido la sanción del Presupuesto Nacional de ajuste, el voto favorable del directorio del FMI para la ampliación del acuerdo original y cierta “pax” cambiaria, no pudo recomponer la oferta privada de divisas. Evaluando el comportamiento de las reservas internacionales se advierte que Sandleris llegó al ente rector con un stock de U$S 49.568 millones y al 16 de noviembre el mismo era de U$S 52.198 millones. El aumento fue de U$S 2.630 millones. Pero si se netea el segundo desembolso del FMI de U$S 5.631 millones, la pérdida de reservas en 38 días hábiles fue de U$S 3.001 millones. Prosigue el drenaje de capitales.

Radiografiado el comportamiento de las reservas internacionales, veamos qué ocurre con los pesos, situación descripta en el cuadro que sigue:

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Analizando la política implementada por las nuevas autoridades del BCRA, en coincidencia con el Plan Doble Cero, la base monetaria se redujo un -6,7% a la vez que los préstamos al Sector Privado cayeron un -2,2%. Política monetaria y crediticia restrictiva profundizando la recesión en curso.

Como contrapartida, las Letras de Liquidez (LELIQ) que reemplazaron a las LEBAC aumentaron un 110,9%, emitiéndose la friolera de $ 355.460 millones en apenas un mes y medio a tasas que arrancaron en torno al 73% y los últimos cortes están 10 puntos por debajo de ese tope. Este cambio en el activo de los bancos de préstamos al Sector Privado por Letras de Liquidez a tasas altísimas es financiado por un crecimiento de depósitos a plazo fijo del público en el sistema financiero de $ 190.758 millones, un 24,7% también en escaso mes y medio.

Se explica entonces el crecimiento del agregado monetario más amplio (M3) en un 5%, a pesar de la restricción de la política monetaria. Todos los pesos se encierran en los bancos con letras y certificados de depósitos.

Sandleris contrae la base monetaria y el crédito privado, pero a la vez expande exponencialmente los instrumentos financieros especulativos, concentrando los efectos de esta política al interior del sistema bancario. No “suelta” pesos al mercado para que presionen sobre las reservas internacionales, pero “empapela” a los bancos de letras a tasas altas que para financiarlas obliga a la captación de depósitos a tasas también altas. Se abultan papeles en las entidades financieras que se fondean con depósitos, cuyos titulares miran al momento de cada renovación mensual cuánto cotiza el dólar y cuál es la tasa de interés que le ofrecen.

Ya no hay “supermartes mensuales” con los vencimientos de LEBAC que ponían en vilo al mercado, pero sigue un solapado esquema de tensión entre tasa de interés/tasa de devaluación, en el que si no gana la primera la corrida bancaria puede ser muy complicada.

El Banco Central desarmó la “bomba de LEBAC” pero rearmó la “bomba de LELIQ”. La diferencia es que esta última esta toda adentro de los bancos.