En una Buenos Aires que no para, ni siquiera cuando cae la noche, las oficinas de Bohemian Groove, sello en el que convive todo el ecosistema de la RipGang, se convirtieron en el escenario de una charla íntima con Broke Carrey, justo en la antesala del lanzamiento de su nuevo disco "Hijo del país". Días antes, el artista había organizado una escucha exclusiva para fans, anticipando el espíritu de una obra que pone en primer plano la cercanía, la búsqueda y una idea clara de comunidad.
Hoy, con el álbum finalmente afuera, Carrito no solo presenta un nuevo trabajo, entrega el resultado de un proceso largo, obsesivo y profundamente personal. “Me llevó 3 años. El disco lo hicimos en uno, pero necesitaba tiempo para entender cómo hacerlo y con quién hacerlo”, cuenta. No se trató solo de canciones, sino de una construcción. “Tuve que sentar el culo mal y estudiar”, dice, entre risas, pero sin quitarle peso a la frase. El aprendizaje, en su caso, fue tan importante como la intuición.
Ese equilibrio entre cabeza y tripa atraviesa todo el proyecto. En el corazón del disco aparece una pregunta tan vieja como irresoluble ¿qué significa ser argentino?. Para responderla, Carrey hizo lo que pocos artistas hacen: leer. Mucho. “Quería entender qué ya se había dicho sobre la identidad argentina”, explica. Borges, Martínez Estrada, Sábato. Todos pasaron por su mesa. Pero la conclusión no fue una certeza, sino una liberación.
“Lo más argentino que encontré fue que todos se contradecían”, dice. Y ahí aparece una de las ideas más potentes del disco: “Cualquier cosa que hagamos va a ser arte argentino porque somos nosotros”. Ese hallazgo lo llevó a dejar de forzar una identidad. “Fue salir de ese lugar de querer encarnar algo y ser 100% yo”, resume. O, como lo dice él, "Manuel Peña (su nombre de pila) antes que cualquier etiqueta".
El disco parte del folklore, pero no lo respeta en el sentido más tradicional. Lo desarma. “Arrancábamos con una samba tal cual y después la despedazábamos”, cuenta. Y ahí aparece otra de sus claves creativas, la ignorancia como herramienta. “Mi ignorancia es medio un superpoder. Me permite crear sin tantas reglas”.
En una escena donde muchas veces la técnica se vuelve límite, Carrito elige moverse sin mapa. El resultado es un sonido que no termina de pertenecer a ningún lugar, pero que respira identidad en cada capa. “Hay que dejar de tratar al folklore como un museo”, dispara. “Tiene que crecer con nosotros”.
Buenos Aires, amor y escape
Aunque el disco está atravesado por la ciudad, no es un homenaje clásico. Más bien, una relación tensa. “Lo que me inspiró de Buenos Aires son las ganas de irme”, suelta sin vueltas. “La amo, pero no quiero envejecer acá”. Para Carrey, la capital es una burbuja. Y el disco es, en parte, una forma de salir de ella, conectar con músicos del interior, ampliar el mapa, “federalizar” su sonido. El resultado es un trabajo colectivo, donde, según él mismo, “todos participaron casi de igual manera”. El álbum cuenta con la producción de Carrito junto a Luis Lamadrid y elmalamía. En algunos temas también colaboraron Ulises Feraud, Facundo Trouve y Cocó Orozco (Usted Señalemelo).
Si algo diferencia este disco de sus trabajos anteriores es el tono. Donde antes había más confrontación, ahora hay otra búsqueda. “Después de cantar ‘Montonero’ me bajaba enojado del escenario. Y no quiero eso”, admite. La música, hoy, tiene otro objetivo: “Quiero reunir gente, sacarle una sonrisa y hacerla pensar, pero sin tirar más leña al fuego”.
En un contexto atravesado por la polarización, su postura es clara, aunque incómoda para algunos: “Prefiero sumar antes que seguir alimentando el odio”. Entre sus favoritas del álbum, menciona “Leones”, una especie de himno resiliente: “Es un tema de festejo, de atravesar momentos de mierda y seguir”. También destaca “El aplauso”, donde se enfrenta a su costado más oscuro: “Soy competitivo, tengo ambiciones que a veces me hacen mal. Era necesario decirlo”.
El disco, en ese sentido, funciona como catarsis, pero también como cierre. “Siento que es tierra firme. Terminé una búsqueda”. En paralelo, su relación con las redes es, como mínimo, ambigua. “Si no fuera por el trabajo, no tendría redes”, confiesa. Y remata: “Me siento mucho más sano cuando no tengo el celular encima”.
El próximo paso será llevar el disco al vivo. Y, otra vez, Carrito quiere romper con lo esperado. “Estoy harto de la perfo. Quiero que sea lo más transparente posible”, dice. Nada de conceptos grandilocuentes, amigos, música y un escenario lleno. “Quiero que estemos todos en la misma”.
El nuevo disco de Broke Carrey no busca respuestas definitivas. Tampoco las necesita. Es, más bien, el registro de alguien que dejó de buscar afuera para empezar a mirarse adentro. Y que, en ese gesto, encontró algo mucho más poderoso que cualquier etiqueta, una voz propia.
