Hay rostros inconfundibles. Chang Sung Kim, actor coreano-argentino de larga trayectoria en cine y televisión, es uno de ellos. Su participación en ficciones como Los Simuladores, Buenos Vecinos y Graduados lo llevaron a la popularidad y actualmente es protagonista del drama Hijo Mayor, dirigido por la reconocida Cecilia Kang. En una entrevista exclusiva con El Destape, el actor adelanta la película y perlitas de su historia en la actuación y sus raíces.
Me gustó mucho la idea central de Hijo Mayor, contar una épica intergeneracional de abuelos, padres y abuelos. ¿Qué te convenció de la historia para integrarte a la película?
- Es un relato que yo conozco: mi papá fue uno de los primeros surcoreanos que abandonaron sus raíces para venir a Argentina. No vino con ilusiones y no sabía nada de Argentina, solo que era un país solidario. Pude encontrar un paralelismo en mi historia con la del personaje de la película, y ponerle el cuerpo a un relato conocido que te atraviesa y donde hay dolor, me conmovió. Entendí perfectamente la historia que quería contar Cecilia porque es un homenaje a los primeros, como mi viejo. Y yo todas las veces que pueda hacer un homenaje a mi viejo se lo hago, porque mis antepasados fueron héroes: gente sufrida que sin tener ni plata, ni conocimiento ni idiomas, se mandaron a la aventura.
¿A qué edad tu papá dejó Corea del Sur para venir a Argentina?
- Tenía 35 años, vino con cuatro hijos. Yo tenía siete. La generación de mi viejo estuvo marcada por las guerras. Mi papá nació en el ‘30 así que presenció la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la colonización japonesa, que fue terrible, y la Guerra de Corea, donde estuvo en el frente de batalla. Después de todo eso no quería saber más nada de la guerra…
Actualmente sigue habiendo amenaza de guerra con Corea del Norte. Y por ley, si vos en Corea hiciste la conscripción -y es obligatorio que todos los coreanos la hagan- si vuelve a haber una guerra todos los varones de hasta 40 años deben ir a combatir. Con ese panorama, una esposa y cuatro hijos dijo “nos vamos”. Se quería ir lejos, escaparse de todo ese lugar.
¿Te quedan recuerdos de tus primeros años en Corea del Sur?
- Sí, tengo imágenes de cuando fui al jardín y de primer grado. También recuerdo las diferencias que había entre la Corea en la que yo vivía y Buenos Aires. Cuando nosotros llegamos a Buenos Aires, hace 70 años atrás, la Ciudad ya era un primer mundo… en Corea todavía andábamos en carreta.
¿Les costó adaptarse al país?
- Mi viejo estuvo 20 años viviendo en Buenos Aires sin poder hablar el castellano o el argentino. Después se fue a Estados Unidos y siguió su vida desde ahí. Estaba negado a aprender, todavía se aferraba a lo que había perdido.
En cambio yo me adapté enseguida, absorbía conocimiento como una esponja de tanto que andaba en la calle, iba al colegio y jugaba al fútbol con los pibes del barrio. Me siento argentino y lo soy; mis amigos son argentinos y este país me ha tratado increíble, y sin embargo tengo un dolor que ni siquiera sé por qué. Supongo que debe ser eso, el dolor de haberme ido.
¿Sentís que hoy Corea del Sur ha logrado hacer un reconocimiento en sus fallas por cuidar la Memoria?
- Corea no quiere hacer memoria. Un buen ejemplo es el documental anterior de Cecilia Kang, Partió de mí un barco llevándome. La película habla sobre las esclavas sexuales de la colonización japonesa, en la guerra. Terrible. Y sin embargo, el gobierno de Corea siempre estuvo tapando ese tema y a las víctimas. El movimiento feminista hizo que saliera a la luz la problemática y que cobrara fuerza en la sociedad. Pero Japón nunca pidió una disculpa mundial por lo que ha hecho, pero Corea también es responsable porque no presionó tanto. Corea hizo borrón y cuenta.
No es algo nuevo. Corea tuvo invasiones desde los mongoles, porque es un punto geográficamente estratégico. Corea nunca fue el objetivo de Japón, ese era China, pero cuando los japoneses pasaban por la zona hacían desastre.
Décadas más tarde volviste a Corea, lo contás en tu documental 50 Chuseok. ¿Esa experiencia fue una manera de sanar ese dolor?
- Esa vuelta a Corea fue después de 50 años sin haber viajado a mi origen. No pensaba volver porque no tengo familiares directos en Corea, lo veía como una etapa superada ya que no había nada que me atase ahí… pero cuando pasan los años tuve la necesidad de volver para cerrar una etapa. Y ahí viajé nuevamente a Corea.
Quería que el viaje fuera para reconstruir momentos de mi infancia en mi pueblo natal y la verdad es que encontré todo tan cambiado que en un momento llegué a desesperarme. Fue un momento triste, porque no encontraba la calle donde había nacido. Imposible encontrarlo y todas las referencias que tenía no me sirvieron porque en el barrio todo era diferente.
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"Cuando me casé con una argentina mi papá me echó de casa"
¿Es cierto que empezaste a actuar a los 34 años?
- A esa edad empecé a estudiar en lo de Raúl Serrano, un gran maestro que ya falleció.
Entré a la actuación porque mis amigos que lo hacían la pasaban genial. Me enganchó que fuera algo grupal, comunitario. No podía creer que un grupo de personas se juntaran a actuar y la pasaran genial, además del rito de una pizza y una cervecita a la salida del teatro. Y a mí me faltó mucha celebración hasta ese momento: estaba peleado con mi viejo y no sabía de qué iba a vivir.
¿Y hasta los 34 de qué trabajaste?
- Siempre fabriqué calzado con mi viejo, cuando vivía con él, hasta que me echó porque me casé con una argentina. Me dijo “vos no sos más mi hijo”. Después negó a mi nieto, un desastre.
¿Lograste perdonar a tu papá?
- Con el tiempo nos acercamos y hoy entiendo que la forma de mi viejo es la de toda la generación que pasó la guerra. Es una forma de vida en la que siempre hay sufrimiento y sacrificio. En lo único en lo que me apoyó mi papá fue cuando quise hacer artes marciales. Ahí sí me llevó corriendo a pegar patadas.
A la vez, debo decir que mi viejo es el tipo más bueno y honesto que conocí en mi vida. Pero es un tipo duro.
¿La popularidad de la televisión ayudó a recomponer el vínculo?
- Eso fue durante unas vacaciones familiares que organizó una de mis hermanas, en Pinamar. Estábamos todos: padres, hijos, nietos, abuelos. Yo justo recién había terminado de hacer Los Simuladores y tenía un nivel de popularidad muy alto, los que actuamos en la serie éramos los Rolling Stones.
Un día fuimos con toda la familia a un restaurante y se me empezó a acercar gente para abrazarme y saludarme. Mi viejo no entendía nada, así que cuando le expliqué me dijo: “Ese es el éxito. Que te quiera la gente. Mirá la cara que tenés vos y te quieren los argentinos. Más extranjero no podés ser y se te acercan como si fueras un pariente”. Esa fue la primera vez que me sentí validado por mi papá.
¿Lidiaste mucho tiempo con el encasillamiento?
- Yo arranqué siendo el chino del supermercado y debo tener más o menos 20 telenovelas donde hice ese personaje…
Me imagino que llegaste a hartarte…
- Muchas veces, pero solo cuando empecé a tener un poco de margen. Si necesito generar ingresos, lo hago por plata, pero aprendí a decir que no. Por lo general, siempre que me convocaban para hacer de chino del supermercado se hacían los mismos chistes idiomáticos. Llegó un momento en que me cansé y dije basta.
¿Los Simuladores te ayudó a tener más y mejor oferta de personajes?
- Sí, porque ya me veían desde otro lugar. También sucede que yo tengo mucha suerte y nunca tuve que hacer un casting. Tampoco tenía mucha competencia, porque los actores orientales que podrían haber competido conmigo eran muy malos. No resolvían, sino que a veces te arruinaban. Y yo resolvía.
Al principio de la charla dijiste que los argentinos son muy solidarios y te recibieron con los brazos abiertos. ¿En qué momento ves hoy a la sociedad?
- Creo que el país está en peligro. Nunca voy a entender la derecha vende patria de Argentina. La mayoría del mundo está gobernado por la derecha, pero lo que pasa en nuestro país es obsceno. Jamás pensé que iba a ver como un presidente le chupa tanto las medias al norte. A mí me cuesta mucho decir que esas personas son argentinos, porque no lo son. No quieren al país y lo están haciendo mierda.
La última: ¿Cuándo fue la primera vez que te sentiste argentino?
- En el Mundial ‘86. Argentina - Corea del Sur. Me acuerdo que en ese partido lo molieron a patadas al Diego y a mí me salió del alma el grito de “coreanos de mierda”. Hasta ese momento no sabía mi nivel de argentinidad en sangre.
